ࡱ> #` bjbj\.\. =J>D>D&8R,~t0" ???$hDf? wggg^  ggg63 0h=%]00/ 8?Rg9Tr???d???0d DOCUMENTO PRIMERO HOMOSEXUALIDAD Y ESPERANZA TERAPIA Y CURACIN EN LA EXPERIENCIA DE UN PSICLOGO GERARD J.M. VAN DEN AARDWEG Gerard J.M. van den Aardweg, holands, Doctor en Psicologa por la Universidad de Amsterdam, es especialista en terapia de la homosexualidad y cuenta con una amplia experiencia profesional en este campo. Actualmente ejerce la psicoterapia en Aerdenhout (Holanda). Ha impartido cursos en la Universidad de Brasil y publicado numerosas publicaciones cientficas en Europa y Estados Unidos. INDICE  INTRODUCCIN ACTITUDES SOCIALES ACTUALES HACIA LA HOMOSEXUALIDAD La homofilia como trastorno emocional CUNDO UNO ES HOMOSEXUAL? Sentimientos homosexuales Incidencia Autoidentificacin ES LA HOMOSEXUALIDAD INNATA? Hormonas Herencia Normalidad Es todo el mundo bisexual? Una etapa sexual transitoria LA HOMOSEXUALIDAD COMO TRASTORNO PSQUICO EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD DEL HOMOSEXUAL El nio autocompasivo en el adulto El complejo de inferioridad homosexual Masculinidad y feminidad: estereotipos culturales? La homosexualidad en el desarrollo sexual ORIGEN Y MECANISMOS DEL COMPLEJO HOMOSEXUAL Orgenes en el hombre Relaciones con los padres Otras influencias Orgenes en la mujer Otras influencias COMO OPERA EL COMPLEJO HOMOSEXUAL EL CAMINO PARA EL CAMBIO Autoprofundizacin y lucha Hiperdramatizacin Curacin EL CAMBIO SIN PSICOTERAPIA La conversin religiosa John V EFECTOS DE LA TERAPIA ANTIQUEJA Ben El seor L El seor V La seorita W PREVENCIN BIBLIOGRAFA INTRODUCCIN Ningn aspecto de la revolucin sexual contempornea ha sido ms discutido y ha causado tanto malestar como la homosexualidad. Durante aos, hemos estado agobiados por dos posiciones contrarias. Por un lado, el movimiento pro-homosexual, que clama por una total tolerancia y aceptacin; por otro, (actualmente ms oculto), los que rechazan de pleno el problema homosexual y se niegan a tomrselo en serio. De cualquier modo, hasta ahora, las cuestiones ms importantes sobre la homosexualidad no han sido tratadas a fondo: sus causas y sus orgenes, as como los posibles cambios en la conducta y en la tendencia homosexual. Hoy en da, despus de bastantes aos de duras controversias, existe un deseo de llegar a alguna conclusin. En parte, esto se debe a un cambio en la opinin pblica respecto al problema, ya que el movimiento homosexual radical de finales de los aos 60 y 70 ha empezado claramente a retroceder, y el gran pblico que haba llegado a considerar atentamente el problema homosexual, ha comenzado tambin a abandonar la gran simpata que tenan por el movimiento en el pasado. Los mismos homosexuales han comenzado a meditar y reflexionar sobre su modo de vida. La crisis originada por el SIDA ha evidenciado algunas de las consecuencias del estilo de vida gay, totalmente desinhibido y militante. El SIDA es slo un componente de un conocimiento ms amplio, tanto entre los homosexuales como entre otras personas, de que ese modo de vida, con independencia de cualquier consecuencia mdica, ha resultado realmente daino para muchos. En resumen, creo que vivimos en una poca, en la cultura americana y occidental, donde es posible la reflexin racional, crtica, pero llena de comprensin humana sobre la homosexualidad. El libro Homosexualidad y esperanza, de Gerard van den Aardweg, no poda haberse publicado en un momento ms oportuno. La cuestin puede ser resumida de la siguiente manera: por un lado tenemos buenas razones para ser comprensivos y para interesarnos por los homosexuales, para reconocer la realidad de su situacin. NO podemos ignorarles ni, simplemente, obligarles a cambiar su comportamiento. Por tanto, hemos aceptado el problema homosexual como un problema importante y real que requiere nuestra atencin. Por otro lado, han aparecido en las ltimas dcadas numerosos estudios relevantes sobre el origen de la homosexualidad. Algunos afirman con gran seguridad y demuestran con pruebas, que la tendencia homosexual puede ser, y en algunos casos ha sido, modificada. La literatura de investigacin que reafirmaba esta tesis fue bastante bien acogida. No obstante, como consecuencia del movimiento homosexual militante, este planteamiento fue marginado en los ltimos veinte o veinticinco aos, y ha permanecido como una posicin minoritaria dentro de la psicologa. El Dr. Van den Aardweg seala que esta investigacin es extremadamente importante e insiste en que hay que tenerla en consideracin. Esto, por s mismo, es un importante logro. Adems, l acepta que la homosexualidad es un grave problema, y describe un modo psicolgico para tratarla. Con esto, el Dr. Van den Aardweg sita la homosexualidad en un nuevo contexto: el de la esperanza y el cambio. Por qu debe ser importante la esperanza? Despus de todo, muchos homosexuales propugnan una total aceptacin de su modo de vida como intrnsecamente vlido. Pero tambin es evidente que un gran nmero de homosexuales estn muy insatisfechos con su modo de vida. Cuando se percatan de su homosexualidad, la mayor parte se sienten horrorizados y deprimidos. El estilo de vida homosexual trae consigo grandes dosis de culpa, no culpa neurtica (aunque estoy seguro de que tambin hay algo de esto), sino autntica culpa: por la promiscuidad sexual; a consecuencia de las constantes mentiras sobre las relaciones amorosas permanentes que se rompen en semanas, e incluso a veces en das u horas. Este sentimiento de culpa, unido a la esperanza frustrada de poder tener una vida heterosexual, pesa enormemente sobre muchos homosexuales. La esperanza que se ofrece aqu es la ayuda para aliviar tales conductas, ideas y emociones dolorosas en extremo. El marco terico para el cambio nos proporciona tambin un modo ms racional de entender el problema homosexual y su tratamiento. En las ltimas dcadas hemos aprendido bastante acerca de las condiciones psicolgicas (trastornantes y debilitantes) que afectan a gran nmero de personas. Tenemos ahora plena conciencia de los millones de personas que sufren o han sufrido las consecuencias del alcoholismo, de la ludopata, del abuso de las drogas, de los desrdenes manaco-depresivos, esquizofrenia, anorexia, bulimia, estados graves de ansiedad, depresiones y fobias. Quiz todos nosotros, en algn grado y en algn momento de nuestras vidas, sufriremos alguna de estas enfermedades, igual que podemos tener, en un momento u otro, algn problema de salud fsica. Es muy importante el hecho de estar acostumbrados a pensar en la curacin de las patologas psquicas, igual que sucede con las enfermedades fsicas. Todos conocemos a personas que han podido superar algn tipo de dolencia cardiaca, hipertensiones y tambin a otras que viven durante aos con cncer. O que se han curado del alcoholismo o de problemas psquicos, como una profunda depresin, y son ms fuertes gracias a ello. Tal vez nosotros mismos hayamos superado situaciones similares. El Dr. Van den Aardweg demuestra que la homosexualidad es una de las patologas a las que todos estamos expuestos. El origen radica en la forma en que somos educados y en diversas experiencias de nuestra vida. Como cualquier otra patologa, podemos entenderla y curarnos de ella. Van den Aardweg extrae la homosexualidad de un sistema extremadamente irracional y la coloca en un contexto racional y realista. La homosexualidad no es una condena permanente a un modo de vida que ser siempre contrario a la forma de vida heterosexual y a la mayora de las instituciones ms notables de nuestra sociedad. Los homosexuales no estn condenados a una forma de vida alienante, marginadora y muy restrictiva de la persona. Una vez que hemos comprendido la homosexualidad como un problema psicolgico del que uno puede recuperarse, nuestra visin de la cuestin homosexual cambia en dos sentidos. Al homosexual se le da la esperanza para cambiar, y al mismo tiempo, hay una aceptacin del homosexual como parte de la comn sociedad humana y, al igual que el resto, sujeto a patologas. Esto es particularmente cierto cuando vemos la homosexualidad como una situacin de la cual uno puede curarse y en este proceso, Dios mediante, llegar a ser una persona ms fuerte para encarar con xito el reto que tiene. Esto necesita ser subrayado. Por ejemplo: s de un grupo de homosexuales de Nueva York llamado Coraje; sus miembros trabajan duramente por llevar una vida cristiana y en concreto una vida sexual casta. Su nombre es adecuado, ya que tal forma de vida exige mucho valor, mucho coraje. En el proceso de desarrollo de una respuesta cristiana a su homosexualidad, estos hombres se convierten en modelos de fortaleza y coraje para muchos otros, incluidos los heterosexuales. De hecho, muchos heterosexuales sufren tambin estilos de vida enfermizos en concreto, varios tipos de conductas sexuales comunes entre los heterosexuales, que son ahora reconocidas por muchos psiclogos como dependencias adictivas; as, la promiscuidad sexual, la masturbacin habitual y el fetichismo sexual. Los homosexuales que puedan trascender su situacin sirven de modelos de fortaleza y esperanza para muchos otros. En sus tesis, van den Aardweg enfoca la experiencia de la autocompasin como ncleo de la psicologa del homosexual. Es importante sealar que las consecuencias neurticas de la autocompasin no se limitan a la homosexualidad en ningn caso. La autocompasin es una enfermedad que afecta a muchos tipos de personas. Una de las mayores contribuciones de van den Aardweg es la de describir la dinmica que origina la autocompasin y algunos de los procedimientos psicoteraputicos que pueden reducirla. As, su trabajo en este campo es tambin valioso para personas interesadas en cmo afecta la autocompasin a la vida de personas heterosexuales. El Dr van den Aardweg utiliza el humor como terapia para el tratamiento de la neurosis de autocompasin en los ms diversos tipos de personas. Cualquiera que sufre el sentimiento de autocompasin es candidato al tratamiento del humor. De hecho, pienso que el humor es una tcnica de posible utilidad muy extensiva en psicoterapia, que merece un mayor inters terico que el recibido hasta ahora por parte de los psiclogos. La tesis del Dr. Van den Aardweg se apoya sobre un rea importante de la psicologa: la educacin de los nios y, en particular, la relacin entre sta y el desarrollo moral y tico. Cualquier fallo en el desarrollo normal de la identidad sexual tiene consecuencias morales y ticas. Van den Aardweg, de forma perspicaz y concisa, describe el conjunto de actitudes y valores que pueden conducir a un error en el desarrollo de la orientacin heterosexual del nio. Su interpretacin del desarrollo de la homosexualidad proporciona una perspectiva de psicologa evolutiva, en particular en las caractersticas ticas y morales del nio. Urjo a los lectores interesados en este aspecto del desarrollo infantil a prestar especial atencin al testimonio y tesis del autor. Finalmente, el punto de vista del doctor es especialmente significativo para la comunidad cristiana. No utiliza de modo explcito ningn concepto o teora explcitamente cristiana en su interpretacin de la homosexualidad o en su respuesta clnica. Sin embargo, este libro es una contribucin profunda a la respuesta cristiana a la homosexualidad. Al orientador cristiano que tena buenas razones para pensar que la tendencia homosexual no poda cambiarse, se le presentaba un serio dilema moral. Poda aceptar a la persona, pero si la inclinacin homosexual no poda ser modificada, tena que aceptar su conducta homosexual como vlida. Hacer esto, sabiendo que el Judasmo, del que Jess era un fiel representante, condenaba inequvocamente la homosexualidad, era rechazar las Escrituras y la Tradicin de la Iglesia en esta cuestin; no slo en los 2.000 aos de vida cristiana, sino tambin en los 3.000 precedentes de vida juda. La otra posibilidad es igualmente inaceptable, esto es, rechazar al homosexual, decirle que lo que estaba haciendo era incorrecto, pero no ofrecerle ayuda. Ambas opciones son anticristianas, y pareca que no haba otras. Todos conocemos el clebre episodio de Jess y la mujer adltera, cuando El no quiso condenarla, y sabiamente, encontr una forma de alejar a aquellos que queran lapidarla. Cuando se quedaron solos, Jess le dijo con claridad: Vete y no peques ms. Hay ayuda real en este libro, as como en los textos recientes de otros psiclogos, tanto cristianos como no, que luchan con el problema de la homosexualidad. Estos y el doctor Van den Aardweg dan consejos importantes sobre la forma en que uno puede ayudar al pecador que honestamente quiere ir y no pecar ms. Paul C.Vitz ACTITUDES SOCIALES ACTUALES HACIA LA HOMOSEXUALIDAD  Hoy en da se oye por todas partes que los sentimientos homosexuales son algo normal, una simple cuestin de preferencia o gusto. A esto sigue un alegato en pro de su aceptacin social: el comportamiento y las relaciones homosexuales son, se dice, iguales a los heterosexuales, por consiguiente muchos reclaman, entre otras cosas, el reconocimiento legal de las relaciones homosexuales, hacerlas equivalentes al matrimonio, y dar una mayor informacin pblica, en la que se reconozca su normalidad. El nico problema planteado por la existencia de la homosexualidad no es, como se nos quiere hacer creer, social: hay que conseguir que el pblico acepte la situacin y restaure los derechos de una minora oprimida durante mucho tiempo. Algunos van incluso ms all y reclaman la aceptacin de la idea de que cada adulto, por naturaleza, es en parte homosexual; por tanto, la educacin de los nios debe ser modificada adoptando una postura ms abierta hacia la homosexualidad, por ejemplo: dando idntico trato a chicos y chicas. En este sentido, el movimiento de liberacin homosexual va a la par del movimiento feminista. Ambos estn de acuerdo en la necesidad prioritaria de un cambio en los papeles masculinos y femeninos y en las relaciones hombre-mujer. El santo y sea es que tenemos que deshacernos de los modelos predefinidos de papeles. Predefinido supone que hasta ahora estbamos obligados por la presin de nuestra cultura a formulaciones tradicionales de masculinidad y feminidad, a aceptar relaciones arbitrarias y restrictivas con el sexo opuesto; a acoger el matrimonio como nica forma de relacin sexual. Con todo, el argumento va mas all, la sexualidad natural es mucho ms rica en sus variaciones, y la ciencia moderna ha demostrado la existencia de tipos totalmente distintos de sexualidad, de amor sexual, y de relaciones sexuales, pero igualmente naturales. Para despejar el camino hacia ellas, rompamos con prejuicios obsoletos! Quien no quiere aceptar la homosexualidad como normal es acusado de discriminar a la gente de condicin diferente, personas que son en esencia (inherentemente) diferentes. Quiz l discrimina porque est reprimiendo el componente homosexual de su propia vida emocional; o peor, porque sufre homofobia, miedo patolgico a la homosexualidad. Estas ideas, constantemente invocadas en radio y televisin, en peridicos y revistas, propagadas por organizaciones para la reforma sexual, as como por instituciones establecidas en el campo de la salud mental, no han dejado lugar para otras opiniones. Se ha hecho tradicional ensear a los escolares y universitarios que la homosexualidad es algo normal; un profesor que expresara un punto de vista diferente podra verse sometido a la presin de la indignacin pblica. Los autores de libros de texto y artculos periodsticos en campos como medicina y psicologa escriben con regularidad de acuerdo a esta configuracin mental. Si otras opiniones sobre la homosexualidad, que no sean las doctrinas del movimiento de liberacin homosexual, reciben publicidad, son comentadas de modo condescendiente y con una irona apenas disimulada. No es de extraar, pues, que ste no sea el clima ms apropiado para una ulterior investigacin imparcial de las causas de la homosexualidad *, y que se deje solas a las instituciones cientficas oficiales en lo que se refiere a las posibilidades de tratamiento. Muchos editores vacilan al lanzar publicaciones que no sigan la lnea habitual, por temor a crticas negativas. (*) Es interesante observar cmo la National Gay Task Force presion a la American Psychiatric Association para que suprimiera la homosexualidad de la lista de desrdenes mentales (Nota del editor) Uno de los pocos que ha censurado la falta de libertad en este clima social es A.D. De Groot, un profesor holands de psicologa de la personalidad. Con motivo de una discusin sobre la hiptesis de que los homosexuales son ms neurticos que los heterosexuales dijo: El cenculo ms poderoso de nuestro tiempo, entre los intelectuales y semiintelectuales, es la comunidad de seguidores de las opiniones predominantes, tendenciosamente progresistas. A cualquiera que se atreva a plantear una teora de diferencias entre grupos de gente lo acusan del pecado de discriminacin La propaganda acerca de la aceptacin de la homosexualidad tiene su principal origen en los crculos de militantes homosexuales. Tienen una oportunidad privilegiada para hablar cada vez que se trata de la homosexualidad en los medios de comunicacin social, o cuando un artculo, libro o revista se ocupa de este tema. Aparentemente, son considerados como los mejores expertos de su propia condicin emocional. Vindolo ms de cerca, de todas formas, hay razones abundantes para suponer que, como dice el viejo refrn: Nadie es buen juez en causa propia LA HOMOFILIA COMO TRASTORNO EMOCIONAL Todo el mundo dice que es normal. Muchas veces oigo esta afirmacin, sobre todo de jvenes afectados por el problema. En el captulo siguiente explicar por qu todo el mundo no es una expresin adecuada. Efectivamente, las personas de tendencia homosexual son a menudo informadas de su normalidad por mdicos, psiclogos, e incluso sacerdotes, que aaden; Por qu te preocupas por eso? Acepta que eres as, busca un amigo, apntate a un club gay.... no hay nada que puedas hacer para evitarlo. Aunque son opiniones infundadas, estn de moda. Vamos a proponer aqu una perspectiva como alternativa. Para empezar, demostrar que la homosexualidad es un trastorno emocional que se manifiesta en la niez y en la adolescencia. Despus demostrar que, en muchos casos, aquellos que tienen esta tendencia pueden llevar a cabo un cambio profundo a mejor, con paciencia, dedicacin y buena voluntad. 1 No es fcil dar en el punto adecuado. Como norma, los militantes homosexuales evitan la discusin abierta; tan slo quieren or que estn en lo cierto. No hacen caso a los hechos y argumentos lgicos. Atacan y dramatizan su posicin y, al parecer, tienen xito con esta tctica. Su misma militancia nos obliga a reaccionar firmemente ante sus exigencias. Pero tal vez haramos mejor prestando ms atencin a los grupos homosexuales bienintencionados, no tan vociferantes y a menudo olvidados. Viven preocupados por su difcil situacin y sus consecuencias: aislamiento social, soledad, la aparente condena a una soltera permanente. A menudo, se sienten infelices, inferiores e incluso desesperados. Debemos atender ms an a los que llevan una vida homosexual, pero que no encuentran paz en ella, o a los que se sienten condenados a repetir nunca ser normal. No es un grupo pequeo. Cuando uno pregunta delicadamente en una conversacin personal, resulta que la mayora de los homosexuales estn insatisfechos y desearan de algn modo cambiar si fuera posible 2. En verdad, muchos homosexuales se resisten haber sus sentimientos como neurticos, a comprometerse en intentos reales de cambio. Debemos admitir, sin embargo, que sus vacilaciones son, al menos en parte, agravadas por las actitudes sociales imperantes. En todo caso, ellos y todos los que tratan de mantener alejados sus sentimientos homosexuales- necesitan comprensin realista, no sobreprotectora o sentimental. Necesitan coraje, pero tambin mirarse a s mismos con actitud racional. Lo que sigue va especialmente dirigido a ellos, a sus cnyuges, si estn casados con homosexuales, y a sus padres, los cuales (si no estn confundidos por la propaganda de liberacin homosexual) se afligen por el camino tomado por sus hijos. Los que se enfrentan, en su trabajo o en su vida privada, a los problemas de colegas o amigos con tendencias homosexuales tambin encontrarn ayuda. DE GROOT A.D., Hypothesen over homofilie, en De Psycholoog 17 (1982), pp. 244-245. Resulta elocuente el resultado de una investigacin, segn la cual el 60% de los homosexuales socialmente bien adaptados (alrededor de un millar) haba recurrido a la ayuda de un psiclogo o psiquiatra. Vase BELL, A.P.-WEINBERG, M.S.-HAMMERSMITH, S.K., Sexual Preference: Its Development in Man and Woman, Indiana University Press, Bloomington 1981. CUNDO UNO ES HOMOSEXUAL?  Expresiones del tipo es un homosexual, es una lesbiana, sugieren que las personas a las que hacen referencia pertenecen a una variedad de la especie humana diferente de la heterosexual. La homosexualidad, cada vez ms, est considerada una variante, una preferencia, una condicin constitutiva. Estos trminos sugieren que uno naci as. Es, sin embargo, una concepcin errnea. El conocimiento que tenemos a nuestra disposicin indica que las personas inclinadas a la homosexualidad nacen con las mismas caractersticas fsicas y psquicas que cualquier otra. No hay pruebas de que exista una naturaleza innata diferente" que haga que, por ejemplo, un porcentaje de hombres con tendencias homosexuales aparezcan poco viriles o incluso afeminados, en su conducta e intereses. Esto es un efecto de la educacin o de una visin sobre s mismos que no es innata, sino aprendida. Las mujeres hombrunas con tendencias lsbicas, no lo son por disposicin natural, sino por hbito y por un especfico complejo de inferioridad. Existen, por otro lado, lesbianas femeninas de quienes, a primera vista, poca gente sospechara estas inclinaciones. Al decir complejo de inferioridad ESTOY ANTICIPANDO MI EXPLICACIN. Intentar Demostrar que las tendencias homosexuales nacen de un tipo especial de complejo de inferioridad, puesto que por constitucin una persona no es homosexual, sino heterosexual. Esto es as, prescindiendo de las conductas personales; un hombre o una mujer podrn no tener, o slo muy dbilmente, inclinaciones heterosexuales, pero an son, en esencia, heterosexuales. Estrictamente, los homosexuales u hmofilos no existen, como tampoco en el reino animal; s que existen personas con inclinaciones homosexuales. En realidad, debera evitarse el trmino homosexual y usar designaciones como personas con inclinaciones homosexuales. SENTIMIENTOS HOMOSEXUALES Por sentimiento homosexual se entiende cualquier sensacin de enamoramiento o atraccin ertica hacia personas del mismo sexo. Esto viene acompaado de un dbil o nulo inters ertico por el sexo opuesto. Aqu debemos hacer una excepcin: sentimientos homosexuales que puedan aparececer durante la adolescencia (pubertad) y hasta los 17 aos, por lo normal, son transitorios y deben ser contemplados como una etapa ms del desarrollo psicosexual. Desaparecen sin dejar huella cuando, en la siguiente fase, despiertan los sentimientos heterosexuales. Como describir ms adelante, la prepubertad y pubertad son los perodos ms importantes en lo que respecta al desarrollo de la genuina homosexualidad: los sentimientos homosexuales que perduran durante toda la vida. Adems, debemos recordar que la palabra homosexualidad engloba una gran variedad de tipos y formas. Por ejemplo: hay hombres que se sienten atrados sexualmente por cualquier hombre, y otros que tan slo estn interesados en tipos especficos de varones. En algunos, el sentimiento homosexual est continuamente presente en su imaginacin, como si fuera una obsesin, mientras que en otros aparece a rachas. Algunos se inclinan por compaeros de su misma edad; otros, por mayores, y otros, por jvenes, adolescentes o nios. Algunos cambian en sus preferencias. Hay diferencias tambin en los papeles que asumen en las relaciones con sus compaeros. Unos desempean predominantemente un papel activo; otros pasivo, mientras que muchos la mayora- no tienen un papel fijo. Algunos con tendencias homosexuales pueden ser conscientes de sus sentimientos heterosexuales, que son de escasa intensidad: son los llamados bisexuales. En el otro extremo, estn quienes slo de forma espordica tienen impulsos heterosexuales, y quienes apenas tienen ninguno: son los llamados homosexuales exclusivos (digo apenas ninguno porque Freud afirm acertadamente que, en un anlisis cuidadoso de las fantasas a lo largo de la vida de una persona con fuertes tendencias homosexuales, se encuentran siempre trazos de una disposicin heterosexual normal, aunque profundamente oculta). Otra distincin ms: algunos desean un compaero para una relacin ms duradera; otros no. De cualquier forma entre el deseo y la realizacin, los primeros encuentran una gran distancia; una relacin leal y duradera es extremadamente rara, si es posible en algn caso. As, en un estudio realizado a setenta hombres y mujeres con inclinaciones homosexuales, ms del 70% que afirmaba haber aceptado sus sentimientos como normales y estar viviendo homosexualmente, deseaba unas relaciones duraderas: pero, tan slo cuatro hombres y siete mujeres reconocan haber tenido un solo compaero durante los dos ltimos aos1. No importa en qu pas o con qu muestra de personas inclinadas a la homosexualidad se hagan estas encuestas: el resultado es invariablemente el mismo. Es posible, sin embargo, distinguir entre los que buscan contactos transitorios (los tipo crucero) y los otros que tratan de hallar una relacin ms o menos duradera. INCIDENCIA Fueron los homosexuales militantes los que dieron a conocer el eslogan una persona de cada veinte es homosexual. Esto es pura propaganda. Algunos creen que demostrando que hay una alta incidencia en la poblacin, se conseguira normalizar la condicin, pero no hay ninguna lgica en ello. Slo porque un alto porcentaje de la poblacin sufra alguna clase de reuma, no significa que el reuma deje de ser una enfermedad. Si el argumento aducido fuera cierto, millones de americanos seran homosexuales. Estos clculos no estn avalados por ninguna investigacin. Los pocos estudios vlidos que se han llevado a cabo con grupos selectos- apuntan, como mucho, a un 2 3% de la poblacin; otro estudio ni siquiera alcana el 1%2. Estadsticas recientes, ms amplias y fiables, han confirmado que el porcentaje para Estados Unidos es del 1%3 y para el Reino Unido de cerca del 1,5%4. Hay que tener en cuenta, adems, que probablemente las mujeres con tendencias homosexuales son menos que los hombres (y la mayora de las estimaciones son extrapolaciones de muestras de varones); el 30 el 40% de los que tienen tendencias homosexuales son bisexuales y pueden ser contabilizados correctamente con la poblacin no homosexual; los nios y adolescentes deben ser excluidos del nmero total de los homosexuales de una poblacin, pues su desarrollo sexual an no est completo. De esta forma, los porcentajes y los nmeros se reducen considerablemente. Nos hacen creer que la homosexualidad ha crecido mucho en los ltimos aos. Dudo mucho de este aumento drstico; puede ser, en todo caso, que haya aumentado el nmero de los que actualmente convierten sus sentimientos en comportamiento homosexual. La desmesurada atencin que se presta al tema (apenas se puede ver un peridico popular sin encontrarse con algn comentario sobre los homosexuales y sus problemas) contribuye de forma considerable a la impresin de omnipresencia de la homosexualidad. Esto es lo que buscan quienes abogan a favor de la normalidad del fenmeno gay. Estar a favor de la homosexualidad se ha convertido en un signo de visin progresista. AUTOIDENTIFICACIN Los jvenes que perciben en s mismos tendencias homosexuales, con frecuencia lo pasan bastante mal. Se sienten cada vez ms separados de los compaeros de su edad porque son incapaces de compartir sus intereses por el sexo opuesto, y se sienten obligados a comportarse como si los tuvieran. Estn avergonzados; cuando se alude al tpico de la homosexualidad, quieren esconderse para que el resto no lo asocie con ellos. Sufren en silencio; puede que intenten negar o quitarle importancia a sus sentimientos, incluso delante de s mismos. El momento crucial llega en torno a los 18 aos, cuando el joven tiene que afrontar su situacin. Entonces, es fcil que acabe diciendo: soy un homosexual. Esto puede producir un gran alivio. La tensin extrema disminuye, pero hay que pagar un precio. Los ms jvenes apenas se dan cuenta de que se han fijado una etiqueta casi definitiva con su autoidentificacin, con la que se incluyen en una segunda clase, en un status marginado de hecho. Algunos podrn adoptar una actitud orgullosa y se sentirn incluso superiores a las personas normales, pero a pesar de sus esfuerzos para parecer contentos con su inclinacin, se darn cuenta interiormente de que su ser diferentes es considerado como una forma inferior de sexualidad. Querrn pertenecer a una minora bien definida y sentirse cmodos entre gente de inclinaciones similares, libres de las dificultades que supone vivir en el mundo heterosexual. El precio, sin embargo, es un fatalismo depresivo que est implcito en la nueva identidad adquirida: soy as. El joven no piensa: es cierto que tengo sentimientos homosexuales ocasionales o regulares, pero sustancialmente soy igual a los dems. No, l siente que es una criatura diferente e inferior, que carga con una predestinacin: se ve a s mismo como un ser trgico. Esta desgraciada autoetiqueta encaja con un sentimiento de inferioridad que ya lleva alimentndose desde hace tiempo; es el llamado sentimiento de desplazamiento. La idea de no soy como los dems est definitivamente grabada en su mente gracias a la autoidentificacin: soy un homosexual. Volveremos sobre esto ms tarde. El sentimiento de no ser como los dems, de no pertenecer al grupo, junto a la necesidad de ocultar sus sentimientos frente a los dems, de mantenerse apartado, es algo propio de la mayor de las personas con esta tendencia. No es esto ms bien efecto de la discriminacin social? No. Es verdad que las personas con tendencias homosexuales no estn consideradas como normales por el resto: pero sta no es la causa principal del sentimiento de tragedia. Estas personas conservan dicho sentimiento incluso cuando viven en un ambiente en el que es aceptado. Es parte de su neurosis. Desde la visin actual, por la que uno nace con una preferencia homosexual, que es mejor que sea aceptada, la autoetiquetacin fatalista est ms promovida por el mundo exterior de los adolescentes. Frecuentemente, los jvenes que expresan sus sentimientos fantasas homoerticas, que con toda probabilidad no son fijas todava, son informados por los expertos, de su condicin de homosexual, lo que puede suponer un duro golpe y destrozar cualquier esperanza de cambio. Sugiero, como respuesta preferible ante los jvenes que descubren sus sentimientos secretos, la siguiente: T sientes un inters real por tu propio sexo, pero es un asunto de inmadurez. No eres as por naturaleza. Tu naturaleza heterosexual an no ha despertado. Lo que tenemos que arreglar es tu problema de personalidad, el complejo de inferioridad. Las tensiones sexuales pueden ser tan intensas que, con facilidad, los jvenes con tendencias homosexuales creen que comprometerse en una relacin homosexual ser la solucin a todos sus problemas, incluido el de la soledad. Acabarn, tarde o temprano, en un modo de vida completamente desordenado, neurtico de hecho. Su estado profundo se parece en diversos aspectos a una toxicomana. El estilo de vida homosexual se describe por los medios de comunicacin social de color rosa. Lo que resulta comprensible como propaganda, pero si se oyen las historias de la realidad vivida por homosexuales practicantes durante muchos aos, queda claro que la felicidad no se encuentra en este estilo de vida. Desasosiego en sus contactos, soledad, celos, depresiones neurticas y, proporcionalmente, muchos suicidios (dejando de lado enfermedades venreas y otras enfermedades fsicas): es la otra cara de la moneda no mostrada en los medios de comunicacin. Un ejemplo es el caso de un famoso sexlogo alemn que cantaba pblicamente alabanzas sobre las relaciones homosexuales duraderas y fieles, pero que puso fin a su vida despus de una relacin no tan duradera, la ltima de muchas. Su trgica muerte apenas fue mencionada en la prensa: podra haber creado en algunas mentes confusin y dudas no deseadas. W. Aarn, un antiguo homosexual, resume as sus muchas observaciones y experiencias del comportamiento homosexual: a pesar de la apariencia exterior, todo acaba en desesperacin.5 La periodista americana Doris Hanson entrevist a homosexuales: Es un mundo duro y no se lo deseara ni a mi peor enemigo, afirm uno de ellos. Durante aos viv con una serie de compaeros de habitacin, a algunos de los cuales promet amar. Ellos juraron que me queran. Pero los vnculos homosexuales empiezan y acaban con el sexo. No hay nada ms que eso. Despus de un encuentro apasionado, el sexo es cada vez menos frecuente. Los compaeros se ponen nerviosos. Quieren nuevas emociones, nuevas experiencias. Empiezan a engaarse el uno al otro, en secreto al principio, ms claramente luego.... hay peleas por celos. De pronto huyes y empiezas la bsqueda de un nuevo amante.6 La madre de una joven lesbiana que se suicid, coment acerca de su hija: Elena busc amor toda su vida. En cierto momento (con su ltima compaera) pareca que lo haba encontrado, pero era un amor basado en una mentira y nunca hubiera podido funcionar. Doris Hanson cree que la madre haba sintetizado perfectamente lo que ella misma aprendi en sus entrevistas. Es, escribe, un mundo en el que las emociones se construyen con mentiras. Para alcanzar una satisfaccin momentnea del sexo, los homosexuales repiten te quiero tan a menudo como se dice buenos das. Una vez que la experiencia ha finalizado, slo estn preparados para decir adis. La caza empieza otra vez Puedo asegurar que no son exageraciones oscuras o moralistas. Una persona con inclinacin homosexual est empujada a una existencia neurtica y conflictiva. Tenaz e insensiblemente, contra todo consejo, y a pesar de la pena que infligen a sus padres, los jvenes que sufren este problema se abrazan a su eleccin, que, en su ignorancia, confunden con la felicidad. No quieren nada ms. Puede resultar duro, pero es verdad: muchos degeneran; la alegra y la frescura de juventud se desvanecen; se rinden, son, en muchos aspectos, como los drogadictos. Afortunadamente, hay hombres y mujeres con tendencias homosexuales que quieren tomar otro camino bien distinto. 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Mucha gente la contina considerando como algo anormal y creen todava que se nace de esta manera.1 Que yo sepa, no existe ningn sondeo de opinin fiable entre los mdicos, pero sospecho que gran nmero de ellos asumen la existencia de alguna causa hereditaria o fsica. Los psiquiatras americanos, en cambio, tienden a verlo como una interrupcin o bloqueo en el desarrollo psicosexual de cada individuo, y no se fijan tanto en las causas fsicas o hereditarias2. Sin embargo, el impacto de su opinin sobre el conjunto de la institucin cientfica oficial est lejos de ser decisivo. De hecho, en 1973, el Consejo Directivo de la Asociacin Americana Psiquitrica reemplaz la definicin de homosexualidad como trastorno en su Manual de Diagnstico oficial por el trmino neutral de condicin. Esto ocurri despus de la intensa presin por parte de grupos de homfilos militantes. Es comprensible que las personas con tendencias homosexuales noten frecuentemente sus impulsos como algo biolgicamente muy arraigado, como si fuera un instinto muy fuerte. Adems, el percibirse a s mismos como diferentes estaba ya presente en la juventud, aunque en esa poca no les preocupase realmente su sexualidad. Con frecuencia no se comportaban como los compaeros de su misma edad y sexo; tenan intereses distintos, gustos o aversiones diferentes. A menudo, se vean a s mismos desplazados antes de ser conscientes de sus primeras inclinaciones homosexuales. Por tanto, empezaron a pensar que su naturaleza deba ser diferente en algo, como si pertenecieran a un tercer sexo. Refuerza este planteamiento la tendencia a glorificar el ser diferente a los dems: algunos llegaron a creer que su sexualidad era signo de un talento emocional especial, que les dota de ms sensibilidad que las aburridas personas normales. El sentimiento de inferioridad se convierte en una ilusin de superioridad, pero siempre basndose en la creencia de una disposicin innata. En un anlisis ms profundo, los intereses artsticos de los varones homosexuales se explican mejor por la educacin y por factores ambientales. Algunos buscan actividades blandas y los asuntos carentes de osada, y alimentan una aversin hacia las cosas ms duras, ms viriles. Verse a s mismos sensibles es tpico de muchos neurticos; esto tiene que ver con un ego quisquilloso, como veremos luego. La creencia en la causa hereditaria y en otras causas fsicas operantes despus del nacimiento llevan al pesimismo en lo que se refiere a plantearse un posible cambio. Las personas con tendencias homosexuales que quieren continuar sindolo son los seguidores ms fieles de la presunta base biolgica. Por ejemplo: segn los miembros de una iglesia gay americana, la homosexualidad es una forma de amor creada por Dios. Ira entonces en contra de los principios del Creador? La teora hereditaria sobrevive gracias a los esfuerzos de los homfilos militantes y de sus protectores libertarios, a pesar de la creciente evidencia de lo contrario. Repetidas veces se ha hecho pblica una investigacin que apoya la idea de normalidad. Por consiguiente, los estudios sobre la homosexualidad deben verse con sano sentido crtico, especialmente si proceden de ambientes favorables a la homosexualidad. Un ejemplo reciente es el informe de Bell y sus colaboradores3, que defiende que es altamente probable la existencia de una base biolgica de la homosexualidad; y entre las conclusiones, los autores disean la moral con la que los padres deberan educar a sus hijos de acuerdo con su naturaleza. Esto significa que los nios con tendencias homosexuales necesitan un tratamiento especfico (favorable a la homosexualidad, por supuesto), como si su presunta preferencia fuera un hecho consumado desde el principio y claramente visible por los padres. Su trabajo es una manipulacin de la opinin pblica; de hecho, uno de los autores es reconocido por su postura prohomosexual. Las estadsticas recogidas por los investigadores no tienen nada que ver con datos biolgicos, sino con la niez y el comportamiento en general y social de los homosexuales que actan como tales. En ellas se refleja que esas personas se sentan aisladas de sus compaeros de juegos, lo cual, si bien es una prueba de evidencia en s misma, no dice nada respecto de la biologa. En los aos setenta era usual, entre los homosexuales europeos ms sofisticados, citar el estudio de Schofield4 como prueba de la existencia de una variante normal (y presumiblemente innata) de homosexualidad. Su estudio no se centraba en la normalidad o anormalidad, sino en la adaptacin social y, ms especficamente, profesional. Se identificaba as a un subgrupo de hombres homosexuales bien adaptados, pero no por ello se justifica ninguna conclusin acerca de la normalidad o anormalidad sexual. En otro caso, un estudioso del problema no encuentra diferencias en las puntuaciones de algunos test de personalidad entre homosexuales y heterosexuales. Como es de esperar, esto es interpretado por algunos como evidencia de la normalidad de la condicin homosexual. De todos modos, si nos fijamos en lo que realmente mide el test o pretende medir- descubrimos que demuestra que el factor homosexual no est directamente relacionado con la normalidad psicolgica, ni con el hecho de que tal forma de sexualidad pueda ser llamada una variacin normal. HORMONAS Los trminos normal, biolgicamente arraigado, hereditario, innato y por causa fsicas son a menudo intercambiables, pero no lgicamente equivalentes. El que la homosexualidad no pueda ser normal desde un punto de vista lgico y biolgico lo examinaremos ms adelante, pues debemos, en primer lugar, tratar la cuestin de las posibles causas fsicas, hereditarias o no hereditarias. Son tal vez las hormonas?, se pregunta mucha gente. No, segn la opinin de un experto en este campo como Perloff, quien escribi en 1965: Es un fenmeno puramente psicolgico... y no puede ser cambiado por sustancias endocrinas (hormonas)5. Esta afirmacin an es vlida. Es verdad que, de forma ocasional, se ha encontrado una reducida concentracin de hormonas sexuales masculinas (testosterona) en la sangre de hombres con tendencias homosexuales, en comparacin con hombres heterosexuales sin dichas tendencias6, en las mismas cantidades que grasas y productos metablicos de hormonas adrenrgicas o supararrenales7. Pero Tales resultados no deben ser interpretados precipitadamente como ya se ha hecho- para apoyar la teora de que la homosexualidad deriva de peculiaridades hormonales. Por qu no? Porque esta clase de diferencias de concentraciones hormonales anormales entre hombres con tendencias homosexuales no han sido encontradas por otros investigadores. En el perodo de 1972-1976 se pueden contar, al menos, seis estudios que no han encontrado valores hormonales anormales en los grupos homosexuales8. Tales diferencias estn, a veces, conectadas presumiblemente con las caractersticas especficas de los grupos bajo estudio y, por tanto, no son universalmente vlidas. Se pueden explicar muy sencillamente como diferencias especficas entre los grupos con distintas inclinaciones sexuales, en lo que ser refiere a hbitos de comida y bebida, hbitos de vida y trabajo, estado civil, actividad profesional o el ejercicio deportivo; y promovidas por factores tales como el uso de drogas o medicinas, o diferencias de edad. Tambin se ha sealado que los pequeos cambios hormonales encontrados pueden ser el resultado y no la causa de una determinada orientacin sexual. En un grupo de hombres con tendencias homosexuales, Evans encontr diferentes valores para los productos metablicos de hormonas suprarenales, grasas, y un producto metablico asociado con el desarrollo muscular; adems, fij distintos valores para pesos y fuerzas musculares diferentes, pero no localiz ningn valor que se debiera a hormonas sexuales9. l opina que un factor, al que llama desarrollo muscular reducido contribuye al desarrollo de una propensin a la homosexualidad. Este estudio es uno de los pocos que se ha encontrado con algo parecido a un factor especfico de los hombres homosexuales. Por ello, debemos examinarlo ms de cerca y as ver cmo deben ser evaluados resultados de este tipo. Como cualquier estudio cientfico, el de Evans no es interesante hasta que sus resultados se repitan en otros grupos. No es posible establecer una relacin entre ese factor y la tendencia homosexual antes de haber obtenido una serie de datos comparables de diversas muestras. Supongamos, por un momento, que se descubren en el futuro una serie de resultados anlogos que se confirman mutuamente; lo que no es probable y, aunque lo fuera, no constituira un argumento convincente a favor de una causa fsica. As, la posible correlacin entre homosexualidad y debilidad muscular puede significar que los chicos con un crecimiento muscular deficiente corren un riesgo ms alto de convertirse en desviados sexualmente a causa de su sentimiento de inferioridad. Esto podra ser un ejemplo del fenmeno de inferioridad orgnica descrita por el conocido psiquiatra Alfred Adler. Un nio puede desarrollar sentimientos de inferioridad a causa de alguna mengua o retraso fsico y, como veremos, su sentimiento de inferioridad durante la juventud por la apariencia fsica, la conformacin del cuerpo y otros aspectos similares, es lo que puede motivar un desarrollo de tendencia homosexual. De todas maneras, quiz nuestra explicacin de este caso sea poco probable, y tan slo significara que los hombres con tendencias homosexuales son menos propensos a los movimientos corporales de cierto tipo, practican menos cierto tipo de deportes, comen ms, o consumen ms grasa que os otros hombres. Esta explicacin apenas sorprende y estara en lnea con los modos de vida que se observan en muchos que tienen tendencias homosexuales. Que la causa de la homosexualidad no se encuentra en hormonas sexuales desviadas est demostrado adems por el hecho de que los individuos con desviaciones hormonales, producidas pro trastornos funcionales de las gnadas, no sufren, necesariamente, anormalidades en el desarrollo sexual. Pro ejemplo: los hermafroditas (personas con caractersticas fsicas de ambos sexos causadas por deficiencias genticas) que son biolgicamente, genticamente, hembras, tienen un exceso de la hormona sexual masculina (testosterona) desde la fase embrionaria, pero eso no les predestina al lesbianismo10. Todo parece indicar, entonces, que las hormonas sexuales no pueden ser las culpables; puesto que las hormonas estn producidas segn dictan los cromosomas, las hormonas sexuales de las personas con tendencias homosexuales indican un funcionamiento normal de los cromosomas del sexo. HERENCIA Los cromosomas sexuales, estructuras moleculares extremadamente complejas que contienen informacin hereditaria transferible, permiten ser examinados directamente en el laboratorio. Consta que los hombres y las mujeres homosexuales tienen cromosomas masculinos y femeninos normales, respectivamente. 11 Esto es, tenemos que asumir que todos los rganos y funciones conectados con la sexualidad, desde la anatoma de los rganos a los centros sexuales del cerebro la infraestructura entera de la sexualidad-, son normales por herencia. Por tanto, la teora de una sexualidad desviada innata, o una preferencia sexual innata no puede sostenerse. En el caso de que se prefiera, sin embargo, atenerse a la teora de un posible factor hereditario, habra que asumir, que ste sea tan slo una propensin que facilite el desarrollo homosexual. Un factor de este tipo era el que Kallmann tena en la mente en 1958 para explicar los resultados de su investigacin con gemelos de tendencias homosexuales varones idnticos y no-idnticos (mono y dicigticos)12. Descubri que todos los hermanos gemelos monocigticos entre los tendencialmente homosexuales de su grupo tenan tambin sentimientos homosexuales, aunque no exactamente en el mismo grado. Pero slo el 12% de los gemelos no-idnticos (dicigticos) de los varones con inclinaciones homosexuales no tenan intereses homosexuales. El 100% de similitud y concordancia en la homosexualidad en monocigticos, personas con un carcter gentico completamente idntico, no es, sin embargo, algo universal sino una consecuencia del mtodo de muestreo de Kallmann. Despus de l, series enteras de parejas de gemelos idnticos han sido examinadas a fondo, de las cuales un miembro tena tendencias homosexuales y el otro heterosexuales.13. Adems, existe una conciencia creciente de que este tipo de investigacin sobre gemelos, fascinante en s misma, no permite decidir si una propiedad o una variable de la personalidad est determinada por la herencia. Los resultados obtenidos as (como los de Kallman) se explican por la educacin de la niez y por factores ambientales, o por factores psicolgicos, tales como el alto grado de identificacin mutua tan sorprendente en los gemelos. Que se debe buscar una explicacin en esta direccin es evidente por la alta concordancia en la homosexualidad encontrada por Kallman en sus dicigticos (12%). sta es mayor que la concordancia homosexual entre los que tienen tendencias homosexuales y sus hermanos no gemelos. Los dicigticos difieren entre s en su estructura gentica como cualquier pareja de hermanos no gemelos. En otras palabras, la gran similitud de la homosexualidad en los dicigticos tiene causas no genticas. Para ellos, la explicacin podr ser tambin la intensa identificacin mutua, en comparacin con la de los hermanos no gemelos, es decir, su sentimiento de ser el alter ego del otro, y el hecho de ser tratados y considerados de idntico modo en el ambiente que les rodea. Existen lagunas en el estudio de Kallmann que no necesitan ser examinadas aqu (una explicacin detallada se puede encontrar en otro sitio)14. Aqu, quiero apuntar que los datos de Kallmann no pueden ser usados para una teora de la homosexualidad con base gentica; adems no proporcionan indicaciones slidas para un factor de predisposicin. Hasta ahora, ningn factor gentico sexual o de otro tipo- ha sido descubierto como elemento diferenciador de personas con tendencias homosexuales. Algunos investigadores mantienen abierta la posibilidad terica de un factor gentico u hormonal, an no descubierto, por el que se identifique, al menos, un subgrupo de personas con tendencias homosexuales. Supongo que tienen en la mente a hombres homosexuales que impresionan por su afeminamiento, o a mujeres lesbianas que lo hacen por sus modales masculinos. Pero, en realidad, no atribuyen gran influencia a ese factor terico, ya que afirman al mismo tiempo que las causas principales no estn en las hormonas o en los genes. Masters y Johnson adoptan esta postura15. Estos cientficos sociales de la escuela de Kinsey, a pesar de que opinan claramente que la conducta homosexual es normal y plenamente aceptable, afirman: Es de vital importancia que todos los profesionales en el campo de la salud mental tengan presente que el hombre o mujer homosexuales son fundamentalmente un hombre y mujer por determinacin gentica y que tienen tendencias homosexuales por preferencia aprendida. Probablemente, para evitar la acusacin de tener prejuicios, se apresuraron a agregar que tampoco la preferencia heterosexual se da sobre una base gentica; afirmacin acrtica que se puede refutar fcilmente. Su llamada a todos los profesionales en el campo de la salud mental sobre la homosexualidad como comportamiento adquirido no debe ser olvidada; aunque rechazamos su gancho torpemente progresista sobre la homosexualidad. La historia de la teora de la naturaleza homosexual como condicin innata es decir, connatural- es una larga historia. Dicha teora se ha resquebrajado lentamente y ahora no queda de ella casi nada. En su libro Changing Homosexuality in the Male, el psiquiatra L.J. Hatterer dice sencillamente: Los psiquiatras han llegado, por fin, a la conclusin de que los factores genticos, hereditarios, constitucionales, glandulares y hormonales no tienen ninguna importancia como causas de la homosexualidad16. En los medios de comunicacin social se hizo una contumaz propaganda de supuestos hallazgos de una causa biolgica de la homofilia. En 1991 se trat de una llamada particularidad en una regin cerebral constatada en determinados hombres homosexuales17; en 1993 corri la voz del descubrimiento de un gen de la homosexualidad18. Poco o nada de estas noticias ha superado un anlisis profundo; al contrario, los resultados de recientes investigaciones sobre gemelos han hecho cada vez ms improbable una explicacin a partir de la herencia19. En la actualidad, podemos afirmar que no hay motivo para admitir la existencia de una homosexualidad transmitida hereditariamente, o causada por desarreglos hormonales antes o despus del nacimiento; tampoco son responsables desviaciones en el desarrollo corporal, en la estructura de los rganos, del cerebro, del sistema nervioso o de las glndulas. Sera demasiado largo hacer aqu una enumeracin completa de los informes de investigaciones cientficas relevantes: bastan las conclusiones generales. Hasta que no se demuestre de modo convincente que la persona con tendencias homosexuales tenga alguna particularidad fsica, hereditaria o no, que no sea efecto de su condicin, podemos asegurar que ella es perfectamente normal en su perfil biolgico. A medida que pasa el tiempo parece cada vez ms improbable que pueda suceder algo semejante. Tambin mi abuelo era homosexual. Dos hijos de mi ta tambin son as. A veces omos explicaciones como stas en boca de alguno que tiene este problema emocional. Ello no indica que en sus familias exista una causa hereditaria, como tampoco podemos atribuir a los genes la responsabilidad del hecho de que el abuelo o el primo de alguno sea catlico o socialista. Si en algunas familias la tendencia homosexual se presenta con frecuencia, a menudo en esas familias vemos desequilibrios en los modelos del papel de los dos sexos: los hijos son educados con gneros de papeles subdesarrollados, y ellos, a su vez, lo repiten con sus hijos. Las mujeres en esas familias pueden comportarse de una manera menos femenina y cran a sus hijas de este modo, as que se facilita el desarrollo de complejos de inferioridad de tipo homosexual. Tienen dificultades para aceptar los papeles sexuales en general, por lo que son incapaces de educar y reconocer- al nio como nio, a la nia como nia. Para los padres valen observaciones anlogas. Por lo dems, la relacin entre la familia y la homosexualidad es, generalmente, muy dbil20. NORMALIDAD An debemos aclarar otro punto. Supongamos que se demuestra una causa gentica o fsica de la homosexualidad; una peculiaridad hormonal, por ejemplo; esto no nos permitira afirmar que la homosexualidad es algo normal. Sera necesario identificar un hipottico factor causante de trastornos o enfermedades: una desviacin de los cromosomas o de las hormonas, un trastorno en el desarrollo normal psicolgico, una infeccin o cualquier otra cosa. Es importante dejar claro esto, pues se podra pensar fcilmente que el haber nacido as, es lo mismo que tener una tendencia natural. ES TODO EL MUNDO BISEXUAL? La nocin de una homosexualidad innata es falsa. Podra haber, sin embargo, algo de verdad en la idea, familiar entre algunos psiclogos y psiquiatras, de que cada ser humano tiene una innata disposicin bisexual? En este caso, cada hombre o mujer tenda iguales probabilidades de desarrollarse tanto homosexual como heterosexualmente. La forma en que un individuo se desarrolle depender de los mtodos educativos recibidos en el hogar y, en general, de las influencias de todo el ambiente social durante la niez. Esta opinin es expresada por Masters y Johnson21, y fue la opinin nada menos que de Sigmund Freud. Sin embargo, la idea de una bisexualidad universal no es aceptable. Todo lo que Freud afirm estaba basado en nociones fisiolgicas hoy en da obsoletas; adems, su concepto era algo equvoco, cuestin que no desarrollaremos aqu. Si fuera una mera cuestin de hbitos educativos de los nios o de costumbres culturales lo que determinara si una persona joven se convertir en homosexual o heterosexual, o una cuestin de ir a medias, Dios (o la naturaleza, si se prefiere) hara depender de un hilo la supervivencia del gnero humano. Hubiera bastado una tendencia cultural en alguna sociedad primitiva de preferir la homosexualidad o de educar a los hijos en esta direccin, para llevar a la humanidad al borde de la extincin. Y qu tendencia es en verdad imposible? Nada en la naturaleza nos permite ver que la propagacin de la especie se haya realizado con tanto riesgo, ni que la supervivencia de las especies est regulada con tanto descuido. En el mundo animal, la homosexualidad genuina, tal como la hemos definido, no existe. Los animales podran comportarse homosexualmente, pero slo ante la carencia de un compaero heterosexual o por lo que podramos llamar errores de percepcin y juicio. De hecho, los animales pueden reaccionar sexualmente ante propiedades especficas de otros animales de su especie: formas, colores, movimientos. En principio, estas propiedades son atributos del sexo opuesto, pero pueden provocar tambin una respuesta si un animal los percibe en un miembro de su mismo sexo, especialmente ante la ausencia de un compaero heterosexual. De todas formas, esto no es homosexualidad en sentido estricto22. La verdadera homosexualidad incluye una falta de respuesta ante los estmulos del sexo opuesto. Repito: es como si la naturaleza o su Creador- hubieran descuidado al hombre que es mucho ms complicado y refinado que cualquier animal, y obviamente su producto ms esplndido- y no le hubiera dotado de los mecanismos necesarios para asegurar su supervivencia. Olvidara la naturaleza hacer con el hombre lo que hizo con los animales: establecer impulsos heterosexuales estables y duraderos en el tiempo? La pregunta es ya una respuesta. Por otra parte, la teora de la bisexualidad se contradice por los hechos. A. Karlen, un historiador de la sexualidad, en su revisin de la incidencia de la homosexualidad en otras pocas y culturas diferentes a la nuestra, escribe que todo lo que se puede decir es que la homosexualidad es tratada en distintas culturas con diversos grados de tolerancia, pero que en ningn sitio ha sido una meta deseable en s misma23. El hombre nunca ha sentido inclinacin por educar a sus hijos hacia la homosexualidad. La abrumadora mayora, en todas las culturas y en todas las pocas, ha sido heterosexual. Por naturaleza, el ser humano siente atraccin por el sexo opuesto. Si esto no fuera as, con tanta gente como ha vivido en pocas tan variadas hubiera habido excepciones, o al menos una, a la regla de que la mayora es heterosexual. Y los antiguos griegos? Parece que nuestra imaginacin en este punto necesita algunas correcciones. Los historiadores apuntan que la cultura griega ha sido siempre esencialmente heterosexual24. El comportamiento homosexual o, mejor, la llamada pederastia o amor por los jvenes o adolescentes- fue una moda en cierta poca y en ciertos crculos, pero no fue la expresin sexual preferida o deseada por la mayora. Adems, primero deberemos tomar con una pizca de gracia las imgenes de los hbitos sexuales de los griegos, que nos han llegado de la mano de unos pocos autores de esa poca. Es dudoso que se pueda generalizar a partir de los poetas griegos, al igual que tampoco podemos obtener una idea fiable de los hbitos sexuales de nuestra poca estudiando la literatura moderna. Lo excntrico y lo desviado siempre ha sido acentuado por la literatura y el arte, ms de lo que estara justificado en su fundamento por su aparicin en la sociedad. Afirmar que el ser humano se convierte en heterosexual por influencia de los mtodos educativos, al reprimir su fuerte componente homosexual, sorprende por su artificiosidad, sobre todo si nos fijamos en el modo en que, de ordinario, se produce la seleccin del objeto heterosexual. Parece ms correcto aceptar que el desarrollo hacia la heterosexualidad ocurre de modo automtico e instintivo. En un momento dado, normalmente durante la adolescencia, la atraccin hacia el sexo opuesto se siente como algo irresistible, incluso por jvenes educados en un clima de restriccin sexual o sin ninguna educacin sexual. Es tambin una indicacin del fundamento hereditario de la heterosexualidad el hecho de que uno nunca ve a jvenes libres de tensiones emocionales, complejos de inferioridad y frustraciones ntimas en otras palabras, jvenes equilibrados y bien constituidos-, que en su interior se sientan empujados a la homosexualidad. Los jvenes no-neurticos son, invariablemente, heterosexuales. Es una conclusin inevitable que la heterosexualidad est determinada genticamente. Los cerebros del hombre y de la mujer difieren como consecuencia de los procesos hormonales embrionarios25, y probablemente algunas de estas estructuras cerebrales constituyen el fundamento biolgico para las profundas diferencias psicolgicas en el campo de la sexualidad26. Algunos argumentos interesantes sobre la existencia de una heterosexualidad innata pueden, adems, deducirse a partir de la investigacin del desarrollo sexual de ciertos tipos de hermafroditas, es decir, pacientes con trastornos en los cromosomas sexuales27. UNA ETAPA BISEXUAL TRANSITORIA Podemos, sin embargo, aceptar una variante de la teora de la bisexualidad: consiste en suponer que un adolescente, durante el desarrollo hacia su madurez biolgica y psicolgica, atraviesa una etapa en la que puede estar interesado erticamente en personas de su mismo sexo. En tal estadio, el desarrollo sexual no es completo y no ha madurado hasta el pleno descubrimiento de su meta: el sexo opuesto. En este momento del crecimiento, objetos y situaciones variadas, humanos o no humanos, pueden asociarse en la imaginacin con el despertar de sentimientos erticos todava indefinidos: nios y adultos, pero tambin situaciones inanimadas o emocionalmente excitantes. La sexualidad de un adolescente en esta etapa podra denominarse bisexual, aunque no sera desacertado llamarla multisexual. En los homosexuales, el desarrollo sexual, junto a gran parte del desarrollo emocional en general, se detiene en este estadio. Esto no equivale a decir que cada adolescente deba experimentar clara ni siquiera confusamente- los diversos posibles tipos de atraccin ertica en esta poca de su vida. Quiz no ms del 30% de los adolescentes tienen, durante una poca, lo que se puede considerar sentimientos homoerticos. Los intereses erticos en esta etapa dependen en gran medida del conjunto de la personalidad y sensibilidad de los adolescentes, de sus relaciones con los dems, de su posicin social y de la imagen de s mismos. Aunque las fantasas, intereses o prcticas homoerticas se desarrollen, a pesar de todo, son de ordinario superficiales y tienden a desaparecer tan pronto como las atracciones fsicas hacia el sexo opuesto empiezan a llamar la atencin del joven que, en muchos casos, reacciona ante este descubrimiento como diciendo: Esto es lo que yo andaba buscando! Los impulsos homoerticos en esta etapa indefinible pueden coexistir con los primeros impulsos heterosexuales. En algn caso, stos ltimos pueden ser bloqueados por la aparicin de sensaciones homfilas, especialmente si el adolescente se siente frustrado en su primer amoro heterosexual. Una vez que las potencialidades del sexo opuesto han sido plenamente descubiertas, el desarrollo es irreversible. Los objetos precedentes simplemente resultan flatos de inters, y esto sin ser necesario un proceso exterior de aprendizaje, sino motivado por el mismo instinto sexual, que est orientado y dirigido a su fin propio. MEILOF OONK S. Y OTROS, Homosexualiteit: Een onderzoek naar beeldvorming en attitude bij de Meerderjarige Nederlandse bevolking, Stichting Vevordering Social Onderzoek Minderheden, msterdam 1969 Sick again?, en Time, 20 de Febrero de 1969. BELL, A.P. WEINBERG, M.S. HAMMERSMITH, S.K., Sexual Preference: Its Development in Men and Women, Indiana University Press, Bloomington, 1981. SCHOFIELD, M., Sociological Aspects of Homosexuality, Longmans, Green, London 1965 PERLOFF, W.H., Hormones and Homosexuality, en Sexual Inversion, al cuidado de J. MARMOR, Basic Books, New York 1965. KOLODNY, R.C. 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Por lo que concierne al estudio de HAMMER, D.H. (un militante gay) Y OTROS: uno de sus colaboradores lo ha acusado de manipulacin fraudulenta de los datos de investigacin. Actualmente la acusacin est pendiente ante el Federal Office of Research Integrity. En cualquier caso, EBERS, G. (University of Western Notario), despus de efectuar una contraprueba del estudio de Hammer, ha declarado no haber encontrado ninguna correlacin entre homosexualidad y ciertos indicadores (markers), ni el cromosoma-X ni en cualquier otro cromosoma (Scientific American noviembre 1995). VAN DEN AARDWEG, G.J.M., Homophilie, neurose en dwangzelfbeklag (msterdam: Polak&Van Gennep, 1967). MASTERS JOHNSON, Homosexuality in Perspective, cit. EIBL EIBESFELD, I., Liebe und Hass (Munich: Piper, 1970) KARLEN, A., Sexuality and Homosexuality, (New York: Norton, 1971) FLACELIRE, R., Amour en Grce (Paris: Hachette, 1960). GOY, R.W. 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Pens, entre otras cosas, que la persona con tendencias homosexuales se senta identificada desde la niez, con el padre de sexo opuesto y tena una relacin conflictiva con el padre del mismo sexo. Por consiguiente, Freud se fij en la infancia, y enfoc especialmente su atencin en esta relacin padre-hijo. Consider la homosexualidad como un trastorno eminentemente psquico, que probablemente fuera estimulado por factores biolgicos (hereditarios, segn l) an desconocidos. Uno de los primeros en no creer en la importancia del factor hereditario quiz el primero- fue Alfred Adler, discpulo de Freud. Este descubridor del complejo de inferioridad describi en 1917 la homosexualidad como una consecuencia de tal complejo1. Sus observaciones le ensearon que las personas con sentimientos homosexuales tienen invariablemente complejos de inferioridad en su masculinidad o femineidad. Otro discpulo de Freud, Wilhelm Stekel2, acumul una gran experiencia clnica con gente afectada por problemas psicosexuales y describi algunas observaciones originales de sus pacientes con tendencias homosexuales. La homosexualidad, teoriz, es la consecuencia del miedo al sexo opuesto. Confirmando las teoras de Freud relativas al origen psicodinmico de la homosexualidad en la niez, Stekel minimiz la importancia de la supuesta predisposicin hereditaria (mucho ms de lo que hizo Freud) y quiz fue el primero en clasificarla como una neurosis. Adems, no estuvo de acuerdo con Freud sobre el papel causal del famoso complejo de Edipo, y seal una serie de errores en la educacin del nio que podran ocasionar la neurosis homosexual. Subray el papel del padre, a menudo mucho ms importante que el de la madre, como causa de la homosexualidad masculina. Tambin apunt el carcter infantil de la vida interior de estos pacientes entendi la homosexualidad como un infantilismo psquico3- y resalt que la motivacin homosexual estaba intrnsecamente ligada a sentimientos de infelicidad. Ms que Freud, crey en la posibilidad de un cambio radical de la inclinacin homosexual; aunque tambin pens que esto ocurra raras veces. Sus observaciones influyeron profundamente en el pensamiento de sus discpulos. La segunda y tercera generacin de psicoanalistas se basaron en los fundamentos dejados por sus predecesores. E. Bergler, psiquiatra austroamericano, introdujo un factor original: el llamado masoquismo psquico4. El impulso homosexual contiene, segn l una especie de autotormento, una necesidad inconsciente de sentirse rechazado y, en general, de coleccionar injusticias: situaciones desagradables y experiencias que dan la oportunidad de sufrir (de la misma manera que se dice que algunas personas buscan los problemas). I. Bieber, otro psiquiatra estadounidense, y sus colaboradores han estimulado notablemente las investigaciones psicolgicas de la homosexualidad gracias a su extenso estudio estadstico sobre la personalidad y sus factores infantiles en varones homosexuales5. Ya he anotado la escasez de hallazgos en los campos de la psicologa y biologa. Por otro lado, Bieber al igual que sus sucesores- ha presentado con cronomtrica regularidad un nmero ms o menos especfico de factores infantiles en hombres con tendencias homosexuales. Estos factores estn entrelazados y forman un patrn reconocible relacionado de cerca con el proceso causal. Este patrn consiste en relaciones interpersonales con los padres, hermanos, y con el llamado grupo de los iguales, as como otros datos referentes al desarrollo psicolgico, lo cual no es difcil de unir al pensamiento de los tericos de la psicologa moderna6. Las estadsticas de Bieber y sus colaboradores pueden ser usadas tambin como plataforma para la teora de la homosexualidad que voy a exponer. Dichas estadsticas son ms aceptables por haber sido recogidas en varios subgrupos de personas inclinadas a la homosexualidad y en varios pases. La teora no surgi de repente, sino que es el resultado de una evolucin gradual de las investigaciones relativas a la neurosis y a la homosexualidad llevadas a cabo por psicoterapeutas formados psicoanalticamente. Su fundador, el psiquiatra holands Johan Leonard Arndt (1892-1965), integr una amplia variedad de observaciones y exmenes de los primeros tericos, principalmente de Adler y de su propio maestro, Stekel. Arndt confirm y elabor un cierto nmero de las observaciones de Stekel, tales como: l (el homosexual) es infeliz, se siente condenado irremediablemente al sufrimiento; Nunca he visto a un homosexual feliz o sano; (es) un eterno nio... que lucha con el adulto7 Al introducir el principio de autocompasin, Arndt no niega de ningn modo las conclusiones de sus predecesores, sino que las completa con una sntesis que contiene otros datos relevantes obtenidos por autores contemporneos de las ms diversas orientaciones tericas. El homosexual, dice, al igual que otros neurticos, puede estar dominado por una estructura interna que se comporta autnomamente como el ego infantil, un nio que se entrega a la autocompasin. Habiendo descubierto este mecanismo en numerosos casos de neurosis poco claros en cuanto a la expresin sexual8, gradualmente se convenci de su aparicin en cualquier tipo de neurticos; finalmente tambin lo descubri en los homosexuales9. Ardnt estaba impresionado por este lamento infantil crnico en los neurticos adultos, de su persistencia y de su resistencia al cambio; aplic el concepto freudiano de represin para aclarar la fijacin de las reacciones infantiles de dolor y autocompasin, as como su carcter autnomo y repetitivo. Para Freud, el importante concepto de represin estaba ntimamente ligado a otro concepto esencial: es subconsciente10. Ya en su primera publicacin sobre la histeria, escrita en colaboracin con Joseph Breuer11, Freud expuso la hiptesis de que las intensas emociones motivadas como reaccin a las frustraciones, con frecuencia no son tratadas correctamente, sino que son suprimidas por la fuerza, de manera que se tratan disociadas del conocimiento consciente. Mantienen, sin embargo, su plena intensidad emocional en el subconsciente. Breuer y Freud se referan especialmente a los sentimientos de dolor, con sus respectivas manifestaciones de lgrimas, suspiros y clera. Ardnt identific la reaccin principal de dolor como autocompasin. Sostuvo la hiptesis de que esta emocin fuese reprimida en el subconsciente para, posteriormente, forzar al neurtico a sufrir continuamente los impulsos de esta autocompasin (sin que l los reconozca como tales). La terapia para esta situacin consistira, lgicamente, en hacer consciente la autocompasin inconsciente del nio que hay dentro y que se queja. En ese momento, perdera su fuerza compulsiva sobre la mente. En un principio, yo me adher a la teora de Arndt12, pero mis dudas acerca de ella aumentaron con los aos, hasta que la rechac. Innegablemente, la represin puede ser la explicacin a varios fenmenos que solemos hallar en la psicoterapia. As, se observa la conocida resistencia a admitir la autocompasin en el preciso momento en que sta acta. En efecto, hay algo que contrarresta el reconocimiento consciente de la atocompasin. Creo que este algo equivale ms a un orgullo herido. Adems, el proceso de superacin de una neurosis, de una neurosis homosexual, una vez reconocido, est mejor descrito como una combinacin de la conquista de su autoconciencia y de la lucha, en amplio frente, contra su infantilismo. No es tanto el desbloqueo de las represiones la causa del cambio, cuanto la disminucin gradual de hbitos emocionales infantiles profundamente arraigados, como la autocompasin y reacciones asociadas a sta. Lo ms caracterstico del neurtico es su egocentrismo, del cual la autocompasin es quiz el rasgo ms sobresaliente. Ganar en madurez emocional equivale en gran medida a disminuir este egocentrismo tan infantil. La repeticin neurtica y la resistencia al cambio se entienden mejor como efectos de los hbitos de formacin o como dependencia a la autocompasin y a sus tendencias intrnsecamente conexas. Sin un esfuerzo deliberado por parte de la persona neurtica para adquirir autoconocimiento y combatir su autocompasin, sta tender a buscar su satisfaccin para, de esta manera, reforzarse. Se supera la neurosis cuando se rompen los lazos de la autocompasin. La concepcin freudiana de represin en el subconsciente, y la del mismo subconsciente, me parece demasiado romntica. Estoy de acuerdo con aquellos que no creen en la existencia del subconsciente freudiano. Su existencia no ha sido empricamente probada13. En dcadas pasadas, muchos otros eminentes psicoterapeutas han estudiado la homosexualidad bajo el punto de vista psicodinmico; sus observaciones y concepciones constituyen contribuciones altamente valiosas, que no son rechazadas por la presente teora. Destacan nombres como Karen Horney14, H.S. Sullivan15, el psiquiatra y neurlogo francs Marcel Eck16, y los psiquiatras neoyorkinos Charles Socarides17 y Lawrence Hatterer18. El libro de Hatterer merece una atencin especial. No construye una teora general, sino que explica un procedimiento prctico para el tratamiento de los homosexuales de sexo masculino. Describe muchos ejemplos de reacciones emocionales y de comportamiento verificado en sus pacientes, tales como los sentimientos de inferioridad, la idealizacin del compaero homosexual y la tendencia a sentirse como vctima. Esta y otras observaciones de fenmenos hallados durante la terapia son muy valiosas, y se encuadran en la teora de la autocompasin. Los defensores de la teora que admite la homosexualidad como normal, afirman que cualquiera que siga creyendo que se trata de una condicin perturbada, ms especficamente de una neurosis, es decir, de un tipo de trastorno emocional, est irremediablemente atrasado. La idea de que este trastorno puede ser superado sera, an ms, una seria manifestacin de pensamiento obsoleto. Los partidarios de esta teora parecen ignorar que es su propia alternativa la que est anticuada. En efecto, siempre recurren explcita o implcitamente, a alguna teora de lo innato; en concreto, el punto de vista del siglo XIX. Los estudios sobre las peculiaridades emocionales de las personas que tienen este problema, as como la identificacin del mismo como neurosis y algunos mtodos de tratamiento, son recientes. Aunque el concepto de neurosis es indispensable en la prctica clnica y existe un consenso razonable acerca del diagnstico de una neurosis en casos individuales, no ha sido posible identificar un instrumento objetivo de diagnstico para su medida. Los intentos con test objetivos fisiolgicos y psicolgicos para distinguir neurticos de no-neurticos no han tenido xito hasta ahora19. Por tanto, los investigadores tienen que fiarse del test de la nica prueba subjetiva que ha logrado xito: el cuestionario, que en palabras de uno de los principales investigadores, puede ser fiable para hacer una clara distincin entre neurticos y personas normales20. En una variedad de test, realizados en varios pases y diferentes grupos socioeconmicos, los expertos han encontrado, sin embargo, el mismo resultado: los grupos de homosexuales alcanzan repetidamente ms puntos en las escalas de neurosis, que los grupos de control21. Esta correlacin es una buena evidencia cientfica a favor del carcter neurtico de la homosexualidad. Tales estudios incluyen grupos en situaciones clnicas aquellos que ya han intentado alguna forma de psicoterapia- y aquellos otros que, por el contrario, se han adaptado a la vida en sociedad22. En mi opinin, cualquiera que intente acercarse de modo imparcial a las publicaciones de investigacin fisiolgica y psicolgica disponibles tendr que admitir que la mejor interpretacin de la homosexualidad es la que la considera como una variante de neurosis. De hecho, hoy en da, parece que unos pocos socilogos y cultivadores de otras ciencias humanas admiten esta conclusin, que es ignorada casi del todo por la opinin pblica, lo que se debe a las predominantes tendencias prohomosexuales libertarias, que censuran los puntos de vista no deseados. Esto es lamentable y paradjico a la vez, ya que es precisamente en estas ltimas dcadas cuando la actitud fatalista (acerca de la imposibilidad de cambio en la homosexualidad) ha sido ms injustificada que nunca. Este libro se ha escrito despus de ms de veinte aos de estudio de la homosexualidad, y despus de tratar a ms de 225 hombres homosexuales a una treintena de lesbianas a la luz de la teora de la autocompasin. En mi opinin, la teora de la homosexualidad como forma de neurosis autocompasiva es mucho ms que una simple sntesis de material viejo. Es realmente un avance. Entender la naturaleza del problema es mucho ms que un ejercicio acadmico: ofrece la esperanza de que los prisioneros del dogma de la homosexualidad como algo innato e inmutable puedan ser ayudados a madurar emocionalmente. ADLER, ALFRED, Das Problem der Homosexualitt, Reinhardt, Munich 1917 STEKEL, W., Onanie und Homosexualitt, Urban&Schwarzenberg, Viena 1921. STEKEL, W., Psychosexueller Infantilismus, Urban&Schwarzenberg, Viena 1922. BERGLER, E., Homosexuality: Disease or Way of Life?, Hill&Wang, Nueva York 1957. BIEBER, I. Y OTROS, Homosexuality: a Psychoanalystic Study, Basic Books, Nueva York 1962 Algunos estudios informando acerca de estos factores: EVANS, R.B., Childhood Parental Relationships of Homosexual Men, en Journal of Consulting and Clinical Psychology, 33 (1969), pp 129-135; SNORTUM, J.R. Y OTROS, Family Dynamics and Homosexuality, en Psychological Reports, 24 (1969), pp 763-770; THOMSON, N.L. Y OTROS, Parent-Child Relationships and Sexual Identity in Male and Female Homosexuals and Heterosexuals, en Journal of consulting and Clinical Psychology, 41 (1975), pp 120-127; STEPHAN, W.G., Parental Relationships and Early Social Experiences of Activist Male Homosexuals and Male Heterosexuals, en Journal of Abnormal Psychology, 82 (1973), pp. 506-513; SIEGELMAN, M., Parental Backgrounds of Male Homosexuals and Heterosexuals, en Archives of Sexual Behavior, 3 (1974), pp. 3-18; VAN DEN AARDWEG, G.J.M., De factor klaagziekte, neurose en homofilie, en Psychologica Belgica, 13 (1973), pp. 295-311. STEKEL, W., Onanie und Homosexualitt, ya cit. ARNDT, J.L., Zelfdramatisering, Stenfert Kroese, Leiden 1950. ARNDT, J.L., Een bijdrage tot het inzicht in de homosexualiteit, en Geneeskundige Bladen, 3 (1961), pp 65-105. MADISON, P., Freuds Concept of Repression and Defense, University of Minnesota Press, Minneapolis 1961. BREUER, J. Y FREUD, SIGMUND, Studien Ubre Hysterie, Deuticke, Viena 1895 VAN DEN AARDWEG, G.J., A Grief Theory of Homosexuality, en American Journal of Psychotherapy, 26 (1972), pp. 52-68. HOLMES, D.S. Investigations of repression, en Psychologial Bulletin 81 (1974), pp. 632-653 HORNEY, KAREN, Our Inner Conflicts, Norton, Nueva York 1975. STACK SULLIVAN, HARRY, The Interpersonal Theory of Psychiatry, Norton, Nueva York 1953. ECK, M., Sodome: Essay sur lhomosexualit, Anthme Fayard, Pars 1966 SOCARIDES, C. W., The Overt Homosexual, Grune and Stratton, Nueva York 1968, idem, Homosexuality Aronson, Nueva York 1978. HATTERER, L.J., Changing Homosexuality in the Male, McGraw-Hill, Nueva York 1970 Sobre tales intentos: EYSENCK, H.J., The Scientific Study of Personality, Routledge & Kegan Paul, Londres 1952; idem, The Dynamics of Anxiety and Hysteria, Routledge & Kegan Paul, Londres 1957; idem, Experiments in Personality, 2 vols. Routledge & Kegan Paul, Londres 1960; EYSENCK, H.J., GRANGER, G.W. Y BRENGELMANN, J.C., Perceptual Processes and Mental Illness, Chapman and Hall, Londres, 1957; CATTELL, R.B. Y SCHEIER, I.H., The meaning and Measurement of Neuroticism and Anxiety, Ronald Press, Nueva York 1961. Un posible candidato a test, EYSENCK, H.J, Dimensions in Personality, Routledge & Kegan Paul, Londres 1947, qued descartado en la repeticin del estudio: CLARIDGE, G., The Excitation-Inhibition Balance in Neurotics, en Experiments in Personality, editado por EYSENCK, H.J., vol. 2, Routledge & Kegan Paul, Londres 1960. EYSENCK, Scientific Study of Personality, ya citado. Existen muchos cuestionarios de este tipo, denominados cuestionarios neuroticistas: varias escalas o subcuestionarios del Minnesota Multiple Personality Inventory (MMPI) (DAHLSTROM, W.G. Y WELSH, G.S., An MMPI Handbook North Publishing Company, St Paul 1960)); el MAS (TAYLOR J.A., A Personality Scale of Manifest Anxiety, en Journal of Abnormal and Social Psychology 48 (1953), pp. 285-290); el Cornell Medical Index (BRODMAN, K., ERDMAN, A.J., LORGE, I., GERHENSON, C.P. Y WOLFF, H.G., The Cornell Medical Index Health Questionnaire III; The Evaluation of Emotional Disturbance, en Journal of Clinical Psychology, 8 (1952), pp 119-124); algunas escalas del Sixteen Personality Factor Test (16PF) (CATTEL, R.B. Y STICE, G.F., Handbook of the Sixteen Personality Factor Questionnaire (Institute for Personality and Ability Testing, Champaign, Illinois 1957)); del Maudsley Personality Inventory (MPI) (EYSENCK, H.J., Manual of the Maudsley Personality Inventory, University of London Press, Londres 1959)); y del Eysenck Personality Inventory (EPI) (EYSENCK, S.B.G., Manual fo the Eysenck Personality Inventory, University of London Press, Londres 1964)). Han recibido diferentes nombres, pero los estudios de factor analtico han dejado claro que todos estn tan altamente correlacionados que se puede decir que son ms o menos idnticos, y miden el mismo factor general de neuroticismo o emotividad neurtica. BENDIG, .w., Factor Analices of Anxiety and Neuroticism Inventories, en Journal of Consulting Psychology, 24 (1960), pp. 161-168, EYSENCK, H.J. Y EYSENCK, S.B.G., Personality Structure and Measurement, Routledge & Kegan Paul, Londres 1969; y GUILFORD, J.P., Factors and factors of Personality, en Psychological Bulletin, 82 (1975), pp. 802-814. Los test que confirman este hallazgo han usado el MMPI, el 16PF, el MPI, el EPI, la Neuroticism Scale Questionnaire (NSQ), y el Maudsley Medical Questionnaire (MMQ). Estudios sobre grupos clnicos de personas con tendencia a la homosexualidad (personas en tratamiento) son: VAN DEN AARDWEG, G.J.M., Homofilie, neurose en dwangzelfbeklag, Polak & Van Gennep, msterdam 1967 (Holanda, MMPI y MPI); OLIVER , W.A. Y MOSHER, D.L., Psychopathology and Guilt in Heterosexual and Subgroups of Homosexual Reformatory Inmates, en Journal of Abnormal Psychology 73 (1968), pp. 323-329 (EEUU, MMPI); CATTELL, R.B. Y MORONY, J.H., The Use of 16PF in Distinguishing Homosexuals, Normals, and General Criminals, en Journal of Consulting Psychology, 26 (1952), pp. 531-540 (Australia, 16PF); VERMEUL, A.W. VAN MULLEM, Het voorkomen van de zogenaamde homosexuele signs in de Rorschachtest (investigacin sin publicar, Gemeente Universiteit, Department of Psychology, msterdam 1960) (Holanda MMQ); y FELDMAN, M.P. Y MACCULLOCH, M.J., Homosexual Behaviour Therapy and Assessment, Pergamon Press, Oxford 1971 (Gran Bretaa, 16PF y EPI). Aquellos que no usan grupos clnicos son CATTELL, R.B. Y MORONY, Use of the 16PF; DOIDGE, W.T. Y HOLTZMAN, W.H., Implications of Homosexuality Among Air Force Trainees, en Journal of Consulting Psychology, 24 (1960), pp. 9-13 (EEUU, MMPI); DEAN, R.B. Y RICHARDSON, H., Analysis of MMPI Profiles of Forty College-Educated Overt Male Homosexuals, en Journal of Consulting Psychology, 28 (1964), pp. 483-486 (EEUU, MMPI); BRAATEN, L.J. Y DARLING, C.D., Overt and Covert Homosexual Problems Among Male College Students, en Genetic Psychology Monographs, 71 (1965), pp, 269-310 (EEUU, MMPI), MANOSEVITZ, M., Early Sexual Behaviour in Adult Homosexual and Heterosexual Males, en Journal of Abnormal Psychology 76 (1970), pp. 396-402 (EEUU, MMPI); idem, Education and MMPI-MfSocres in Homosexual and Heterosexual Males, en Journal of Consulting and Clinical Psychology, 36 (1971), pp. 395-399 (EEUU, MMPI); EVANS, R.B., Sixteen Personality Factor Questionnaire Scores of Homosexual Men, en Journal of Consulting and Clinical Psychology, 34 (1970), pp 212-215 (EEUU, 16PF); SIEGELMAN, M., Adjustment of Male Homosexuals and Heterosexuals, en Archives of Sexual Behaviour, 2 (1972), pp. 9-25 (EEUU, NSQ); idem, Psychological Adjustment of Homosexual and Heterosexual Men: A Cross-national Replication, en Archives of Sexual Behaviour, 7 (1978), pp. 1-11 (Gran Bretaa, NSQ);, LIONG A KONG, H,P., Neurotische labiliteit en homfilie bij mannen (investigacin no publicada, Vrije Universiteit, Department of Psychology, Amsterdam 1965) (Holanda, MPI); y SBARDELINI, E. Y SBARDELINI, E. T., Homosesexualismo masculine e homossexualismo feminine: Neuroticismo e fatores psicolgicos na infancia (investigacin no publicada, Universidade Catlica, Department of Psychology, Campinas, Sao Paulo 1977) EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD DEL HOMOSEXUAL  Un nio es egocntrico por naturaleza. Tiene la sensacin de que su ego es lo ms importante del mundo, se concentra en s mismo. Dicho de otro modo, tiene un fuerte sentimiento de la importancia del yo. Debido a este egocentrismo, el nio se compara constantemente con otros (como son en la realidad, pero con la concepcin subjetiva que tiene de ellos). Cuando el resultado de esta comparacin es negativo cosa que ocurre fcilmente- se siente dolido, menospreciado, agraviado, despreciado y falto del respecto y aprecio que tienen los dems, reales o imaginarios. Si el nio, con su gran necesidad de afecto y aprecio, se siente suficientemente valorado, estar contento y feliz. Lo ser tambin si se siente privilegiado en comparacin con otros, o tratado, por lo menos, en condiciones de igualdad por los dems y por el destino. Sin embargo, como ya he sugerido, el nio tiene una fuerte inclinacin a sentirse menos privilegiado, menos amado, puesto en una situacin menos favorable. Justamente por sus ansias de aprecio, se siente profundamente frustrado ante cualquier carencia, real o imaginaria, de afecto o estimacin. En ese caso, siente que su valor como persona decae; tiende a verse entonces menos valioso en comparacin con los dems, como carente de sentido. El egocentrismo innato del nio le lleva a sobrevalorar determinadas experiencias aquellas en las que siente menosprecio- que, de ordinario, no tienen gran importancia. Tambin asume el significado de verse menos valioso en aspectos particulares de su personalidad. Ser menos en cualquier aspecto secundario de su personalidad o de su vida le lleva rpidamente a pensar que es inferior en todo. La posibilidad por ejemplo- de ser gordo, ser menos apreciado que mi hermano, ser tartamudo, ser hijo de padres socialmente humildes, o ser un fracasado en la escuela le afecta a la totalidad de su persona. Se siente entonces inferior en todos los aspectos, como si esa inferioridad parcial se hubiera esparcido sobre su personalidad entera. Esta es la razn por la que, como norma, sentirse apreciado en un rea de la personalidad no excluye una autoimagen inferior en otra. Sentirse inferior supone pensar que los otros no pueden quererte debido a tu carencia de valor. No pueden realmente aceptarte, as que no perteneces a su grupo. Las consecuencias son reacciones emocionales como la vergenza, la soledad, el autodesprecio y, naturalmente, la tristeza y la clera. El sentimiento o complejo de inferioridad puede derivar del parangn con los otros (el propio nio es el primero en forjrselo) y tambin de las crticas de los dems, particularmente de padres y otros miembros de la familia, y secundariamente de compaeros de juego y otras personas externas al hogar- como los profesores. Con el paso del tiempo, cuando el complejo de inferioridad se refuerza con la repeticin de experiencias externas o internas percibidas por el nio (o por el adolescente en cuanto concierne a nuestro tema) como anlogas a las originarias, puede llegar a ser crnico. Ello se convierte en una conviccin profundamente asentada en su misma identidad (el propio yo), como algo absoluto, una imagen negativa de s que comienza una vida por cuenta propia. Una vez arraigada, desarrolla una resistencia a nuevas experiencias modificadoras y a nuevos aprendizajes. Es rgida y autnoma, y todo el afecto y aprecio del mundo parecen incapaces de rehacerla. Este es el motivo por el que se le llama complejo de inferioridad. Para entender mejor este peculiar fenmeno debemos hacer hincapi en una reaccin emocional importante que se desarrolla como respuesta a un complejo de inferioridad y que, de hecho, es parte esencial del mismo. Es la reaccin emocional al ego dolido de un nio o adolescente: la autocompasin. Si un nio o un adolescente que ha llegado a sentirse inferior, o no apreciado o no atendido, puede aceptar su situacin, seguramente sufrir debido a esa falta de amor, al desprecio y a las carencias que observe en s mismo, pero mediante su aceptacin, el dolor disminuir en poco tiempo; recuperar su equilibrio interior y el placer de vivir. Sin embargo, es difcil imaginar este tipo de reaccin en nios o adolescentes, a causa de su ego-importancia innata. Relativizar la propia situacin no es precisamente un atributo de la mente infantil. El ego del joven debe reaccionar necesariamente con una emocin centrada en s mismo y est obsesionado por la autocompasin Qu lstima doy!" Nadie me quiere, no me aprecian, se ren de m, no quieren aceptarme, etc. Y pensando en s mismo, es decir, vindose a s mismo en su mente como una pobre criatura, comienza a tener una inmensa compasin por ese propio sufrimiento. El nio siente autocompasin, del mismo modo que siente lstima por otras personas que sufren. Soy feo, impopular, dbil, no soy bueno para nada, me rechazan y estoy en desventaja con mi hermano o hermana. Todas estas frases implican otra: Pobre de m! La autocompasin, como indica la palabra, es lstima orientada directamente hacia uno mismo. Quiz no haya ninguna experiencia o percepcin que pueda despertar la autocompasin del nio como efectivamente lo hace la idea de estoy solo o soy menospreciado. La autocompasin reclama ms que nunca la atencin de la persona, sus energas mentales, hacia s mismo. El ego busca entonces reconfortarse con la autocompasin, que es esencialmente un tipo de amor: un tipo de amor de s mismo. El ego del nio quiere verse a s mismo como una pobre criatura, como vera a otro que fuese merecedor de compasin. Por la autocompasin se proporciona calor, se compadece, desea protegerse y mimarse a s mismo y se siente con derecho a obtener compensaciones consoladoras. La autocompasin se expresa con palabras (compadecindose) y con quejas interiores, con lgrimas y sollozos. Se hace evidente por el tono de voz plaidero, expresiones faciales y posturas corporales. La autocompasin engendra casi siempre sentimientos de protesta, en forma de clera, hostilidad, rebelin o amargura, cuando el nio se siente tratado injustamente. Analizndolo ms de cerca, parece evidente que lo que designamos comnmente como complejo de inferioridad (siguiendo la descripcin de Adler) es idntico a la autocompasin crnica de quien se siente inferior. Esto confirma la teora del psicoanalista holands Johan Arndt, que demostr el funcionamiento de la emocin universal y yo aado tan humana- de la autocompasin. Cualquier caso de complejo de inferioridad es tambin un caso de autocompasin crnica1. Sin sta, los sentimientos de inferioridad no tendran tantas consecuencias negativas. Arndt denomin a la autocompasin de nios y adolescentes auto-dramatizacin, ya que el nio se siente y se ve a s mismo como alguien importante y digno de lstima. Mi sufrimiento es nico. Su conciencia de s mismo se convierte en conciencia de su desdicha: pobre de m. EL NIO AUTOCOMPASIVO EN EL ADULTO Las expresiones de autocompasin (llorar, quejarse, bsqueda de comodidad y compasin) pueden aliviar y ayudar a digerir las experiencias causadas por el dolo (el trauma). Los nios y adolescentes que se sienten solos durante largos perodos de tiempo con sus sensaciones desagradables nos desnudan su alma ante una persona de confianza. Se avergenzan porque creen que nadie es capaz de entenderles. Como resultado, siguen alimentando su autocompasin. Una vez empezado algo, los nios no suelen pararse tan fcilmente: esto es aplicable a muchas emociones y comportamientos, tambin a la autocompasin. Una vez que sienten lstima de s mismos, tienden a perseverara en ello, incluso a desearlo, puesto que la autocompasin tiene un dulce efecto inherente a la lstima: el consuelo. Puede ser muy gratificante sentirse uno mismo como una pobre criatura, incomprendida, rechazada y abandonada. Bajo este aspecto hay algo totalmente ambivalente en la autocompasin en la autodramatizacin. Una reiterada autocompasin durante la niez y adolescencia puede generar una dependencia de sta. Con otras palabras, se convierte en un hbito autnomo de queja interior. Este estado emocional de la mente es descrito por la siguiente frmula: el nio (o el adolescente) autocompasivo en el adulto. La personalidad del pobre de m de la niez (o la adolescencia) sobrevive en la misma forma; la personalidad completa de nio est an presente. As que tenemos tres nociones casi coincidentes en la mayora de los casos: el complejo de inferioridad, el nio que habita en el adulto y el hbito de la autocompasin (tambin llamado enfermedad de la queja). Son descripciones adecuadas de lo que ocurre en las mentes de los neurticos en general, es decir, del que est afectado por dudas diversas, emociones obsesivas, sensaciones de inseguridad sin motivo y conflictos interiores. Los rasgos ms importantes de la personalidad neurtica provienen de las caractersticas antes descritas. En primer lugar, observamos una continuidad de modelos pueriles o propios de nios. De cualquier modo, se permanece anclado en el nio o adolescente del pasado. Esto incluye los deseos especficos, sensaciones, luchas y modos de pensar del nio. No todo lo propio del nio, sin embargo, permanece en el adulto acomplejado. La madurez de la personalidad se interrumpe seriamente slo en aquellas reas donde operaron las frustraciones infantiles; en otras palabras, donde han tenido su origen la autocompasin y los sentimientos de inferioridad. En otras parcelas, la persona puede madurar psicolgicamente. En los casos en los que existe un fuerte sentimiento de nio que se queja, la personalidad entera es inmadura, infantil. La homosexualidad es un tipo de neurosis. La persona con este complejo abriga una autocompasin infantil especfica. Por este motivo, Bergler pudo afirmar: A sus 50 aos, l (el hombre con tendencias homosexuales) est emocionalmente en los aos de su adolescencia2 La tendencia a quejarse, tan perspicazmente descrita por Arndt, es un segundo rasgo neurtico manifestado usualmente, aunque en algunas personas se muestra ms oculto. El neurtico grave manifiesta de modo ms claro la necesidad de compadecerse; parece estar buscando continuamente, y encontrando, razones para compadecerse y quejarse; puede que se sienta crnicamente objeto de injusticia, o frustrado, o sufriendo siempre por algo. Sus quejas pueden basarse en cualquier aspecto negativo: sentimientos de decepcin, de soledad, de incomprensin, de carencia, de afecto, de falta de amor, malestar fsico, dolor, etc. Parece como si la mente neurtica no pudiera prescindir del sentimiento de autocompasin de autodramatizacin; por este motivo es como una dependencia o, lo que es lo mismo, una inclinacin a la queja. El resultado es que la autoconfianza, la seguridad y la alegra de vivir estn muy debilitadas en el neurtico. Otro rasgo propio del neurtico es un deseo infantil de llamar la atencin, de obtener la aprobacin y la simpata de los dems y, a menudo, una excesiva urgencia de autoafirmacin. El nio interior anhela aprecio y cordialidad de modo tan insaciable e imperioso como un nio de verdad. Este ego infantil puede intentar ser importante, interesante, atractivo a los dems o ser el centro de atencin tanto en la vida real como en su imaginacin. Es necesario mencionar como ltimo rasgo el egocentrismo mental. Gran parte de la conciencia psquica puede estar ocupada o enfocada hacia ese infantil pobre de m!. Para usar una comparacin, el nio compasivo en el adulto mima y cuida de s mismo como una nia cariosa maneja una mueca que trata como algo que merece compasin. Los sentimientos de amor hacia los dems, basados en un autntico inters por ellos, estn bloqueados por ese egocentrismo compulsivo neurtico, que ha surgido ms o menos espontneamente. EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD HOMOSEXUAL Son muchos los tipos de complejo de inferioridad y las variantes del nio compasivo interiormente. El complejo de inferioridad homosexual es uno de ellos. Por eso, aparte de las formas de sntoma especfico de deseo homosexual, la homofilia no es un fenmeno aislado, sino parte de una serie interminable de problemas neurticos. Hemos apuntado que los sentimientos de inferioridad se pueden manifestar en varios sectores de la esfera de la personalidad individual. El nio o el adolescente que est trastornado por fantasas e intereses homoerticos sufre sentimientos de inferioridad cuando mira hacia su propia identidad sexual (o identidad de gnero); en otras palabras, acerca de su masculinidad o feminidad. Un chico se siente entonces inferior cuando se compara en su masculinidad, dureza, vigor, capacidades deportivas, atrevimiento, resistencia o apariencia de hombre con otros chicos. Una chica se siente inferior cuando compara su feminidad en sus intereses, en su comportamiento o en su fsico con la de las otras chicas. Puede haber variaciones a esta norma, pero la lnea general es inequvoca. Es fundamental en este tipo de sentimiento de inferioridad la conciencia de no pertenecer realmente al mundo de las mujeres o al mundo de los hombres, de no ser uno de los chicos (hombres) o una de las chicas (mujeres). En la mayora de casos esta auto imagen de inferioridad aflora en la prepubertad y en la pubertad, entre los ocho y los diecisis aos, con un pico entre los doce y los diecisis. En el que ser despus un adulto con tendencia homosexual, el tipo especfico de infantil o pueril ego autocompasivo permanece siempre vivo, incluso en sus antiguas fantasas y frustraciones, y en su autoimagen de los dems. Nuestro punto de partida ha sido un complejo de inferioridad, es decir, una sensacin de no pertenecer al mundo de los hombres o de las mujeres. Algunas veces tales sentimientos son plenamente conscientes: el nio los expresar como el chico de diez aos que ms de una vez se quejaba ante su madre cuando le hablaba, contrariado, de sus contactos con otros chicos de la escuela: Soy tan dbil!. (Me lo cont esto la madre cuando acudi a m para hablar acerca de la homosexualidad de su hijo). Otros jvenes pueden tener estos mismos sentimientos sin que realmente se den cuenta de ellos; son conscientes de ello despus de unos aos: Mirando a mi pasado, descubro que siempre me he sentido inadaptada y poco atractiva comparada con las otras chicas, responda una lesbiana, pero nunca fui consciente de ello. Conscientes o no, los nios y las adolescentes sufren a causa de estos sentimientos de inferioridad que les roen. A menudo, no admiten este sufrimiento sin vergenza ante ellos mismos, pues son conscientes de que el reconocimiento de sus inferioridades puede resultar doloroso: daa el propio ego, el amor propio o la ego-importancia infantil. Este sentido de inferioridad de un nio o de un adolescente puede distorsionar la imagen que tiene de los dems, algunos de los cuales pueden parecerle superiores. En el caso del chico, otros chicos y jovencitos le pueden parecer ms masculinos o ms fuertes. En el caso de la chica, otras chicas y mujeres le parecen ms femeninas, ms bonitas, ms graciosas o ms cercanas al ideal femenino. Desde ese punto de vista, las caractersticas fsicas de los dems pueden ser centrales, pero en otros casos lo son la conducta y el comportamiento. Miembros del mismo sexo, y algunos de ellos ms especficamente, son idealizados e incluso idolatrados. Hasta cierto punto, la idealizacin de personas del mismo sexo es normal durante la pubertad y adolescencia. Los chicos de esa edad admiran a los deportistas, hroes, aventureros o pioneros: hombres con coraje, fortaleza y xito social. Se sienten atrados por los ejemplos masculinos dominantes: el vigor y el atrevimiento masculino tienen un alto valor para ellos. Por consiguiente, admiran en algo a los chicos mayores, que son ya ms hombres y quieren imitarles. Por su parte, las chicas prestan atencin a los encantos y atributos femeninos de otras chicas y de mujeres ms maduras que ellas. Admiran la sociabilidad y la gracia femeninas. MASCULINIDAD Y FEMINIDAD: ESTEREOTIPOS CULTURALES? Llegados a este punto no podemos evitar algunas notas caractersticas de la opinin actual, que rechaza las ideas tradicionales de masculinidad y feminidad, as como los modelos de roles, como meros productos culturales. De acuerdo con esta opinin, la cultura tradicional ha sobrevivido a su tiempo y, por lo tanto, el adoctrinamiento de los nios con estereotipos de papeles sexuales est profundamente desaprobado. De hecho, para nuestra explicacin de la homosexualidad no es decisiva la cuestin de si los modelos de masculinidad y feminidad son transmitidos naturalmente o no. Los sentimientos homosexuales, de hecho, emanan del sentirse deficiente en la propia masculinidad o feminidad, tal como es percibida por el nio (o por el adolescente) en su comparacin con los dems. Hablando estrictamente, es irrelevante que esta masculinidad (o feminidad) sean algo relativo en cuanto dependientes de hbitos culturales arbitrarios o parte de la herencia biolgica del hombre, o una mezcla de ambos. No obstante, la hiptesis predominante actual de la equivalencia fundamental de los sexos puede confundir un recto juicio sobre los comportamientos por desviacin sexual. Adems, los mtodos igualitarios de educacin infantil ponen en peligro seriamente el desarrollo emocional en general y su desarrollo sexual en particular. La teora de la equivalencia es insostenible. En todas las culturas, tiempos y lugares del mundo, hombres y mujeres se diferencian en muchas dimensiones bsicas del comportamiento. La interpretacin ms aceptable de esto es el factor hereditario. Los chicos y los hombres, ms que las chicas y las mujeres, tienen una tendencia hereditaria a la dominacin social, a ejercer la autoridad en la vida social3; son luchadores en el sentido amplio de la palabra y su modo de pensar suele estar dirigido hacia un objeto concreto. Las mujeres, en cambio, suelen dirigirse ms hacia las personas, reaccionan con mayor fortaleza ante los estmulos emocionales y son sensiblemente ms expresivas. Son ms cuidadosas y experimentan una mayor empata en sus emociones, lo cual no es una mera cuestin de aprendizaje estereotipado tradicionalmente (quien quiera profundizar en este campo puede leer el resumen de May sobre investigaciones acerca de las diferencias entre sexos, efectuadas en nios de varias culturas incluida la nuestra-, en adultos y en algunos primates ms altamente desarrollados que, por lo visto, presentan parecidas diferencias masculino-femeninas)4 Por tanto, los papeles tradicionales ideales ridiculizados hoy en da- del chico como alguien firme, fuerte, lder y que conquista el mundo; y de la chica como cuidadosa y cariosa son ms verdaderos de lo que aparentan a primera vista. Esto no significa que se deban exagerar estas diferencias psicolgicas, ni tampoco extraer de ellas normas rgidas y absolutas de comportamiento (por ejemplo: profesiones y ocupaciones concretas asignadas a la naturaleza innata de hombres o mujeres). Lo que se afirma es que no es natural asignar los mismos papeles sociales y de comportamiento a chicos y a chicas (hombres y mujeres). Tampoco es natural comportarse como si los diferentes porcentajes de hombres y mujeres en profesiones variadas indicaran discriminacin o injusticia social. Se deben hacer distinciones claras en los papeles asignados a chicos y a chicas durante la educacin. No es deseable, ni beneficioso para el conjunto social, negar la evidencia de preferencias y talentos ligados al sexo en el caso de ciertas ocupaciones o papeles, y no hacer uso de las capacidades y dones inherentes y propios de uno u otro sexo. La psique humana es profundamente masculina o femenina. Esto se observa en nios educados sin apenas presin en la direccin de los papeles correspondientes a su gnero natural. Por ejemplo: nios criados ms bien como nias, con una presencia excesiva de una madre feminizante con la cual se identifican o imitan-, o nios educados por padres ancianos en un ambiente que no favoreces el comportamiento como jvenes varones: a pesar de todo, ellos desean en le fondo de su corazn las cosas de los chicos, aunque su comportamiento no sea el propio de los chicos. A menudo, admirarn a los otros chicos que ven como tipos masculinos. Una chica educada con una actitud despreciativa hacia lo femenino (coser y todas esas ropas de nias no son para m!), se impresionar y admirar indefectiblemente dentro de s- con aquellas chicas o mujeres que irradien feminidad. He observado ms de una vez que las mujeres que luchan contra este papel femenino opresivo se sienten de hecho inferiores a ese papel. De hecho, admiran a las mujeres que aceptan libremente su feminidad. Podemos enfocar la cuestin de otra manera: los hombres y mujeres jvenes sosegados, felices y sin conflictos interiores, parecen no tener problemas de papeles. Experimentan una determinada tendencia masculina o femenina en varios campos de su vida, como algo bastante evidente. Ninguno tiene problemas con la relacin tradicional hombre-mujer. Considerando todos estos elementos, la filosofa psicolgicamente ms razonable es tomar las diferencias bsicas de comportamiento sexual como punto de partida para estudiar las relaciones mutuas entre hombre y mujer, dentro y fuera del matrimonio. Dependiendo del tiempo y de las circunstancias, la expresin concreta de estas relaciones variar, pero sin abandonar el modelo configurado por la naturaleza. Los papeles sexuales son complementarios, de acuerdo con la naturaleza complementaria de los talentos o dones ligados al sexo. La eliminacin forzada de estos patrones de comportamiento ligados al sexo, inspirada en todo caso por frustraciones neurticas o por una filosofa igualitaria errnea, tan slo producir fricciones intiles en las relaciones entre sexos y no ser til para la madurez psicolgica. LA HOMOSEXUALIDAD EN EL DESARROLLO SEXUAL El hombre tiende por naturaleza a identificarse con su propio gnero. Un chico quiere pertenecer al mundo de los dems chicos y hombres, al igual que una chica a de las otras chicas y mujeres. El deseo de ser reconocido como uno de los chicos (o chicas) es tambin algo innato en chicas y chicos con sentimientos de inferioridad en su feminidad o masculinidad, respectivamente. Como ya hemos visto, un sentimiento continuado de inferioridad genera autocompasin y autodramatizacin. La conciencia penosa de ser diferente, en el sentido negativo del trmino, estimula el deseo de reconocimiento y aprecio por parte de los que son idealizados, para poder ser uno de ellos. Esto es comprensible ya que est basado en una compasin de intensidad infantil: Pobre de m! Deseara ser como ellos... o: si slo uno de ellos reparara en m, si se cuidara de m!. El adolescente afligido que se compadece busca un contacto por encima de todo: comprensin, consuelo, compasin, afecto. A esto, se aade un sentimiento de soledad y, a menudo tiene dificultad en relacionarse con los dems y ser fcil comprender que el deseo de llegar a ser amigo de alguien admirado puede alcanzar gran intensidad. Esto ocurre, en primer lugar, en la imaginacin del adolescente. l puede enamorarse (de esta manera peculiar) de algunos compaeros de su edad, a menudo un poco mayores que l. Normalmente es un amor a distancia. En cualquier caso, la tendencia ntima emocional es la siguiente: Nunca se har realidad! Nunca lograr su atencin y su amor!. Es un deseo de aprecio y calor impulsado por la autocompasin, propio de la edad en la que la inclinacin sexual, an vaga, empieza a despertar. Esta pattica necesidad de calor puede conducir a fantasas erticas ntimas con algn amigo admirado. En otros casos, el adolescente no tiene claros los deseos de cercana y contacto fsico, aunque ms tarde pueda darse cuenta de que estaban latentes. Mirar intencionadamente a los otros chicos jvenes por la calle es quiz el rasgo ms comn del despertar de los intereses homoerticos. Se quiere tocar y acariciar el objeto de admiracin y ser acariciado por l, estar cerca de l, intimar con l, captar su atencin y calor. Si me quisiera...!, es la respuesta habitual del chico. La extensin natural de esta necesidad de calor y amor es una avidez ertica; no debe extraar, puesto que en una fase particular del desarrollo psicolgico pubertad e inicio de la adolescencia- el instinto sexual se encuentra en una etapa de crecimiento, an no ha alcanzado su meta final: el sexo opuesto. Por lo general, es posible que un chico durante esta fase de madurez progresiva de sus emociones sexuales- desarrolle sentimientos erticos hacia miembros de su propio sexo. Esto ocurrir ms fcilmente en el caso de chicos o chicas que se sientan excluidos, solos, inferiores y deseosos de calor. Su admiracin por la apariencia fsica o la personalidad de los dems toma entonces una dimensin ertica. Los sueos erticos estando despierto o las fantasas de la masturbacin se centran en torno a personas idolatradas del mismo sexo y se manifiesta el deseo homosexual. En casos normales, el inters temporal ms o menos ertico- por miembros del mismo sexo desaparecer cuando el chico (o chica) crezca y descubra los aspectos sexuales, mucho ms atractivos, del sexo opuesto. Sin embargo, este inters adquiere especial importancia en el caso de chicos autocompasivos, abrumados por sentimientos de inferioridad acerca de su identidad sexual. Tanto para un nio como para un adolescente, el contacto corporal con alguien admirado supone la plena realizacin del apasionado deseo de amor y aceptacin, la mxima felicidad. Ese contacto hace desaparecer, en la mente pattica del adolescente, toda miseria interior, inferioridad y soledad. De esta forma, durante la adolescencia, puede crearse un engranaje entre el deseo de contacto de un nio que se siente merecedor de compasin y el erotismo. El deseo por alguien del mismo sexo es pasivo, un afn por ser querido. No es, por tanto, una experiencia feliz y gozosa como la del enamoramiento normal; el sentimiento de fondo es de desesperanza, de dolor. Esta bsqueda de amor est, por supuesto, dirigida al propio ego (el amor homoertico es egocntrico y narcisista). Sentimientos homoerticos como los descritos en este esquema pueden ser bastante dbiles al principio, pero van aumentando constantemente en intensidad, causada a menudo por sentimientos de soledad y por las fantasas erticas de la masturbacin. En cualquier caso, esta bsqueda ertica de nio autocompasivo, se convierte en una entidad independiente en la vida emocional; es lo que llamamos complejo. Es como si la mente hubiera adquirido una dependencia de esta mezcla de autocompasin y anhelo ertico. Muchas personas con tendencias homosexuales perciben su inclinacin sexual como una obsesin, crnica o temporal. Sus sentimientos sexuales absorben a menudo gran parte de su atencin, ocupan su pensamiento, mucho ms que en los heterosexuales. Los impulsos homosexuales tienen realmente un carcter compulsivo, por lo que se asemejan a otros trastornos neurticos, tales como fobias, preocupaciones obsesivas y neurosis obsesivo-compulsivas (causas de la inquietud del paciente). La principal fuerza de esta vehemencia es la insatisfaccin inherente al complejo de inferioridad, motivo por el que el deseo es insaciable (puesto que el complejo se producir siempre de nuevo). Una correspondencia o relacin homosexual no puede satisfacer o proporcionar ningn tipo de felicidad, exceptuando pequeos flases emocionales. El compaero ideal slo existe en la imaginacin insaciable del paciente que sufre este complejo y, as, nunca lo encuentra. El socilogo alemn Dannecker, homosexual confeso, fue objeto de las iras del movimiento homosexual al declarar explcitamente que la amistad homosexual fiel era un mito. Dicho mito afirm cnicamente- tendra su finalidad en acostumbrar a la sociedad al fenmeno homosexual. La amistad duradera se vende fcilmente. Tenemos que aceptar este fenmeno en su plena realidad y conseguir que lo acepten las masas. La realidad, admite, es que buscamos muchos partners forzados por nuestra inclinacin. Dannecker corrobora su afirmacin con estadsticas sobre el nmero de partners de los que tienen tendencias homosexuales, comparado con el de los heterosexuales5. Lo que dice no es nuevo. Confirma el carcter compulsivo y frentico de la homosexualidad: ser gay* no es algo gozoso, sino una psico-dependencia. ( *Juego de palabras con el que el Autor alude al significado de gay: alegre.) Un ejemplo del curso inevitable de los acontecimientos es el testimonio de un hombre con tendencia homosexual, que crey haber encontrado, despus de muchos aos, un compaero al que amar realmente toda la vida: Al principio cre que realmente me haba encontrado a m mismo en esa relacin. Estaba convencido de que todas las desgracias que tuve en mi pasado eran debidas a la necesidad de un amigo estable. Sin embargo, lo raro fue que esa misma inquietud volvi de nuevo. Una vez ms, me vi en la necesidad de dar rienda suelta a contactos furtivos, a pesar de la buena relacin que mantena con mi compaero (durante un par de meses). La conclusin de este hombre fue que la homofilia es realmente una compulsin neurtica. De todas formas, no haba decidido si quera deshacerse de ella. En sntesis: lo que el homosexual busca inconscientemente no es encontrar a alguien y disfrutar de esa relacin, sino que busca dolor y sufrimiento para alimentar su necesidad de autodramatizacin. ARNDT, J.L., Genese en psychotherapie der neurose, 2 vols. Boucher, La Haya 1962 BERGLER, E., Counterfeit Sex. Grunne & Stratton, Nueva York 1958. GOLDBERG, S., The Inevitability of Patriarchy. Temple Smith, Londres 1977. MAY, R., Sex and Fantasy, Patterns of Male and Female Development. Norton, Nueva York 1980 DANNECKER, M., Der Homosexuelle und die Homosexualitat. Syndikat, Frankfurt 1978. ORIGEN Y MECANISMOS DEL COMPLEJO HOMOSEXUAL  Algunas personas desarrollan un complejo de menosprecio, incomprensin; otras de ser un fracasado, incompetente, no querido, etc. La autoimagen de inferioridad yo soy slo... va acompaada, invariable y estrictamente, de la autocompasin, del sentimiento de pobre de m!. Esto es tpico del complejo homosexual, que se refiere al sentimiento de inferioridad en su identidad sexual. Por qu algunas personas desarrollan un complejo homosexual en su juventud y otras un complejo de inferioridad no referido al sexo? ORIGENES EN EL HOMBRE Un chico puede llegar a sentirse menos masculino, menos viril, cuando ha sido educado de una forma sobreprotectora y de ansiedad por una madre entrometida, cuando su padre ha prestado poca importancia a su educacin1. En la mayora de los casos, es la combinacin de estos estilos paternales y maternales de formacin la que predispone al desarrollo del complejo homosexual. Antes de continuar, debemos estudiar la cuestin de la culpabilidad2. Podramos acusar a los padres, y a sus defectos de carcter, de ser los responsables; pero no es este el caso. En primer lugar, nuestra tarea es de tipo psicolgica y no moral, lo que significa que tan slo indicamos determinadas relaciones entre padres e hijos, o entre el comportamiento de los padres y el de sus hijos. En segundo lugar, los defectos y debilidades de la personalidad observados en ciertos padres de personas tendentes a la homosexualidad no les pueden ser imputados simplemente como culpa. Estos padres actan a menudo a partir de modelos de los que apenas son conscientes, y no ven claramente cmo sus modos de tratar a los hijos pueden afectarles. Adems, ellos mismos son en parte producto de su propia infancia. Yo no juzgo su libre voluntad y, por tanto, su responsabilidad moral. Hay cierto grado de culpa, puesto que nadie puede ser completamente programado por su educacin y las circunstancias en que ha vivido en su juventud. El alcance de la culpa paterna no puede ser evaluada, sin embargo, ms all de la culpa de cualquier padre que comete errores en la educacin de sus hijos. La naturaleza de nuestros defectos como padres puede diferir, pero todos tenemos hbitos egocntricos y otras debilidades, seamos conscientes o no de ellos. Los padres de personas con tendencias homosexuales pueden tener su parte de culpa, pero en la mayora de los casos no ms que la del resto de padres. Las personas con tendencias neurticas quejumbrosas mantienen a veces una actitud de reproche a la educacin recibida de sus padres. Debemos darnos cuenta de que esto es otro tipo de queja. Adems, estas quejas prolongadas acerca de los padres en la que el hijo se ve a s mismo como una vctima- estn siempre basadas en una visin no realista de los padres. La perspectiva del nio que se lamenta de los padres es por definicin una visin infantil, condicionada por sentimientos egocntricos. Es necesario corregir esto para que la persona madure, pero los homosexuales neurticos continuarn igualmente quejndose de las actitudes equivocadas de sus padres. De esta manera aumentan los vnculos infantiles no resueltos (apego o aversin), con sus madres o con sus padres. Para los cristianos, hay una razn adicional para desistir de una lamentacin persistente acerca de las equivocaciones de sus padres, entienden que es necesario el perdn. Algunos casos de pacientes con tendencias homosexuales muestran claramente que el progreso teraputico puede bloquearse debido a la incapacidad o a la poca disposicin para perdonar a un padre. Otro efecto de la queja infantil hacia los padres es que impide asumir las propias responsabilidades. En otras palabras, el nio quejumbroso que hay en el neurtico no acepta ningn tipo de responsabilidad de su comportamiento e inclinaciones. As, hemos llegado a la culpabilidad del homosexual neurtico. Es el responsable de su situacin? o es una vctima de su enfermedad, un enfermo? Nuestra respuesta debe evitar ambos extremos. El homosexual neurtico es como cualquier otro neurtico, y como cualquier ser humano; no es completamente inocente. Todas las debilidades y hbitos emocionales del hombre medio, categora a la que pertenecen los que tienen tendencias homosexuales, han sido formadas, en parte, gracias a que las hemos consentido. Esto es aplicable igualmente a la autocompasin, autoconmiseracin, hbitos de autoafirmacin infantil, al reclamo de atencin, etc. Existe cierto grado de culpa si una persona de tendencia homosexual se entrega demasiado fcilmente a sus impulsos, masturbndose o buscando contactos, e incluso mucho ms si justifica su actitud y la recomienda. Esto es todo lo que podemos decir sobre el tema. Es incuestionable que hay algo automtico en un complejo neurtico, por lo que una persona no puede ser, al menos plenamente, responsable. Esto es cierto para cualquier deficiencia de carcter o personalidad (no tenemos en cuenta aqu a personas que son realmente enfermos mentales, como los esquizofrnicos). RELACIONES CON LOS PADRES En el 60-70% de los casos, la madre, de una forma u otra, ha sido demasiado interesada: sobreprotectora, dominante, entrometida, mimosa, intrigante o proclive a viciar. Ha tratado a su hijo como un beb, o como su favorito, su confidente. Estas influencias han hecho el chico dependiente y dbil, han sofocado su espritu emprendedor, su coraje y su autoconfianza. Este tipo de madres transmite su actitud temerosa de la vida hacia sus hijos; una madre que quiere decidirlo todo por su hijo anula su voluntad y su iniciativa. Los chicos criados as difieren bastante de la vitalidad infantil normal; son demasiado obedientes o inhibidos. Puede ocurrir tambin que un hijo est demasiado apegado a su madre por culpa de un afecto sin moderacin esencialmente egocntrico- o adoracin de la madre hacia el chico, el cual se coloca en una situacin especial. l ser luego incapaz de salir de la atmsfera de seguridad y de mimo de su madre, y vuelve a ella tan pronto como el mundo exterior no le responde placenteramente. Quien quiera un ejemplo sobre los perniciosos efectos de este amor enfermizo madre-hijo debe leer la vida del novelista francs Marcel Proust: escriba cartas de amor a su madre cuando era adolescente, viviendo ambos en la misma casa! En algunos casos, el amor materno es al mismo tiempo algo vehemente. Por ejemplo: la madre amenaza con ataques de la histeria si el hijo no se comporta tal como ella desea. En otros casos, la madre se impone al hijo de un modo ms amistoso, pero al fin y al cabo se impone igualmente. A pesar de las tentativas de militantes homosexuales y de reformadores sexuales liberales de minimizarlo, es indiscutible que las madres han ocupado un lugar demasiado principal en la niez de numerosos hombres homfilos. La consecuencia es que el hijo depende demasiado de su madre, y preserva su actitud hacia ella sin modificar ese nio que se compadece que lleva dentro. Este nio tender a transmitir esta actitud hacia otras mujeres. Ha sido el nio bonito de mam, el nio obediente y temeroso, el chico dependiente y, en algunos casos, el chico reprimido y tiranizado. Estos lazos maternos son enfermizos y constituyen un gran obstculo para que el nio se convierta en un hombre adulto. Despus de muchas conversaciones con hombres angustiados por sus tendencias homosexuales, el investigador y terapeuta. Bieber afirm que ninguno de sus pacientes haba tenido una relacin normal padre-hijo3. En la mayora de los casos, el padre estaba alejado, no se involucraba en los intereses y en la vida cotidiana de su hijo. Mi experiencia es la misma. Un anlisis ms detallado de una serie de factores psicolgicos infantiles llevado a cabo con un subgrupo de 120 de mis pacientes masculinos con este problema- dio como resultado que tan slo dos o tres casos de relacin padre-hijo podan ser considerados positivos. Incluso en aquellos casos la relacin con el padre era una relacin distante. Uno de los padres era ya anciano cuando su hijo era un chico; y el otro caso, el lazo afectivo entre el padre y el hijo me pareci demasiado frvolo. Podemos afirmar entonces que rara vez la relacin padre-hijo es positiva: el hombre que desarrolla un complejo de inferioridad homosexual no ha tenido la oportunidad de conocer a su padre como un autntico padre. Esta deficiente relacin con el padre puede haber tenido varias causas. Un padre psicolgicamente alejado puede prestar poca atencin a su hijo porque ste sea uno de los ms jvenes entre los hermanos (en una familia numerosa). El inters paterno se concentra en los hijos mayores. En algunos casos, el padre consideraba al hijo como una obligacin de la esposa (la existencia de un lazo exclusivo madre-hijo pudo condicionar esta actitud del padre). Un buen ejemplo de una situacin similar fue la del novelista holands Louis Couperus, que vivi a principios de este siglo. Desarroll un complejo de inferioridad porque crea ser un inepto. Esta autoimagen se origin porque se senta dolido por la falta de aprecio de su padre. El padre haba abandonado a su hijo pequeo, Louis, al cuidado de la madre y de sus hermanas mayores; no lo acept en su propio mundo, que comparti con los hermanos mayores4. Algunos padres estn demasiado ocupados para dedicar tiempo a su familia y, en particular, a uno de sus hijos. Otro grupo de padres forman las clsicas personalidades dbiles, poco masculinas, demasiado dependientes, temerosas y que, a veces, se apoyen demasiado en su esposa. Son flojos como modelos de virilidad, con lo que sus hijos tienen un patrn deficiente con el que identificarse. A padres relativamente ancianos les falta el dinamismo juvenil necesario para el desarrollo de sus hijos: no juegan con ellos ni les animan a desarrollar actividades masculinas. El resultado es que el comportamiento de los hijos se ve afectado, parecindose a un pequeo viejecito. En cerca de una cuarta parte de mis casos y de la de otros investigadores, el hijo experimenta la figura del padre como algo inequvocamente negativo. Su padre le critica, no le da su aprobacin, as que el hijo se siente rechazado por el hombre ms importante de su mundo. El chico tambin se siente menos apreciado si el padre le compara continuamente con sus hermanos y hermanas. En cierto porcentaje de casos probablemente alrededor de un 20%- experimentar el rechazo del padre parece ser el factor crucial del trauma psquico, haciendo que el chico se sienta excluido del mundo masculino. Para un chico, su padre es el prototipo de hombre. Sentirse apreciado por el padre es esencial para su autoconfianza como hombre. Lo mismo sirve esta conducta para la chica en relacin con su madre. OTRAS INFLUENCIAS Por trmino medio, creo que pesa ms el factor del padre que el de la madre. Sin embargo, hay mayor riesgo de desarrollo homosexual si est presente la influencia de ambos factores. Como norma, la homosexualidad masculina resulta de la combinacin de defectos de ambos padres. A propsito de esto, debo apuntar que en la mayor parte de mismos casos existan graves problemas entre los padres de mis pacientes: a veces, la madre era evidentemente la personalidad ms fuerte o dominante, obligando al padre a retirarse a un segundo plano; otras veces, la madre sufra a causa de la negligencia del padre, y esta insatisfaccin le haca apegarse a uno de sus hijos. En general, una mujer tiene la tendencia natural a hacer de un hombre de su entorno su hombre; si no tiene un lazo emocional con su marido, lo buscar con un hijo. Adems, estn tambin todo tipo de tensiones matrimoniales. Tienen su origen en diferentes hbitos egocntricos y en los modos de actuar y reaccionar infantiles que todos llevamos con nosotros en el matrimonio. La incidencia de relaciones matrimoniales satisfactorias es, sin embargo, estadsticamente ms baja entre padres de personas con tendencias homosexuales que entre padres de personas que no han desarrollado este complejo. Esto nos ayuda a entender una vez ms que la homosexualidad no es un fenmeno individual limitado a quien es afecto, sino tambin un sntoma de desequilibrio familiar y, no raramente, de discordia entre los padres. Al contrario, las personalidades de los padres, sus relaciones mutuas y con los hijos, y sus modos de educarlos no son los nicos factores que predisponen a la homosexualidad. Dentro del mbito familiar, factores como los siguientes pueden contribuir al desarrollo del complejo homosexual: nmero que ocupa el hijo entre los hermanos, proporcin de chicos respecto a chicas, rivalidad o bromas entre hermanos,... De acuerdo con algunos estudios, los hombres con inclinaciones homosexuales en mucha mayor medida que los heterosexuales-, son los hijos ms jvenes de familias numerosas. Esto sugiere la existencia de una madre sobreprotectora y quiz un padre de edad avanzada y ms distante. Algunos hombres con este complejo provienen de familias en las que predominan los chicos, situacin que hace que la madre tienda a tratar a uno de sus hijos como si fuera una hija. Un chico puede tambin desarrollar el complejo si se ve a s mismo como el ms dbil o el menos viril de los hermanos (resultado de compararse con ellos, o bien porque le gastan bromas o le ridiculizan). El factor burla ha sido extremadamente importante en un buen nmero de personas que he estudiado con este complejo. La comparacin con un hermano en particular, que es visto como ms fuerte, parece ser en otros casos el factor que desencadena el complejo. Finalmente, debo apuntar la influencia de otros factores que predisponen, tales como la auto-percepcin de ser feo y dbil fsicamente. Un chico puede sufrir durante cierto tiempo a causa de ser flojo, enfermizo, asmtico, demasiado bajo de estatura, demasiado flaco o demasiado gordo. Estas autoimgenes son asimiladas como variantes de ser poco fuerte y poco atractivo como varn. El resultado de lo dicho acerca de los padres y de otros factores puede ser una falta de masculinidad en el comportamiento e intereses y, ms especficamente, una carencia de atrevimiento y autoconfianza en las actividades juveniles, como el pelear. El chico huye de estas actividades diciendo: no son para m.... Por ejemplo: los estudios revelan que la mayora de los hombres con este complejo tuvieron una sincera aversin infantil hacia el ftbol u otros juegos de grupo. Tales juegos son, en mayor o menor medida, la personificacin de la actividad de los chicos en nuestra cultura; requieren competir con los dems compaeros de juego y cierto espritu de lucha, e indican el grado de conexin del individuo con el grupo5. El siguiente paso en el desarrollo del complejo homosexual es decisivo. Es la autocompasin del nio con compaeros de su misma edad y sexo. Si un chico, con influencias familiares desfavorables (como las que hemos descrito), cruza con xito el umbral de las actividades masculinas y entra en el mundo de los chicos animado por los dems, por ejemplo- se puede afirmar que el peligro de desarrollo homosexual se ha erradicado. A menudo, las cosas no toman este rumbo positivo y, en vez de conquistar por s mismo una posicin entre los otros chicos, el muchacho se desanima y se abandona a sentimientos de insuficiencia y autocompasin. Si tiene la ocasin de hacer un amigo, ste ser un marginado como l: se siente solo y apartado. Frecuentemente, este tipo de chicos son objeto de burlas, ridiculizados por su falta de valor, les llaman maricas y cosas similares. Muchos pasan por un perodo preadolescente o adolescente de soledad y depresin. Entonces, comienza el tercer paso en el proceso de desarrollo. El chico suea en ser como los dems y encontrar un amigo en su misma situacin. El deseo homoertico de consuelo y compasin va indisolublemente unido al inicio de la auto-dramatizacin. Estadsticamente, la homosexualidad est generalmente unida a estos factores de adaptacin social, o factor de igualdad, mucho ms que a circunstancias relativas a los padres o a situaciones familiares6. El drama interior de estos hombres es que en su niez o adolescencia no pudieron realmente sentirse parte de la comunidad de los chicos. ORGENES EN LA MUJER La situacin de la chica que se siente homosexualmente atrada por otras mujeres es, en ms de un aspecto, exactamente igual a la del chico. Sin embargo, hay ciertas diferencias, pues los factores causantes en la mujer son a menudo ms variados que en el hombre7. Muchas mujeres con tendencias lsbicas sintieron durante su infancia una falta de comprensin por parte de su madre. Esta sensacin de distanciamiento de la madre tiene muchas variantes. Por ejemplo, tal como lo resume una mujer: Mi madre haca cualquier cosa por m, pero yo apenas poda hablar con ella sobre mis asuntos personales y emocionales. Otras quejas son las siguientes: Mi madre nunca tena ms contacto con mi hermana que conmigo, Ella no me dejaba hacer nada y me ha seguido tratando como un nia pequea, estaba siempre enferma, estuvo internada varias veces en una institucin mental, abandon la familia cuando yo era todava nia, etc. Algunas veces, la chica asume el papel de la madre para el resto de la familia, siendo la hija mayor; o en casos en que la madre no funciona como tal debe hacer de madre y esto hace que se sienta privada del calor de una madre que la comprenda. La madre puede haber sido inhibida en sus funciones como mujer, y, por tanto, no sentir su papel femenino en el hogar. Esto inspira en ella una actitud crtica hacia todo lo que vea como papel femenino, y transmite esa actitud a su hija. La hija tiende entonces a rechazar su lado femenino. Algunas lesbianas creen que su madre hubiera preferido un chico, as que estimulan un comportamiento masculino en vez del propio de una chica. En la autoconfianza de una chica en cuanto mujer contribuye en primer lugar su madre. Cuando una madre consigue que su hija se sienta apreciada como mujer, la chica se sentir como en casa en el mundo de las mujeres y entre sus amigas de la misma edad. En mujeres con tendencias homosexuales, a menudo la relacin con su madre no fue personal y confidencia; no exista una participacin en los intereses femeninos, no hacan juntas actividades propiamente femeninas. Como consecuencia, la chica no se siente valorada como chica (lo que quiere decir: distinta de un chico, pero igualmente apreciada). Existen considerables variaciones tambin en los modelos de relaciones padre-hija. Algunas mujeres con tendencias lsbicas estn demasiado apegadas a la figura del padre, su amigo especial. Algunas veces, dicho apego es ms o menos forzado, pues el padre les tiene asignado un papel especfico: la relacin entonces no es espontnea ni natural. En algunos cosos, el padre hubiera preferido que su hija fuese un chico, un camarada, y as estimula en ella ciertos intereses, papeles y metas masculinos. El padre, por ejemplo, da excesiva importancia a su rendimiento escolar, a sus logros deportivos y a que obtenga un efectivo reconocimiento social. Como consecuencia, la chica no se siente ni comprendida ni aceptada como realmente es. En otros casos, el padre ve en su hija una figura maternal de ayuda y consuelo. Tiene una actitud alabadora hacia ella, la coloca en una posicin de privilegio. Con este comportamiento, lo que hace es comprar la dedicacin de la hija hacia s mismo. Hay otros padres, con personalidades dbiles, que se apoyan demasiado en sus esposas. En todos estos casos, los lazos emocionales con el padre se mantienen fijos en la entraable nia del pasado de toda lesbiana adulta. Otras mujeres con este problema no son tanto la nia de pap, sino ms bien la nia no deseada y desaprobada. El padre la critica, y ella siente su desprecio o su falta de inters. Comportamientos o intereses masculinos excesivamente compensatorios son el resultado de esta actitud paternal de no aceptacin. En consecuencia, la chica aprende a ver el papel masculino como algo superior e intenta alcanzarlo. De nuevo, la existencia de sentimientos negativos hacia el padre, junto con esfuerzos demasiado compensatorios por adaptarse a su estndar masculino y conseguir as su aprecio, confluyen en el complejo neurtico. En conclusin, una relacin padre-hija positiva y normal es menos frecuente en las mujeres con tendencias homosexuales que en las que tienen tendencias heterosexuales. OTRAS INFLUENCIAS En algunas mujeres, el complejo de fealdad (sentirse menos femenina o atractiva), tiene un importante papel como factor precipitante. En otros casos es la comparacin con una hermana, considerada (por la misma chica o por su entorno) la ms atractiva por su fsico o por otros aspectos. Otras veces, la chica se siente inferior entre sus hermanos soy slo una chica-, y trata de emularles en su comportamiento. Durante la adolescencia, la atencin que el sexo opuesto le preste puede ser su punto sensible: los chicos me encuentran menos atractiva que a las dems chicas, no quieren citarse conmigo, etc. Una chica que se sienta menospreciada por los chicos admirar la feminidad de otras chicas. Factores como los descritos anteriormente operan de modo conjunto y se refuerzan mutuamente, tanto en chicos como en chicas. Parte de las chicas que han desarrollado un complejo lsbico, de algn modo han tenido un comportamiento menos femenino que las nias de su edad. Eso provoca en ellas un sentimiento de inseguridad en los femenino, posiblemente compensado por actitudes de descuido, indiferencia, mando o dominacin, tratando de superar a los chicos en su masculinidad atrevindose con todo, comportndose agresiva, grosera y duramente. Desarrollan, posiblemente, una manifiesta aversin a las costumbres, al modo de vestir y a las actividades domsticas femeninas. Sin embargo, esta autoafirmacin hombruna compensatoria est marcada por una falta de natural dulzura. Es exagerada y se percibe bajo ella la tensin emocional. Esto no quiere decir que todas las mujeres con este complejo tiendan a comportarse masculinamente, ni que las mujeres que tienden a afirmarse de tal manera tengan necesariamente inclinaciones lsbicas; pero existe una correlacin entre ambos rasgos. No obstante, el comportamiento excesivamente masculino en mujeres es casi siempre signo de un complejo de inferioridad. El factor principal en el desarrollo de una orientacin lsbica es la comparacin que la hija hace con chicas de su misma edad o con ciertas mujeres adultas ideales. Al igual que en el caso de los nios, el factor crucial es subjetivo: la percepcin de la chica sobre s misma. Por esta razn, algunas veces, aunque no a menudo, puede desarrollar tal complejo una chica cuyo comportamiento es objetivamente femenino del todo. Durante la adolescencia, la chica quiere tener amigas y ser una de ellas. Su soledad y su sentimiento de separacin excitan su deseo de ser como las amigas admiradas o como algunas mujeres ideales. Si la chica se siente sin el afecto y compresin de la madre, puede idealizar a alguien que posea las caractersticas de la madre; por ejemplo: una profesora cariosa o una chica mayor con actitudes maternales. La chica autocompasiva busca la atencin exclusiva de su mujer idolatrada: si tan slo pudiera darme su amor...! El lamento de muchas lesbianas es que no tuvieron amigas verdaderas en su adolescencia, escriben los psiclogos estadounidenses Gundlach y Riess en su informe sobre 200 mujeres con este complejo, pero adaptadas normalmente8. Lo interior de la chica quejumbrosa sigue alimentndose de los mismos sentimientos que tuvieron en su juventud: inferioridad, soledad, autocompasin y un deseo insaciable. Muchos estudios han confirmado este modelo. Se puede consultar en BIEBER, I et al. Homosexuality: A psychoanalityc Study, Basic Books, Nueva York 1962; EVANS, R.B., Childhood Parental Relationships of Homosexual Men, en Journal of Consulting and Clinical Psychology, 33 (1969), pp. 129-135; SNORTUM, J.R. et al., Family Dynamics and Homosexuality, en Psychological Reports 24 (1969), pp 763-770; THOMSON, N.L. et al., Parent-Child Relationships and Sexual Identity in Male and Female Homosexuals and Heterosexuals, en Journal of Consulting and Clinical Psychology, 41 (1975), pp. 120-127; STEPHAN, W.G., Parental Relationships and Early Social Experiences of Activist Male Homosexuals and Male Heterosexuals, en Journal of Abnormal Psychology 82 (1973), pp 506-513; SIEGELMAN, M., Parental Backgrounds of Male Homosexuals and Heterosexuals, en Archives of Sexual Behavior, 3 (1974), pp. 3-18; VAN DEN AARDWEG, De factor klaagziekte, neurose en homofilie, en Psychologica Belgica, 13 (1973), pp 295-311. El autor trata con ms detalle esta cuestin en VAN DEN AARDWEG, G.J.M., Parents of Homosexuals: Not Guilty?, en American Journal of Psychotherapy, 38 (1984), pp 180-189. BIEBER, I y BIEBER, T. Male Homosexuality, en Canadian Journal of Psychiatry, 24 (1979), pp. 409-422. VAN DEN AARDWEG, G.J.M., De neurose van Couperus, en Nederlands Tijdschrift voor de Psychologie, 20 (1965), pp. 293-307. BIEBER et al., Homosexuality; EVANS, Childhood Parental Relationships; THOMSON et al., Parent-Child Relationships and Sexual Identity; STEPHAN, Parental Relationships; SBARDELINI, E. y SBARDELINI, E. T., Homossexualismo masculine e homossexualismo feminine: Neuroticsmo e fatres psicolgicos na infancia, indito; Universidade Catlica, Department of Psychology. Campinas, Sao Paulo 1977 Se ha dicho que efectos como los descritos en las relaciones paterno-filiales de personas con tendencias homosexuales slo suceden a aquellos que visitan el consultorio de psiclogo y del psiquiatra. Esto no es verdad. Como en el caso de los test de personalidad (ver las notas 19-22 del captulo 4), se han recogido estadsticas y observaciones en todo tipo de grupos, incluyendo personas con tendencias homosexuales que estn socialmente integradas. Algunos estudios sobre este tema: BENE, E., On the Genesis of Female Homosexuality, en British Journal of Psychiatry, 111 (1965), pp. 815-821; KAYE, E. et al., Homosexuality in Women, en Archives of General Psychiatry, 17 (1967), pp. 626-634; KENYON, F.E., Studies in Female Homosexuality: Psychological Test Results, en Journal of Consulting and Clinical Psychology, 32 (1968), pp. 510-513; KREMER, M. W. Y RIFKIN, A.H., Early Development of Homosexuality: A Study of Adolescent Lesbians, en American Journal of Psychiatry, 126 (1969), pp. 91-96; GUNDLACH, R.H. Y RIESS, B.F., Self and Sexual Identity in the Female: A Study of Female Homosexuals, en New Directions in Mental Health, editado por B.F. RIESS, Grune&Stratton, Nueva York 1968; y SWANSON, D.W. et al., Clinical Features of the Female Homosexual Patient: A Comparison with the Heterosexual Patient, en Journal of Nervous and Mental Disease 155 (1972), pp. 119-124. GUNDLACH Y RIESS, Self and Sexual Identity. COMO OPERA EL COMPLEJO HOMOSEXUAL  Cuando se trata de descubrir la verdadera naturaleza del amor homosexual se produce a menudo una resistencia indignada: Por qu no se me permite ser feliz tal como soy?, sta es la dramtica pregunta fcilmente previsible. Sin embargo, la cuestin no es si est permitido o no, sino si es viable o no. Muchas personas con tendencias homosexuales no estn dispuestas a ser desligadas de sus sentimientos ilusorios, al igual que tampoco lo estn los alcohlicos o drogadictos de sus estimulantes. A partir de la literatura y la experiencia clnica, podemos establecer unas pautas en el complejo homosexual, tanto en hombres como en mujeres: Bsqueda repetitiva de un amante A pesar de que las mujeres con tendencias homosexuales tienen generalmente relaciones ms duraderas que los varones con tendencias homosexuales, en ningn caso sus relaciones duran ms de unos pocos aos. La dependencia neurtica al deseo nunca satisfecho queja neurtica- les domina y les fuerza a tener siempre nuevas ilusiones. El deseo homosexual es transitorio y superficial Estos deseos homosexuales, y los que estn asociados a ellos (calor, compasin,...), deberan ser experimentados como lo ms gozoso en la vida de una persona. Desde luego esto es una autodecepcin. Los sentimientos homosexuales, ensalzados a veces como puro amor (ms profundo incluso que el amor matrimonial), tienen de hecho poco en comn con el amor real y verdadero. El amor homosexual es egocntrico. Es una splica de atencin. Esto se observa en la forma en que usualmente se rompen las relaciones. El compaero sirve para aliviar la necesidad infantil del propio ego, as que no es realmente amado por lo que es. El resultado es que, por un lado, el homosexual se agarra a su compaero; por otro, existe una falta real de inters o indiferencia. Resulta muy grfica la forma que tienen de hablar sobre sus relaciones pasadas: sin emocin, al igual que un nio cuando abandona un juguete en el que ya no est interesado. Las personas con tendencias homosexuales y otros neurticos padecen autocompasin compulsiva. No todos expresan su autocompasin y tendencia a la queja de un modo dramtico. Si se les conoce un poco ms, sin embargo, casi siempre se puede percibir en ellos la autocompasin. Tienden a pensar en trminos de problemas y preocupaciones; algunos son evidentemente demasiado emocionales; otros son ms del tipo quejoso y lloroso; otros son hipercrticos consigo mismos o con otros; a veces sienten malestar fsico (que dramatizan), depresiones, crisis nerviosas, soledad, apata, dificultad para relacionarse con los dems, etc. La verdadera alegra y jbilo autntico es justamente lo contrario a esta enfermedad. Es verdad que algunos homosexuales interpretan el papel de bufn o gracioso, pero analizndolo de cerca, parece claro que detrs de esto se esconde el nio autocompasivo y depresivo. Podra ser una manera pueril de que ese ego infantil quiera llamar la atencin. Subyace siempre un desasosiego. Las personas con tendencias homosexuales ansan llamar la atencin Se aferran a los dems para llamar su atencin. Se presentan inconscientemente como vctimas y pelan a la ayuda y proteccin de los sentimientos compasivos de los dems. Algunos se imponen en su ambiente y otros lo tiranizan, al igual que un nio. Buscan, en primer lugar, la atencin de un compaero deseado, pero esta bsqueda de atencin puede convertirse en el modo habitual de relacionarse con los dems. El egocentrismo es otra caracterstica neurtica universal. Esto implica que, en gran parte, sentir y pensar egocntricamente produce como resultado un reducido inters o amor por los dems. Mi esposo se desvive por las personas de su entorno, me dijo una vez la esposa de un homosexual, pero es incapaz de dar amor. No sabe qu es eso. Cuanto ms predomina el complejo homosexual en la vida emocional de una persona, tanto ms es verdadera esta descripcin. El nio autocompasivo en el adulto es inmaduro emocionalmente en otras reas, adems de la sexual. El infantilismo emocional de las personas que tienen un complejo homosexual hace que se comporten y piensen como nios, y que repriman dependiendo de la fuerza del complejo- la madurez emocional normal. Permanecer parcialmente como un nio afecta tambin a la relacin con los padres Los hombres con este complejo mantienen ms a menudo algn tipo de vnculo materno o una actitud hostil de reproche hacia su padre porque existe un vnculo negativo hacia l. Algo parecido vale para las mujeres lesbianas. El vnculo establecido con los padres puede contener elementos ambivalentes: apegarse dependientemente a la madre, y tender al mismo tiempo a mantener disputas con ella, que descargan la irritacin. El entraable nio de antao mantiene sentimientos y actitudes infantiles hacia el sexo opuesto Es posible que el hombre homosexual contine odiando a las mujeres, del mismo modo que el adolescente de su pasado las vea como intrusas en su vida, rivales que le robaban sus amigos o, simplemente, como esas chicas estpidas que entran a saco en el mundo de los chicos. Es posible que se siga sintiendo inferior y tenga miedo ante ellas avergonzndose de su masculinidad insuficiente. Es posible tambin que siga viendo a ciertas mujeres como figuras protectoras, maternales, afectuosas; y no como mujeres con las que relacionarse como un adulto. En trminos similares, la muchachita que persiste en la mujer lesbiana sigue viendo a los hombres a travs del cristal de la aversin, de la envidia, del miedo o de la molestia. Las personas con tendencias homosexuales tienen dificultades en aceptar plenamente su identidad sexual, la llamada identidad de gnero El hombre experimenta lo masculino como si no le perteneciera; la mujer lesbiana se siente intranquila ante las cosas femeninas. Sin embargo, es incorrecto pensar que estos hombres se sienten como mujeres; o que las lesbianas se sienten hombres. Finalmente, no es superfluo resaltar que el complejo homosexual es slo una parte de la personalidad de un sujeto La persona entera es mucho ms que su personalidad infantil, aunque algunos con tendencias homosexuales sean muy inmaduros. Si nos fijamos un poco ms, descubriremos que cada hombre o mujer afectado de homosexualidad tiene muchas tendencias o cualidades adultas. Puesto que nuestro estudio se centra en la parte infantil de la personalidad, podemos dar la impresin equivocada de que estamos hablando de personas totalmente enfermas. De hecho, el psicoterapeuta trata en mayor medida la parte adulta de la personalidad homosexual, y haciendo hincapi en esta parte adulta es como podemos esperar observaciones realistas, buena voluntad y otros elementos curativos. La parte adulta de la personalidad es tambin la ms interesante de las dos: est viva, mientras que el rasgo infantil del ego es ms parecido a un mecanismo rgido y estereotipado. En la vida de cada da, lo que ms abunda es una mezcla de los aspectos maduros e infantiles de la personalidad. La bisexualidad deriva de esta estructura de doble personalidad: la inclinacin sexual de la parte adulta, en su mximo desarrollo, est enfocada directamente hacia el objeto maduro de la personalidad, es decir, el sexo opuesto. El nio autocompasivo, por su parte, empuja la sexualidad hacia sus objetos inmaduros. Puesto que una parte de la personalidad bisexual anula la otra, es evidente que la heterosexualidad de estas personas no est an desarrollada. EL CAMINO PARA EL CAMBIO  Debe una persona con tendencias homosexuales obligarse a tener intereses o comportamientos heterosexuales? Este enfoque del asunto sera errneo. Como he comprobado, cierto grado de auto obligacin es positivo, en la medida en que suponga un esfuerzo honrado por conocerse, sin reprimir descubrimientos no deseados o sin distorsionar aquellas realidades de las que uno puede darse cuenta, si quiere. Por consiguiente, habiendo adquirido conocimiento de los hbitos y motivaciones neurticas (egocentrismo, por ejemplo), el que tiene tendencias homosexuales debe tomar la decisin de combatirlas o, en cualquier caso, refrenarlas. El proceso de cambio, ayudado por algn tipo de psicoterapia, puede conducir a resultados bastante satisfactorios; sin embargo, el resultado final depende de muchos factores. Entre los factores condicionantes se incluyen: la motivacin del paciente para cambiar, su constancia, su sinceridad consigo mismo, el alcance de su neurosis y las influencias sociales, tales como el nimo que le infunden los dems (como antdoto a sentirse solo, sin formar parte de un grupo social). El cambio real y profundo es, en principio, posible. De acuerdo con los artculos que he ledo de otros investigadores y con las historias que he examinado personalmente de algunos antiguos homosexuales, a veces se obtiene un cambio radical con la ayuda de un mtodo religioso. En cada caso de cambio real, sin embargo, ste es consecuencia de un largo trabajo, y slo en casos excepcionales, de modo imprevisto, se da un milagro psicolgico. Creo que el proceso sigue aproximadamente en todos estos casos el mismo modelo, tanto si se aplica la psicoterapia como cualquier otra ayuda. En el siguiente captulo se presentarn algunos casos de curacin sin una psicoterapia formal. El proceso de cambio es comparable al ascenso de una escalera cuyo final no se ve claramente: no sabes exactamente cuado acaba, pero cada escaln subido significa mejora, progreso. Ante todo, no hay que preocuparse demasiado de cual ser el resultado final. No es realista fijar como meta el matrimonio para cualquier persona con este complejo que acuda a la terapia. Tericamente, la meta ms perfecta es ser emocionalmente maduro para el matrimonio (incluyendo las emociones sexuales). Eso puede lograrse a menudo, pero quiz a veces no, al menos durante un perodo largo de tiempo. Debemos recordar que, normalmente, los que tienen tendencias homosexuales desean casarse debido a complejos infantiles (el ser diferente a los dems, por ejemplo); por tanto, el matrimonio es deseado no por s mismo, sino por ser una manera infantil de querer parecerse a los dems. La queja infantil de estar solo puede ser otro de los motivos para desear casarse. Primero debe ser superado el apego neurtico a la queja del no estoy casado. La persona debe aceptar completamente su situacin, tanto interior como social. El primer paso en el camino del cambio consiste en salir de la inclinacin homosexual. Esto normalmente lleva unos cuantos aos. De lo ya dicho sobre la homosexualidad habr quedado claro que el impulso del comportamiento homosexual es slo parte de una estructura compleja de tendencias infantiles de conducta. De aqu que la supresin paulatina de los intereses homosexuales proceda paralelamente al decrecimiento gradual de sentimientos de inferioridad y de autocompasin egocntrica. Un psicoterapeuta que trate una neurosis homosexual debera comenzar por explorar el pasado del paciente, el modo de verse a s mismo, sus padres, sus hermanos y compaeros de juego, en la infancia y en la adolescencia, as como su historia homosexual. Estas entrevistas proporcionarn al psicoterapeuta una idea global de la neurosis del paciente y, casi siempre, le dan una buena cantidad de pistas sobre sus sentimientos infantiles de dolor e inferioridad. Despus, el psicoterapeuta debera explicar la teora del nio autocompasivo, en una o dos lecciones. Naturalmente, debe ajustar su lenguaje y sus ejemplos al nivel cultural del paciente. Esto es siempre posible porque las ideas bsicas se prestan excelentemente a ser comunicadas en un lenguaje sencillo, directo y comprensible. El psicoterapeuta debe aclarar que el proceso es de profundizacin y lucha por parte del paciente; que l tiene que hacer el trabajo duro por s mismo, y que el papel del psicoterapeuta es proveerle de una gua, como el entrenador en una actividad deportiva o como un profesor. El psicoterapeuta aconseja al paciente que suprima sus contactos homosexuales, o que rompa su relacin con su compaero homosexual. Algunos buscan una componenda; quieren cambiar pero, al mismo tiempo, continuar con las compensaciones emocionales que les proporcionan sus contactos. Tenemos que hacerles ver que con esta postura estn satisfaciendo los deseos de su nio interior, alimentando su neurosis, y obstaculizando la posibilidad de cambio. A veces, un consejo tan duro puede posponerse por razones tcticas, pero normalmente es preferible mostrar que ser radical es la forma ms rpida de cambiar. Por otra parte, el psicoterapeuta debe esmerarse en desdramatizar muchas de las lamentaciones del paciente: Soy un homosexual, un inadaptado. Tengo que cambiar! No puedo vivir ms tiempo de esta manera: tengo que casarme como los dems, etc. Podemos explicar que el nio interior toma posesin de la conciencia de ser diferente en lo que respecta a los sexual, haciendo un gran drama de ello para proporcionarse a s mismo una gran cantidad de autocompasin. AUTOPROFUNDIZACION Y LUCHA Me parece muy difcil superar un complejo homosexual sin adquirir una profundizacin adecuada de las propias motivaciones y una opinin ms objetiva sobre la propia conducta. Es ms, la persona debe profundizar en su ego infantil, en su autocompasin y en las tendencias interiores de queja, en sus bsquedas de simpata y apreciacin. Incrementar el autoconocimiento en estos campos genera una mayor libertad interior especto de la obsesin, de ese complejo que vive una vida propia, aunque esto no es suficiente en s mismo para superarlo por completo. La observacin y el anlisis de uno mismo en busca de la deteccin de quejas infantiles es progresiva. Cada paciente descubre sus propias claves que le dicen: en este momento, o con este sentimiento, la tendencia a las quejas est funcionando. Se reconoce la actividad de ese ego autocompasivo por los sentimientos de inquietud, irritacin, inferioridad, apata, emociones y pensamientos negativos, depresiones en general. Estos impulsos se experimentan como ms o menos compulsivos, como procedentes del exterior del propio ego (Se adue de m..., Me vi asaltado por..., etc). Cada cliente aprende a reconocer su nio autocompasivo por sus peculiaridades individuales. El asunto principal de la queja es especfico en cada caso, y son siempre variantes individuales del tema principal. Estas quejas se repiten en la mente del adulto. Mucha gente tragada por una neurosis homosexual tendr que constatar que un impulso de queja crnico est influyendo en sus emociones. Esto no es difcil, pueden verlo como un acompaamiento emocional negativo que, a menudo, deteriora sentimientos y experiencias positivas. Estos individuos poco a poco llegan a ser conscientes de que sus sentimientos de infelicidad no vienen causados por problemas de su vida, por situaciones externas, o por otras personas, sino por la fuerza negativa que llevan dentro de s mismos. El paciente debe ser honrado consigo mismo si quiere beneficiarse de nuestro mtodo de autoobservacin y autoanlisis. No es agradable para el ego infantil tener que admitir una y otra vez que uno estuvo sintiendo, pensando o actuando como un nio, e incluso ms: que busc una satisfaccin en la autocompasin. Admitir esto totalmente significa que no hay que ampararse en las excusas, las explicaciones, ningn s, pero..., y que tampoco se puede culpar a las dems personas o a las circunstancias. Para superar este paso de reconocimiento pleno de los sentimientos de vctima, el paciente debe dar una sacudida oportuna a su autoimportancia infantil. De esta forma, paso a paso, la actitud infantil y egocntrica de queja llega a ser ms evidente y menos una construccin terica. Cuando la persona ha ganado en conocimiento propio, comienza un perodo de esfuerzo y trabajo. La parte adulta de la persona, su voluntad, intenta frenar las tendencias infantiles reconocidas con los mtodos que parezcan apropiados. La fuerza del complejo disminuye porque los hbitos egocntricos de pensamiento ya actuacin no se fomentan ms, y, en particular, porque se combate la autocompasin infantil. Inevitablemente, la persona bien intencionada con tendencias homfilas, encontrar el obstculo de la dependencia del placer en su camino. La inclinacin homosexual ha sido fuertemente reforzada en muchos de ellos por buscar su satisfaccin, ya sea con otras personas o en su imaginacin (masturbacin). Romper con el hbito de ceder requiere no slo conocimiento de su carcter pueril aunque es necesario- sino tambin fuerza de voluntad y paciencia. Ceder a este hbito infantil de autoconsuelo puede ser especialmente tentador en ocasiones o momentos de estrs, humillacin, sentimientos de inferioridad o de soledad. Como hemos visto, la fantasa homosexual fue creada como una solucin ilusoria a un drama interno, y el placer de satisfacerlo a menudo implica ms que una simple gratificacin sexual. De forma bastante comprensible, la resistencia a abandonar estas gratificaciones pueriles sexuales (en la fantasa o en la prctica homosexual) es considerable. Si uno quiere cambiar en profundidad, salir del infantilismo, se requiere un esfuerzo continuo de la voluntad. En ciertas ocasiones, esto significa simplemente decir no a tendencias que se han reconocido como pueriles. Otras veces, significa que deben hacerse cosas aunque cuesten mucho esfuerzo y exijan mucho coraje. Como psicoterapeuta que intenta especialmente detectar expresiones de autocompasin infantil, a menudo enseo a mis clientes a aplicar mtodos y tcnicas de humor dirigidas a neutralizar las mltiples manifestaciones de esta emocin neurtica bsica. Sonrer y rerse del victimismo infantil propio, y de sus quejas pueriles, puede ser muy efectivo. La efectividad de estas tcnicas, sin embargo, depende de la voluntad del paciente de usarlas en su vida cotidiana. La lucha interior debe emprenderse en la parte neurtica de la mente e implica varias cosas al mismo tiempo. Por ejemplo: hay que intentar no buscar llamar la atencin; atajar el hbito temeroso de huir de situaciones desconocidas: evitar una actitud de excesiva auto-indulgencia y mimo; luchar contra opiniones distorsionadas sobre uno mismo o sobre los dems (desde las infantiles a las ms maduras); eliminar la dependencia de la autocompasin. Las lamentaciones de menor intensidad pueden ser controladas por las tcnicas que buscan frenarlas una vez que se han reconocido conscientemente como quejas infantiles. Estas tcnicas son adecuadas para gran cantidad de situaciones en las que la persona es consciente de una actitud interior negativa, sentimental o lastimera. Otras quejas requieren tcnicas ms complicadas. El inters por los dems debe ser aprendido o fortalecerse; la capacidad de amar y de dar deben desarrollarse. Rerse de uno mismo facilita todo esto. Quien aprenda a tratar su ego infantil con sana irona, disminuye sus sentimientos de autoimportancia. Cuanto menos importante se sienta el ego, tanto ms podr prevalecer la personalidad adulta, y el descontento infantil dar paso a sentimientos ms esperanzadores y felices. La persona crece menos dbil ante sus propios ojos, ms estable, ms optimista, ms tranquila. HIPERDRAMATIZACIN Hemos tenido xito al aplicar varias tcnicas de autohumorismo para superar tendencias infantiles, especialmente las manifestaciones de autocompasin infantil. La meta del autohumorismo es reemplazar una queja por su contrario, es decir, una sonrisa o una carcajada. En general, la meta es neutralizar la importancia del nio interior. El rerse de uno mismo tiene un gran poder curativo: ayuda a la persona a reconocer emocionalmente, y no slo de forma racional- ciertas distorsiones e inadecuaciones en su manera de pensar y de actuar. Es un antdoto excelente contra gran variedad de impulsos neurticos. El humor dirigido sobre uno mismo, como el humor en general, desarma a cualquiera. Una comprensin meramente racional e incluso una clara observacin de las luchas y las emociones infantiles meta de la autoobservacin y del autoanlisis- falla al privar al enfermo de modelos neurticos. Necesitamos el apoyo de fuerzas emotivas que puedan contrarrestar las fuertes emociones infantiles de queja: buscar llamar la atencin, deseo de ser importante, etc. La emocin que emiten una sonrisa y una carcajada tiene la capacidad de alcanzar el ego infantil. El cliente que es capaz de reconocer el funcionamiento de su nio en la vida cotidiana puede beneficiarse de las tcnicas de autohumorismo. Intentar aplicarlas en el punto exacto, despus de haber reconocido una expresin de queja infantil. Luego imagina a su pequeo nio en persona ante l, o se visualiza a s mismo en su imaginacin como el nio que fue en su pasado. Comienza a hablar con ese nio, como alguien que se queja exageradamente a otro. Le cuenta al nio lo apenado que est; acumulando una serie de razones imaginadas para sus quejas, pinta ante los ojos de este nio un drama magnificado (hiperdrama) alrededor de la queja. Con un ejemplo quedar mejor explicada esta tcnica. Un cliente homosexual se sinti menospreciado por su jefe, que haba preferido a otra persona para que le representara en una reunin de negocios. El sentimiento de autocompasin expresado fue: Mi jefe me encuentra carente de valor y no me considera nada. Esta queja tena otra parte: la envidia hacia su colega. Despus de darse cuenta de que tras esto era su nio pequeo en accin, el hombre hiperdramatiz as: Pobrecito, ests condenado a llorar a lgrima viva por esta injusticia. Era realmente un aso de violencia despiadada contra un nio inocente. T, que siempre trabajas tan duro sin que nadie te salve, fuiste requerido por tu jefe con un aullido, como si estuviera llamando a su perro. Temblando, permaneciste delante de l y de tus colegas, que estaban sentando en confortables sillones. Uno, el Colega Preferido, estaba sentado en una silla especialmente decorada, un gran y costoso cigarro (regalo del jefe) en su boca, sonriendo condescendientemente mientras te acercabas. Luego el jefe sac solemnemente un pergamino, rompi sus sellos y comenz a leer en voz alta: Por la presente, yo, Sr. X, declaro a este incapacitado miserable (t!) completamente incapaz de representarme. Manifiesto los sentimientos del ms profundo hasto en sus acciones. No obstante, por fortuna est aqu un Hombre de impresionante superioridad que compensar este montn de harapos: el colega Y!... Luego, todo el mundo felicita al Colega Y, le arrojan flores y abren botellas de cava en su honor, mientras se ren de ti y te tiran huevos podridos. T estabas ah, con la camisa empapada de lgrimas. Finalmente caste de rodillas y te arrastraste fuera de la habitacin, al fro exterior, donde tus gemidos y tus lgrimas se mezclaron con la lluvia torrencial... El hombre podra continuar, si era necesario, con la visin dramtica del triunfo de su colega. Por ejemplo: podra dibujarlo pasando junto a l en un Rolls Royce con chfer. La vctima, con su vestimenta andrajosa, tena que sufrir la humillacin de sentir la ceniza del cigarro sobre su cabeza, que el Colega dejaba caer por la ventanilla abierta del coche. El cliente podra darse cuenta que era comprensible que a su sentimiento de ser menospreciado segua un deseo homosexual como reaccin de autoconsuelo. Una posible hiperdramatizacin para este deseo secundario, motivado por la autocompasin, podra ser: S, realmente necesitas una cosa: que alguien te muestre con hechos un amor verdadero y clido. Un brazo apasionado sobre tus espaldas, dos ojos viriles animados por sentimientos profundos buscndote con honda conmiseracin; un amigo que te diga al odo que puedes sentarte en sus rodillas para siempre, tener tu delicado bracito alrededor de su cuello mientras su gran mano, peludo y musculosa, acaricia tu cara de chiquitn enfermito, etc.. El paciente aprende a construir su propio repertorio de historias y escenas hiperdramticas y a usarlas cuando nota una queja infantil. En la imaginacin, todo est permitido: puede inventar las situaciones ms absurdas segn su sentido humorstico, con tal de que sirvan para influir directamente sobre su sentimiento de queja. Tambin aprende a aplicar variante s y frmulas breves de esta tcnica. Trata a su nio interior, por ejemplo, como mi pobre muchachito!, diciendo: esta observacin crtica que te han hecho era horrible! Ahora el Presidente declarar un da de Duelo Nacional en tu nombre!. O, simplemente: Pobre muchacho! Esto ser tu muerte!. Cuanto ms vvida vea la escena imaginada ante sus ojos, cuanto ms caricaturescamente dolido vea a su nio en el momento de quejarse, mayor ser la huella que deje todo esto. Las hiperdramatizaciones con xito hacen que una queja se evapore rpida o gradualmente. Es aconsejable cualquier procedimiento que obtenga una sonrisa o una carcajada sobre una queja. El mtodo es aplicable tambin a manifestaciones de orgullo infantil sobre-remunerador. Por ejemplo: Eres maravilloso! Tu actuacin (observacin, presentacin, etc.) fue de quitar el hipo. Puedo ver ya la estatua que se levantar aqu en honor a tu intervencin; t, sobre un gran caballo, como Napolen, con la mano descansando, indiferente, tras tu chaleco.... Aunque puede parecer fcil, practicar el humor sobre uno mismo requiere una gran determinacin. Rerse del propio ego dolido es la ltima cosa que le gusta hacer a uno cuando est acosado por un quejido infantil. CURACIN La salida del complejo sigue una lnea. Al principio, disminuye el carcter obsesivo de las emociones y comportamiento infantiles. Depresiones, ansiedades, miedos, preocupaciones, sentimientos de inferioridad y deseos homosexuales llegan a ser ms controlables. La autoconfianza, incluida la confianza en su peculiar sexualidad, va despertando: lo que significa que el pobre de m! infantil llega a ser cada vez menos importante, que la persona ya no se toma en serio a su ego. Los intereses homosexuales fluctan durante largo tiempo, pero sentidos cada vez con menos intensidad hasta que son vencidos. Se desvanecen sin drama, en funcin del crecimiento de una emotividad ms positiva y madura. El cambio sexual debe ser considerado como parte de la reorientacin emocional total. Los homosexuales que quieren curarse, tienen a menudo una opinin estrecha de lo que supone el cambio y tienden a prestar atencin casi exclusiva a los cambios de sus sentimientos sexuales. Es cierto que un cambio sexual real y profundo refleja cambios en otras reas mentales, pero los efectos de una terapia o de una autoterapia (que es en gran parte nuestro procedimiento) no deberan ser medidos en trminos estrictamente erticos. Los cambios en sentimientos sexuales son ms o menos subproductos y aparecen seguramente cuando y a medida que- el nio quejoso del paciente vaya muriendo de hambre. Por tanto, no es aconsejable, para el psicoterapeuta y para el cliente, orientarse excesivamente hacia lo sexual ni en su atencin ni en sus conversaciones. Las medidas decisivas del cambio estn al nivel de la queja y del infantilismo emocional general del paciente. Naturalmente, cualquier cambio en estos factores ejerce una influencia en el campo ertico, pero la relacin es jerrquica: cuanto ms profundo sea el cambio en las dimensiones fundamentales de infantilismo y autocompasin, ms radical ser su reorientacin sexual. Se puede decir que, tal vez en la mayora de los casos, la persona pasa por una fase intermedia en la cual la inclinacin homosexual est casi extinguida, pero la heterosexualidad an no ha despertado. Esta etapa puede durar varios aos en algunos casos. La persona descubre el sexo opuesto gradual o repentinamente, despus del proceso de maduracin. Algunos se enamoran una o dos veces y acaban casndose; para otros, hace falta un largo perodo de tiempo antes de que sean capaces de mantener una relacin amorosa heterosexual duradera. El proceso en su totalidad es un tipo de autoreeducacin. Alzas y bajas, recadas ocasionales, son normales durante el proceso. Puede haber momentos incluso largos periodos- en los que se pierda la esperanza. El curso del proceso vara mucho en cada caso particular. Las personas con tendencia homosexual, an cuando estn dispuestas a cambiar, inicialmente tienen serias dudas sobres si hay oportunidades reales de una mejora profunda. Estas dudas vuelven una y otra vez, a pesar de que los progresos sean claramente perceptibles y slo desaparecen cuando el cambio en los sentimientos ha llegado a ser ms obvio. Las dudas afloran cada vez que esta gente oye o lee los tpicos sobre la homosexualidad: si lo has sido una vez, lo ser siempre. Mirndolo ms de cerca, veremos que estas dudas son slo otra variante de la queja neurtica: Nunca ser normal; es mi destino; pobre de m!. Por tanto, la esperanza y la fe son excelentes barreras para estos pensamientos dainos, que conllevan una prdida de entusiasmo y de energa. Una posicin realista es tambin un buen remedio para estas dudas paralizantes: En cualquier caso, veo que tengo que luchar contra lo que hoy he reconocido como infantil y errneo, y si persisto en hacerlo, estoy seguro de que progresar, incluso si lo que consigo no es ms que un cambio moderado. Podemos repetir una y otra vez que quien se esfuerza llega s ser ms feliz. NO se obsesione con la duda de si alcanzar o no un ciento por ciento de mejora, algrese con cada avance y disfrtelo. Esta es, despus de todo, la mentalidad que ms atrae al paciente hacia su meta. Superarse a s mismo, luchar contra lo indeseable, atacar hbitos egocntricos, no son puntos populares en una era permisiva e indulgente. Ciertamente, se ha escrito mucho sobre terapia psicolgica, y se han desarrollado una gran variedad de teoras y tcnicas teraputicas. Pero slo una pequea parte de todo esto anima a luchar contra los fallos y las flaquezas personales para superarlas. Raramente la psicoterapia es poco ms que una invitacin al paciente para que se abandone a su egosmo pueril e incluso a la inmoralidad. La exhortacin acptate a ti mismo ha llegado a ser una invitacin a rendirse a la inmadurez, por una parte, ya la represin de lo mejor de s mismo por otra. (Esta mejor parte de s mismo, o su yo adulto, puede ser un anhelo saludable para lograr una existencia ms madura, y puede ocasionar fastidio en el ego infantil, y hasta sentimientos de culpa). Guste o no, la realidad psicolgica humana es que debemos elegir entre tendencias opuestas. La defensa del acptate a ti mismo es, con frecuencia, un alegato del infantilismo. La alternativa, suprate a ti mismo es ms difcil, pero es la nica forma de lograr la felicidad interior y la paz del espritu. La poca gente que intenta salir de su tendencia homosexual no conoce mucha comprensin ni aprobacin del pblico en general. Al contrario, encuentran desaliento por todas partes. Espero que este pequeo trabajo les ayude a refutar el falso eslogan no puedes hacer nada. EL CAMBIO SIN PSICOTERAPIA  Antes de mostrar los resultados de la terapia antiqueja que hemos esquematizado, me gustara describir algunos casos de personas que se han curado con otros medios. En este captulo presentamos dos casos que han aparecido en informes cientficos publicados. Ambos sealan cmo las mismas dinmicas psicolgicas usadas en la terapia antiqueja funcionan en otras situaciones. El primer caso es el de una mujer ex-lesbiana que cont su historia a un psiquiatra holands homosexual partidario de la aceptacin como solucin, y que ha tratado de su caso en un artculo1. El psiquiatra public su conversacin con ella, resaltando que ella daba la impresin de estar completamente normal. Normal emocionalmente, una risa relajada y una seriedad adecuada. Era totalmente creble. El caso debe impresionar ms en la medida en que es una curacin real relatada por un hombre totalmente escptico acerca de la posibilidad de remediar la homosexualidad. La mujer dijo: Aunque su artculo no ofrece mucha esperanza, yo me he curado a los 37 aos. Puede Ud. imaginar mi felicidad? No es comparable a nada. 37 aos de dolor, miseria, bsqueda de ayuda, rezos, esperanzas, etc., sin ver nada ms en el mundo que mi propia miseria que me irritaba del modo ms profundo. Con la firme conviccin de que lo vas a arrastrar hasta la muerte. Junto a su llamada a la fe y a la esperanza, este fragmento contiene una frase muy instructiva que no debemos omitir: sin ver nada ms en el mundo que mi propia miseria que me irritaba de modo profundo. Es un epitafio muy bonito para su vida neurtica anterior, que resume sus elementos esenciales: el excesivo egocentrismo de los sentimientos de autocompasin. La mujer ve con irona su comportamiento anterior, sonriendo a los dramticos pobre de m! de su pasado. Cmo se desarroll todo? Ella era enfermera y se enamoraba frecuentemente de mujeres mayores que ella (me preocupaba por completo, era como una nube que me rodeaba) y una vez intent suicidarse despus de un fracaso amoroso (nunca practic contactos homosexuales). La mujer se senta completamente perdida y deseaba librarse por completo de sus obsesiones. Quiz esa depresin dolorosa le prepara a uno para el cambio, ya que no puede ir a peor. En este estado mental, ella encontr a un sacerdote comprensivo y realista, que escuchaba atentamente sus quejas, pero que tambin le haca observaciones punzantes. Despus de hablar con l, volva confundida, como si me hubiera lavado el cerebro. Pero una vez me dijo algo que jams olvidar: Nia, no ha madurado, es como si tuvieras diecisis aos. Esa mismo noche en mi habitacin, a las 21:30, de improviso lo entend todo. Ella identifica claramente el momento del cambio, las 21:30: se ve como una nia, y como tal ha sentido y se ha comportado. El sacerdote le abri los ojos hacindole ver su nia interior y as reconoci su inmadurez. En ese mismo instante empez su proceso de curacin. Habiendo observado su personalidad infantil, la mujer empez a superar, con vigor, sus antiguas facetas. Es lo que ella llam su adaptacin, el cambio hacia la sociedad tal como es, y no como yo la vea. Tuvo que descubrir la realidad, puesto que haba vivido en un mundo demasiado subjetivo y de carcter emocional. Antes, yo era vivida. Esto expresa claramente su obsesin neurtica dominada por una emotividad que confunda la realidad. El neurtico vive en una atmsfera de emociones que por regla general son quejas y, por tanto en una realidad distorsionada. La gente debe haber pensado de m: qu persona tan ingenua!. Era realmente una nia, juzgando su entorno desde el punto de vista y con los sentimientos de una nia. La adaptacin, que ha ocurrido despus del reconocimiento de ser una nia quiz durante al menos un ao, me parece muy rpida. Esta mujer no slo describe su cambio como un abandono de su infancia, sino tambin como la desaparicin de un complejo de inferioridad. Tena un gran complejo de inferioridad, dice. Antes, cualquier cosa o persona era siempre superior a m. Adems, relata el cambio en sus sentimientos de vergenza: se avergonzaba de cosas de las que no tena por qu hacerlo: eran sentimientos de inferioridad, que se manifestaban como una sumisin exagerada. Anteriormente haca de todo para todos. An hago cosas para la gente, pero hay siempre un pero. Tal vez es insensato que antes no pensara en m misma. Sus sentimientos de inferioridad haban tomado esta forma: No soy buena para nada. Debo servir a todo el mundo porque soy la ltima. Refirindose a su pasado, menciona sus celos, su falta de sentimientos reales de simpata hacia la gente que sufra, a pesar de su comportamiento servicial (egocentrismo), su cambio de actitud hacia Dios (antes, le inspiraba miedo, y que ahora le llenaba de gratitud y respeto); sus tics nerviosos en la boca, su caminar ansioso pegado a las paredes de las casas en vez de ir por el centro de la acera. Nada es igual. Aqu vemos la experiencia comn de que en un homosexual curado nace una nueva y flamante personalidad; la curacin de la homosexualidad es, en primer lugar, un cambio emocional y un cambio en la personalidad. Y acerca del cambio ertico en esta ex-lesbiana? Antes los hombres no me excitaban, no me decan nada. No pensaba en casarme. Cuando crec, las relaciones sexuales entre hombre y mujer me resultaban extraas; no poda entenderlo ni sentir nada. Un hombre me excitaba de la misma manera que lo hara un gato. De esta cita uno concluye que, en su desarrollo ertico, esta mujer permaneci como una nia, ni siquiera como una adolescente. El primer shock de reconocimiento de su fijacin en la infancia provoc en ella gran gozo y alivio. El mundo entero era mo, as que era muy feliz. NO tena deseos hacia mujeres ni hacia hombres. El curso de los acontecimientos es el tpico de muchos casos de curacin: el gozo borra los intereses homoerticos (mostrados en forma de queja, lo opuesto al gozo y a la felicidad). El paciente atraviesa una etapa en la que parece ausente cualquier componente ertico en las dos direcciones. Slo en los aos posteriores ha ido apareciendo gradualmente el inters por los hombres. Sin desaparecer la sexualidad neurtica basada en la queja, no pueden liberarse las emociones heterosexuales adultas; como dice esta mujer, puede ser un proceso largo: se parece a un proceso de crecimiento. Cuando despert en ella, la heterosexualidad tena las caractersticas propias de la de una adolescente, enamorada apasionadamente de varios hombres a la vez: quera casarme con todos al mismo tiempo. Al fin, abandon esta etapa, se calm y se cas con quien actualmente es su marido. Por lo que concierne a sus obsesivas preocupaciones sexuales del pasado, siente que las ha superado. Esto, teniendo en cuenta que la mujer tena 44 aos en el momento de la investigacin, se puede interpretar como un signo de madurez. Acerca de sus anteriores intereses lsbicos, dice: Es como una pierna que ha sido amputada y que no puede volver. Yo ahora no puedo entender cmo pude ser de aquella manera durante tantos aos; ni lo entender jams. Este cambio real sus antiguos sentimientos lsbicos son ahora difcilmente imaginables para ella- dura ya siete aos desde que hizo estas declaraciones, un perodo ms que aceptable para confirmar los resultados. Sumando los factores de curacin que pueden ser identificados en su historia, los terapeutas antiqueja reconocen un nmero de elementos que son familiares: el rechazo de todo corazn a identificarse irremediablemente a s misma como homosexual, lo que conduce a una apertura mental ptima hacia cualquier cosa que pudiera conllevar un cambio; el reconocimiento de su ego infantil o autoanlisis; la lucha por superar inclinaciones infantiles en el pensamiento y en los hbitos; la honradez consigo misma; y la confianza en su psicoterapeuta, que fue el hombre adecuado para ella, que observ su infantilismo y le dio el conocimiento y el apoyo correctos. LA CONVERSIN RELIGIOSA Algunas personas afirman haber sufrido un cambio profundo en su inclinacin homosexual a raz de una conversin religiosa. En general, es bueno ser escpticos ante estas historias, por la posibilidad de un autoengao en la personalidad neurtica que puede hacer creer a la persona en lo que ardientemente desea creer; hasta que, naturalmente, una investigacin crtica haya anulado nuestras dudas. He examinado a varias personas que afirmaban haber sido curadas por una conversin religiosa, pero en realidad no lo estaban. De hecho, rechazaban y desaprobaban vehementemente sus intereses homosexuales, o jugaban de forma inconsciente el papel de homosexual cambiado, aferrndose a su nuevo descubrimiento religioso, lo que hace parecer que sus neurosis simplemente se han trasladado de un tipo de obsesin a otro. Normalmente estas personas no respondern a cuestiones sobre su actual vida ertica o sobre la naturaleza exacta de sus sentimientos sexuales y en vez de eso comenzarn a incoar un sermn, como si intentaran persuadir a otros, -y a ellos mismos-, de que realmente han cambiado. Este tipo de autoengao, en realidad, no es dudoso privilegio de aquellos que intentan el camino religioso como meta del cambio. Uno debe tener en cuenta esta posibilidad en el curso de cada proceso psicoteraputico; la voluntad del paciente a veces, desea vehementemente ser normal y, por esto, intenta persuadirse a s mismo de que ya ha cambiado. El homosexual religioso puede, adems, disfrutar egostamente de pertenecer a un grupo religioso o incluso de ser un miembro destacado en ste (como el converso o el predicador). Sin embargo, conozco a varias personas que se curaron por una activa vida religiosa, y podra asegurarlo despus de repetidas conversaciones en las que he analizado cuidadosamente sus actitudes y sentimientos. Hablaron tranquilamente y sin inhibiciones sobre sus emociones y actitudes; no evitaban las preguntas directas y contestaban tambin directamente; no manifestaron ningn deseo exagerado de persuadirme de nada. Creo que estos casos son quiz ms numerosos de lo que podemos pensar, porque muchos de ellos prefieren permanecer en el anonimato y no ser ejemplos pblicos de homosexual converso y curado. En algunos de estos casos estaba bastante seguro de que cada impulso homosexual, aunque fuera pequeo, haba desaparecido muchos aos atrs y que sus sentimientos estaban heterosexualizados. Adems, haban sido liberados de un desorden emocional, muchas depresiones y preocupaciones, y haban llegado a ser considerablemente menos egocntricos en sus pensamientos y sentimientos. Curiosamente, podan hablar sobre su pasado con sentido del humor. Todos resaltaron la importancia de la voluntad: como homosexual, puedes quejarte, desear cambiar, etc., deca uno de ellos, pero en realidad es demasiado bonito para ti querer realmente deshacerte de ello. Tu voluntad est medio endurecida, lo que supone un gran problema. Al ser preguntados aos despus del cambio de su inclinacin sexual, todos dijeron que el cambio emocional general en ellos haba sido gradual y todava podan experimentar algunos sentimientos de inferioridad en algunas situaciones hoy en da, aunque sin verse seriamente afectados por ellas, tan slo experimentndolas como intromisiones menores en su estado normal de salud psquica. De mis conversaciones con homosexuales en cuyo cambio influyeron motivos religiosos puedo generalizar que ha sido muy importante para ellos encontrar la fe, la seguridad en la vida, un profundo sentido a su vida personal, y que tal descubrimiento les hizo sentirse felices, le proporcion un gran consuelo y una fuente de gozosas emociones. Les hizo ver su problema homosexual como algo secundario, despojndolo de la importancia capital que antiguamente tena en sus conciencias psquicas: dejaron de estar ansiosos y de quejarse por ello. Desde entonces, se dieron cuenta de que era importante buscar y cumplir la voluntad de Dios y no la suya propia: as empez el proceso de rescisin del egocentrismo. No serva a Dios con mis quejas, me cont una ex-lesbiana. Intent hacer lo que pensaba que l quera de m, y esto fue todo un programa. Ha sido esto lo que, poco a poco pero de modo radical, cambi mi vida. Podemos entender el efecto saludable de este cambio de actitud. El neurtico, persona egocntrica que piensa primero en s mismo, sometiendo su propia voluntad a la voluntad de Dios, esto es, a metas ms all de s, acaba liberado de s mismo. En el proceso, descubrir sin duda cmo su orientacin haba estado dirigida hacia s mismo (hacia su ego infantil). La reorientacin de este ego ser a menudo difcil y dolorosa, porque presupone el sacrificio de un nmero de cosas que eran muy queridas por su ego infantil. Adems, implica meditacin, oracin, estudio de la Biblia y doctrina para conocer la voluntad de Dios, que va a ser su nueva meta vital2. Las obsesiones o anhelos homosexuales desaparecen de la conciencia psquica de la persona, en el curso del proceso, y surgen los intereses heterosexuales, sin que la persona misma tenga que concentrarse mucho en este tema. El cambio real se siente como algo muy central en la personalidad y el nuevo rumbo de los intereses sexuales como la consecuencia ms o menos natural de esta mutacin bsica. En consecuencia, no se puede hablar en tales casos de sublimacin de la homosexualidad, la cual esencialmente no sera ms que una confusin de la atencin; explicacin que parece ms adecuada para los casos de neurosis con fondo religioso de la cual hemos hablado anteriormente. JOHN V. Como un ejemplo de la influencia curativa de la conversin religiosa en la homosexualidad, citar el folleto Ik ben niet meer zo (Ya no soy as), que se refiere a la historia del cambio de la homosexualidad a la heterosexualidad de un joven holands, John V.3 Ms de diez aos despus de que su cambio fundamental se hubiera consolidado razonablemente y tras varios aos de casado, pude convencerme de la autenticidad de su cambio por su sinceridad, ya que no quiso ocultarme que se haba visto alterado ocasionalmente por impulsos neurticos menores, durante un largo tiempo despus de su cambio principal. John V. es muy abierto y honrado sobre sus sentimientos. Admiti que poda, en principio, imaginarse la posibilidad de volver a tener un contacto homosexual, en circunstancias excepcionales, pero que piensa tambin que es muy improbable que esto suceda. Quiero decir, aclar, que a su pregunta no puedes imaginar la posibilidad de un nuevo sentimiento homosexual, ni siquiera en circunstancias extraordinarias? No puedo responder con un no firme, ni que la imaginacin de un contacto homosexual me produce una desazn fsica. As que, de acuerdo con los criterios ms exigentes, su cambio no puede ser reconocido como perfecto; pero en vista de la casi completa ausencia de cualquier impulso homosexual en su fantasa o en su consciencia durante muchos aos, as como la presencia de intereses heterosexuales normales, los resultados totales no pueda sino impresionar al estudioso de la homosexualidad que se halle libre de prejuicios. Citar las notas autobiogrficas de John V., no porque su cambio sea el ms radical que yo haya visto, sino porque su narracin contiene observaciones sobre algunos fenmenos que ocurren con frecuencia en el curso del cambio de un homosexual, como la rendicin salvaje, desesperada e infantil por lo que crey que era su salvacin en este caso, el movimiento pentecostal-4, sus perodos de desesperacin profunda como los de gran jbilo; y despus de todo, el hecho es que el cambio se produjo poco a poco y consisti en un crecimiento normal, u proceso de aprendizaje que fcilmente puede traducirse en trminos psicolgicos. Habiendo sido diagnosticado como homosexual primario o nuclear y como irremediablemente tal por un conocido sexlogo, y despus de haber vivido como un homosexual comprometido, este hombre de cerca de treinta aos no poda sentirse emocionalmente satisfecho con sus amistades homosexuales, experimentndolas interiormente como algo contrario a sus creencias religiosas. De cualquier modo, sentimientos religiosos aparte, descubri que su modo de vivir homosexual era incapaz de hacerle feliz. Lo aprend de forma tormentosa. Pero no me ha dado una profunda felicidad... el amor, sin embargo, no es pecado, afirmaba. Pero en mi interior llegu a sentirme vaco. No lea casi nunca la Biblia y estaba totalmente neurtico... Estaba muy cansado... y no me arriesgaba a tener compaa. Una conversacin con un cristiano que reconoca haber sido homosexual durante muchos aos, pero que se senta liberado de sus obsesiones, le hizo darse cuenta de que su estilo de vida, la relacin con su amigo, era un todo pecaminoso. Pareca como si en ese instante hubiera una gran luz en la habitacin, una luz capaz de hacer desaparecer la oscuridad de mi vida; pero esa misma noche se sinti incapacitado para cambiar y enamorarse de una chica; incluso le pareca una cosa desagradable slo pensarlo. S y no: la lucha interna de tantos homosexuales encadenados a impulsos que creen naturales. A pesar de eso, de algn modo saba que deba romper su relacin pecaminosa con el amigo. Muchos homosexuales se reconocen en lo que l recuerda: Las ltimas noches antes de abandonar definitivamente a mi amigo, las pas con l en Bergen Op Zoom (una ciudad holandesa) y fue horrible. Hasta el ltimo momento pens que sera incapaz de soportar la ruptura entre nosotros. Durante tres aos vivimos juntos y nos quisimos. Yo estaba muy nervioso y llor mucho. Pero fue como si un poder sobrehumano me capacitara para apartarme de l. Cuando llegu a Rtterdam, por primera vez en muchos aos, me senta relajado, como si me hubiera quitado de encima una carga pesadsima. Luego, pas por un perodo de alternancia entre esperanza y desesperacin, rezando a Dios cuando senta surgir las tendencias homosexuales que le hacan desear a su amigo, y buscando apoyo de predicadores del movimiento pentecostal. A pesar de cierto espritu crtico que tena hacia esa gente, acept la imposicin de las manos, creyendo que recibira al Espritu Santo. Al mismo tiempo, un matrimonio cristiano le apoy y anim, reforzando su fe en que, con la ayuda de Dios, podra superar su homosexualidad. Todo esto le dio la fuerza necesaria para destruir radicalmente cualquier recuerdo de su pasado homfilo (objetos, libros, fotografas, etc.) y persistir en su rechazo completo a cualquier pensamiento o impulso homosexual. Unos dos meses despus de liberarme, empec a mirar a las chicas con otros ojos. Descubr que en ningn modo son inferiores. Cada vez fui ms consciente de mi masculinidad. Dios me hizo descubrir la belleza de las mujeres. Empec a sentirme atrado por ellas. Pens: Estoy progresando poco a poco en la buena direccin. As empec a ver las relaciones normales entre hombre y mujer de la manera correcta. Aqu, John V. repite lo que puede observarse en muchos homosexuales en su camino hacia la normalidad: al principio, los intereses homosexuales disminuyen, acompaados por un cambio emocional general hacia emociones ms positivas. Luego, despus de un lapso de tiempo, surgen los primeros sentimientos heterosexuales. Hay que subrayar que el hombre dice esto en conexin con su sentimiento cada vez ms fuerte de ser un hombre, es decir, en correlacin con la atenuacin de su queja por sentirse inferior como hombre. Su opinin de las chicas se vuelve ms madura que cuando las vea a travs de los ojos de un nio pequeo: traviesas criaturas de un mundo diferente, no del mundo de los chicos que estn juntos John V. tuvo recadas peridicas, como la mayora de los neurticos en proceso de curacin, a veces muy vehementes. Pero persisti en su estrategia: intentar vivir segn pensaba que Dios le peda, rezando en los momentos de tentacin y usando la fuerza de su voluntad. Algunos aos despus, se cas con la chica de la que se enamor, y hoy es un hombre tranquilo, razonable y feliz. Las ltimas veces que reaparecieron sus impulsos homosexuales, me cont, fueron pequeas irrupciones en las que despertaba alguna frustracin infantil, como cuando su prometida era visitada por una amiga y l se senta privado de su atencin. Ahora l no se queja, ni est inclinado hacia sentimientos patticos, mientras que su autobiografa deja muy claro que una vez fue una persona altamente dramtica y propensa a la queja. Como seal antes, no quera explicar el proceso de desneurotizacin de John V. como algo sobrenatural. Las emociones religiosas, como todo psiclogo familiarizado con los trabajos de William James o Maslow sabe, pertenecen a las experiencias ms fuertes que pueden afectar la vida emocional de una persona. En le caso de John V., estas experiencias son descritas como momentos que abren paso a esperanza y alegra; por s mismas no neutralizaron la neurosis homosexual, pero le dieron una base emocional positiva sobre la que comenzar: el optimismo, un sentimiento de felicidad y una visin clara sobre el significado de su vida. Adems, crea por la fe que su homosexualidad era reversible, que no estaba de acuerdo con su naturaleza tal como hombre creado por Dios. Finalmente, su conviccin religiosa le ayud a rechazar todos los sentimientos homoflicos y todo lo relacionado con ellos, en cuanto sentidos como pecaminosos, negativos y miserables. No deberamos subestimar el ltimo factor, porque el neurtico homosexual est muy unido a sus anhelos como algo precioso, grande, maravilloso que le conduce a la felicidad. En consecuencia, debemos establecer que una conversin religiosa puede aportar a un homosexual la esperanza y la energa que requiere el esfuerzo del cambio. El homosexual que quiere curase tiene extrema necesidad de esos ingredientes, porque la desesperacin que vive es grande; la dependencia, muy fuerte; su voluntad de lucha es poca y est endurecida y minada por el negativismo inherente a su autocompasin. Las experiencias religiosas pueden temporalmente colocarle en un nuevo mundo interior; pero despus tendr que luchar de modo constante, porque ellas no arrastran de modo definitivo su neurosis. Sirven como fuentes de energa y motivacin, mientras que el proceso psicolgico del mismo cambio es una constante y radical inanicin de las emociones neurticas: un proceso de descongestin, podramos decir. Por tanto, no es sorprendente que todo esto se prolongue durante un tiempo, y que las recadas (grandes o pequeas) formen parte del mismo proceso. Como el mismo John V. observa respecto a su despertar a la heterosexualidad: Se crece lentamente. La experiencia religiosa parece desencadenar los recursos interiores: fuerza de voluntad, introspeccin y emociones positivas; hacen que la persona realmente luche y permite fortalecer los motivos necesarios para continuar. Sera poco cientfico negar estos hechos empricos, aunque puedo imaginar que algunos psiclogos pueden resistirse a tomarlos con seriedad. Una curacin como la de John V. no es un milagro religioso, que tiene lugar en un santiamn. Hay homosexuales que confunden sus experiencias religiosas con una curacin psicolgica o que predican curaciones repentinas por conversiones religiosas (fe teraputica). En mi opinin, se desilusionarn. Rezan, rezan y rezan, pero nada les sucede como ellos esperaban de modo equivocado. O en otros casos, se hacen creer a s mismos que han ahuyentado su demonio. La prueba ms simple de curacin es un anlisis profundo d toda la vida emocional de una persona, incluida su parte sexual. Un homosexual realmente curado es cualquier cosa menos una persona histrica, fantica o limitada: se siente relajado, es realista en las introspecciones y no tiene nada que esconder a s mismo. Los casos de homosexuales curados sin psicoterapia nos recuerdan que todos los caminos conducen a Roma. Es ms, estos homosexuales parecen haber seguido a grandes rasgos el mismo recorrido psicolgico; de algn modo aniquilan su tendencia infantil de autocompasin y todo lo que le rodea, como el egocentrismo infantil, los sentimientos de inferioridad y la ansiedad. Todas estas historias confirman, adems, la afirmacin de Hatterer segn la cual la voluntad de cambio es una condicin indispensable para mejorar y el mismo proceso de cambio implica una lucha, que es un proceso de crecimiento guiado por la voluntad5. Los fenmenos encontrados en el curso de este proceso son: recadas casi generales; perodos de desesperacin, aumento de la introspeccin; aparicin de intereses heterosexuales slo despus de que haya sido superada la tendencia homosexual, al menos en su mayor parte; un perodo de consolacin, que puede durar varios aos despus del cambio bsico. Sin embargo, animaramos a un enfoque de tratamiento ms sistemtico, que unifique los elementos saludables citados arriba y que haga uso de nuestro conocimiento terico sobre la homosexualidad como una patologa de autocompasin infantil. Incluso el homosexual con motivaciones religiosas puede beneficiarse de estas introspecciones, ya que le proporcionan una estructura intelectual clara para reconocer su neurosis y, tras esto, le dota de armas concretas con las que luchar, para que pueda recorrer con ms eficacia el camino que se ha marcado que si lo hiciera sin un mapa y una brjula psicolgicos. La terapia antiqueja es un tratamiento sistemtico y ahora es el momento de ver cmo deberamos leer el mapa que ofrece y cmo funciona su brjula. SENGERS, W.J., Homoseksualiteit als klacht: Een psychiatrische studie. Paul Brand, Bussum 1969. La reorientacin religiosa de la vida se usa, a veces, como mtodo, por ejemplo, por el mtodo jesuita de discernimiento de espritus (qu espritu o actitud mental es la correcta, la deseada por Dios, y cul es la equivocada, la que debemos evitar). La aplicacin de este mtodo puede llegar a curar a un homosexual como efecto lateral, segn me ha comunicado el sacerdote catlico y publicista holands Dr. Penning de Vries. Sin embargo, la meta primaria de este mtodo no es curar una neurosis, sino reorientar la vida de una persona de acuerdo con los principios cristianos. BOS, J.T., Ik ben niet meer zo. Gideon, Hoornaar 1969. Aun permaneciendo profundamente religioso, la exaltacin de este hombre se ha calmado mucho desde entonces. l mismo se inclina ahora a ver su cambio como un esfuerzo psquico, motivado yen gran parte animado por su conversin religiosa, la oracin y, sobre todo, por un cambio total en la forma de vida. HATTERER, L.J., Changing Homosexuality in the Male. McGraw-Hill, Nueva York 1970 EFECTOS DE LA TERAPIA ANTIQUEJA  La neurosis homosexual puede superarse como otras neurosis. La idea fatalista de que esta neurosis no puede cambiarse es alentada por los portavoces del movimiento homosexual militante y por otros defensores de la moralidad relativista. No digo que sea fcil conseguir un cambio radical en las tendencias homosexuales: ningn cambio en un neurtico fbico u obsesivo-compulsivo es sencillo. Pero la posibilidad de un cambio fundamental a mejor es posible. Depende en gran medida de la sinceridad de la persona en su lucha por obtener conocimiento de s misma y de su voluntad, esta infravalorada y esplndida facultad de la mente. A raz de un anlisis extenso sobre 101 personas a las que he tratado1, se derivan las siguientes conclusiones, resumidas sobre la efectividad de nuestra terapia. De aquellas que continuaron el tratamiento el 60% del total del grupo- casi dos tercios al menos alcanzaron un perodo satisfactorio por largo tiempo. Esto significa que los sentimientos homosexuales han sido reducidos a impulsos ocasionales, mientras que la tendencia sexual se ha vuelto predominantemente heterosexual, o que las tendencias homosexuales fueron completamente abandonadas, con o sin predominio de intereses heterosexuales. De este grupo, sin embargo, cerca de un tercio cambi radicalmente, lo que quiere decir que no tienen ningn inters homosexual ms, sino que tienen sentimientos heterosexuales normales, y adems que muestran un cambio fundamental en la totalidad emocional de lo negativo a lo positivo de la inestabilidad a la estabilidad- con un perodo de seguimiento de al menos dos aos. De cualquier modo, el cambio satisfactorio no supone un estado mental definitivo. La persona puede continuar creciendo lenta e ininterrumpidamente. De hecho, puede pasar por nuevas crisis emocionales, de ms o menos severidad, y puede beneficiarse de sus experiencias vitales para integrarse en un nivel emocional superior. No es raro que progresen tranquilamente, a pesar de los altibajos, a lo largo de los aos. Por ejemplo: un hombre que interrumpi sus contactos regulares con el psicoterapeuta en el estadio de cambio satisfactorio, porque se enamor de una chica con la que est actualmente casado. Unos doce aos despus, reanud el contacto con l. Revisando su vida emocional del ltimo perodo, me cont que haba tenido algn estmulo homosexual ocasional durante el primer ao de su matrimonio, pero que esos estmulos le afectaban emocionalmente mucho menos que en los aos anteriores. Los haba percibido como algo que ocurra fuera de l mismo. Estos fugaces fuegos se han desvanecido, y aadi No puedo recordar haber tenido ningn inters en esa direccin durante aos. Cuando miro con algn inters ertico a otra persona que no sea mi esposa, es siempre otra mujer. Si mi matrimonio se viene abajo, no buscar contactos ntimos con hombres, sino con mujeres. Adems haba pasado algunas veces por perodos de retraimiento, mostrndose taciturno y melanclico, sobre todo despus de pequeas disputas matrimoniales. (Tampoco la esposa careca de mecanismos infantiles). De todos modos l logr aceptar estos hbitos suyos reactivos como repeticin de reacciones de su infancia, cuando se senta rechazado, y los identificaba como procedentes de residuos de su pequeo nio digno de compasin. Esto le llev a dominar su gimoteo infantil. Cuando juzg objetivamente que la conducta de su mujer no haba sido razonable, lleg a una conclusin: esto no te da derecho para sentirte mal contigo mismo. En conclusin, l haba llegado a ser mucho ms maduro a lo largo de los aos. Llegados a este punto, el escptico notar posiblemente que slo un tercio de los que siguieron el tratamiento cambiaron radicalmente. Estoy de acuerdo en que estos resultados todava estn lejos de ser perfectos, pero esto no conduce a una interpretacin fatalista de los hallazgos. Pienso que hay ms razones para considerar el vaso medio lleno antes que medio vaco. Los casos de cambio radical de una homosexualidad completa a la heterosexualidad normal- bastan para rechazar la teora de que la terapia de la homosexualidad no tenga sentido. Por el hecho de que pocos homosexuales intentan cambiar seriamente y de que pocos psicoterapeutas les animan a ello, la nocin de que la homosexualidad es irreversible tiene el carcter tautolgico de una profeca que se hace cumplir a s misma. Si nadie lo intenta, nadie tendr xito. Finalmente, por qu deberamos adoptar una actitud fatalista hacia las posibilidades de mejora de la homosexualidad cuando hay un porcentaje razonable de mejora sustancial? Los resultados de curaciones de otras neurosis son similares a los de curaciones de enfermedades fsicas que todava no son curables en todos los casos. Renunciaramos si slo tuviramos xito en una parte de los casos? A la vista de todo esto, pienso que podemos ser optimistas sobre la curacin de la homosexualidad. Cerca del 20% de los homosexuales sometidos a tratamiento no parecen cambiar de forma perceptible. No obstante, algunas mejoras pueden conseguirse, incluso si se trata de neurticos graves habituados a mantener multitud de contactos sexuales, a sufrir depresiones profundas y sentimientos de que sus vidas carecen de sentido. Por ejemplo: pienso en un hombre al que he tratado durante ms de quince aos. Soy, probablemente, la nica persona con la que l puede hablar con libertad. Era neurtico profundo, obsesionado por numerosas dolencias y por impulsos homosexuales que l siempre odi. A pesar de mi escepticismo acerca de algn logro, despus de mucho tiempo, comenz a notar que haba superado sus depresiones profundas con sus tendencias suicidas, y que deba admitir que en general estaba ms sereno y optimista, lo que se plasmaba tambin en su conducta. Podemos aprender de tales casos que nunca debemos perder la esperanza. No creo que slo la terapia basada en la autocompasin pueda cambiar las neurosis homosexuales. Estoy seguro, sin embargo, de que la profundizacin en el nio quejoso y el uso de las tcnicas de autoirona pueden ser de mucha ayuda para quienes estn determinados a luchar contra su neurosis. Estas tcnicas estimulan los poderes salutferos de la mente: la sana introspeccin, el inters por el autoconocimiento y, sobre todo, la fuerza de voluntad. Tales poderes probablemente operan tambin en homosexuales que cambian sin ayuda de terapias. La mayora de las personas con tendencias homosexuales poseen el complejo homosexual en lo que yo denominara una forma suave. Tambin en ellos la emotividad infantil puede haber echado races profundas y creado fuertes hbitos neurticos, pero si se tuviera la voluntad de combatirlos de modo perseverante, habra unas perspectivas favorables hacia la curacin radical. Para demostrar qu puede hacer la terapia antiqueja, me gustara presentar algunos pocos ejemplos sacados de mi propia experiencia. El primer caso contempla un desarrollo moderadamente positivo. Se refiere a un joven cuyo progreso fue fatigoso; me parece que representa toda una categora de casos similares. BEN Ben no tena an veinte aos cuando acudi a mi consulta. Desde la adolescencia haba tenido fantasas erticas con hombres de 30 a 35 aos, particularmente durante la masturbacin. No se senta atrado del todo hacia las chicas, no tena amigos (tampoco contactos sexuales) y la mayora del tiempo permaneca en su casa. Su emotividad neurtica era visible en su rostro: pareca enfadado y malhumorado; su actitud y maneras eran blandas y perezosas. Haba estado mimado y sobreprotegido por su madre a la que continuaba apegado. Ella estaba excesivamente preocupada por l; cuando la conoc, se refera a l de modo constante y en un tono sentimental como este nio. Su padre no se haba ocupado de su educacin; era un hombre algo inseguro que dej a su hijo en manos de su esposa (la cual daba la impresin de haber querido tratar de dominarlo a cualquier precio). La madre pareca adorar a su hijo, pero quera que fuera como ella lo imaginaba. Ben no se atreva a hablarle con libertad; era un marginado en el colegio y por la educacin recibida, no poda competir con los otros muchachos. Se haba recluido en una postura silenciosa y ligeramente arrogante, que, sin embargo, era incapaz de disimular sus profundos sentimientos de inferioridad. En este triste perodo, haba conocido a un amigo de sus padres, un joven casado con modales simpticos y amables. Este hombre prest una atencin especial a Ben, y a veces le invitaba a acompaarle en las salidas con su joven familia. En su imaginacin infantil, Ben comenz a idealizar a este amigo, ponindole a s mismo en el papel del nio desvalido que estaba en el centro de su atencin. Empez a imaginar que no existan la esposa y el hijo pequeo de ese hombre; lleg a ser, en su mente, el objeto de amor favorito del amigo admirado, que posea todo aquello en lo que Ben se sent inferior. Poco a poco, estas fantasas acudan a su mente cuando se masturbaba. Ben quera hacer algo con su tendencia homosexual que por aquel tiempo se haba convertido en una obsesin. No quera ceder a ella; estaba profundamente avergonzado por ella, mxime porque la vea como otra prueba de su inferioridad respecto a los otros hombres; y tena crisis regulares de llanto que rozaban con la histeria. Era un joven blando, que sola concederse todos sus deseos y evitaba cualquier cosa que pudiera causarle problemas o esfuerzo. Sus intentos de enfrentamiento con su nio interior no eran muy firmes. Las privaciones y los reveses normales, siempre haban sido causa de autocompasin. Y cuando entendi que tendra que pasar por un perodo prolongado de esfuerzos, reaccion como sola hacerlo. A pesar de la lentitud de los cambios, s que tuvieron lugar pequeas mejoras. Por ejemplo: lleg a ser menos envidioso respecto a sus colegas, luchando contra sus sentimientos ms enraizados, es decir: Soy inferior a ellos; ellos tienen la atencin, la estima, y yo no: pobre de m!. Redujo la frecuencia de las masturbaciones, que, en su caso eran claramente una vlvula de escape infantil que, a pesar de su elemento de placer, fortaleca la autocompasin de la que brotaba. Intent enfrentarse a su complejo de inferioridad con los deportes, se asoci a un club deportivo y descubri que haba muchas situaciones que poda plantearse como reto. Lentamente, comenz a cambiar su viejo hbito de dejar que otros tomaran las decisiones (su madre en primer lugar). A pesar de ello, a menudo no desafiaba realmente a su madre porque ella se enfadaba, y terminaba en una nueva capitulacin ante su voluntad. Sus ataques depresivos desaparecieron completamente; no lo hizo, en cambio, la estructura subyacente y esencial de autocompasin crnica. Continu sintindose digno de compasin ante las frustraciones diarias, en especial ante las sensaciones de ser despreciado, de ser incapacitado, de no tener xito o de ser excluido. Cay en la cuenta de esa autocompasin subyacente de mltiples formas cuando llevaba ms de dos aos bajo tratamiento. Se hizo cargo de su sentimiento de inferioridad y culpabilidad en casi todas las compaas que frecuentaba, respecto a cualquier persona que conoca. Descubri que era l mismo quien adoptaba la actitud soy inferior y digo de compasin, y quien inmediatamente se colocaba a s mismo en el papel de vctima, mientras que antes estaba convencido de que eran el mundo, los otros, quienes le trataban como alguien inferior. Se podra decir mucho sobre una serie de pequeos descubrimientos interiores y de cambios menores. Dio un paso real hacia delante, por ejemplo, cuando decidi no vestir ms ciertas ropas que se haba comprado por impulsos de su vanidad infantil, para llamar la atencin y la admiracin de los otros. La lucha contra la autocompasin infantil y la tendencia a quejarse deba ser enfrentada en la vida cotidiana, con ocasin de pequeas frustraciones, disgustos, impulsos de apata, de irritaciones exageradas, de cansancio tras el trabajo, etc. El caso de Ben no era diferente. Se concentr en su hbito de huir de las responsabilidades y de quejarse de la incertidumbre de su mejora. Lleg a ser ms activo. Su fantasa homoflica, expresada en la bsqueda de cierto tipo de muchachos al menos en su imaginacin-, perdi gradualmente mucha parte de la fascinacin que le produca. Naturalmente, se present de nuevo en momentos en los que se senta desvalido y desesperanzado. A veces, emergieron sentimientos ocasionales de atraccin hacia chicas, especialmente en los perodos ms optimistas. Ha tenido ltimamente una novia, aunque la relacin pareca bastante inmadura (tambin es cierto que por ambas partes). Tengo la impresin de que Ben coloca a la chica demasiado en le papel de madre y no es realmente amor lo que siente por ella, a pesar de que s hay algn inters heterosexual en sus encuentros. Su progreso, en conjunto, es evidente para su psicoterapeuta y para la gente que le conoce bien. Despus de casi cinco aos, es ms independiente y varonil, y ms optimista. Los intereses homosexuales no se han extinguido, aunque han perdido intensidad e influencia sobre su imaginacin. Necesitar otro par de aos para cruzar suficientemente el umbral de su virilidad adulta. EL SEOR L. Est cerca de los cuarenta y tiene a sus espaldas una intensa vida homosexual. Duda si continuar o no con esta forma de vida porque ha perdido la fe en la viabilidad de una relacin definitiva. Es consciente de que, incluso cuando pensaba al principio que haba encontrado al amigo que deseaba, invariablemente volva a sentirse irritado con l despus de un tiempo y rompan la relacin. Por qu?, se preguntaba. Por otro lado, las mujeres no significan mucho para l, aunque se lleva bien con ellas en un nivel superficial. Sus modales son amistosos, obsequiosos; no se atreve a exponer su propia opinin, sobre todo si adivina un desacuerdo con sus ideas. Le impresionan en exceso los tipos de hombres agresivos y las figuras autoritarias en general. Su jefe en la oficina, por ejemplo, le hace sentirse muy tenso, y no puede encararse con l cuando est enfadado; por otro lado, siente una admiracin excesiva por l. El seor L. a veces tiene depresiones y pasa por perodos en los que no se siente con fuerzas para trabajar. Su madre era muy modesta y ocupaba una posicin de segundo plano en su vida emocional, aunque tena la impresin de que su forma de criarle haba sido demasiado blanda. El padre era la figura central en el hogar, quien decida todas las cosas, incluso sobre cualquier suceso menor de la casa. Su `padre haba sido la persona crucial en la juventud del seor L. Era, en general, agresivo y muy exigente y rgido con sus hijos. Haba bloqueado el desarrollo emocional de su hijo. El seor L. siempre haba lamentado no gozar de los favores de su padre. Nunca se mostr alentador con l; tena la idea de que su padre le consideraba el menos interesante de sus hermanos, un blandengue. Sus hermanos triunfaron en varios deportes, mientras que l se vea decididamente inferior en ese campo. Ms tarde, intent compensar esto participando en carreras de coches, pero el complejo de inferioridad no disminuy. El seor L. podra recordar una gran cantidad de experiencias amargas de su adolescencia, que perfilaron su complejo de inferioridad: observaciones crticas e irnicas de su padre, a quien tema y admiraba al mismo tiempo, fracasos en los deportes, perodos de soledad en su habitacin, sentimiento de ser ofendido. Con ellos le haba surgido la necesidad de buscar un amigo paternal. En efecto, poco despus de cumplir los veinte aos haba tenido un buen amigo, con el que se comport ms o menos como un esclavo. El amigo se march a otra parte del pas y despus se cas. Los sueos homoerticos de consuelo del seor L. se intensificaron. El proceso de cambio hasta el momento que apunto aqu dur cerca de tres aos. Durante un tiempo, el seor L. vivi una divisin interior. Estaba convencido de la imposibilidad de renovar su vida sin hacer tabla rasa, sin ir ms all de intentar acallar las quejas que presentaba a primera vista: episodios depresivos y su incapacidad de tener relaciones homosexuales duraderas. Comenz a ver claro el comportamiento de su nio interior y a reavivar muchas conductas infantiles: en su caso, sentirse insultado y humillado, inferior, tanto por sus modales como por su actitud, entre otros hombres de su entorno; entregarse a la autocompasin cuando estaba solo en su habitacin, irritarse en exceso por pequeeces, y quejarse por su estado fsico cuando de hecho estaba sano y fuerte. Su sinceridad fue una gran ayuda. Al explicarle ciertas realidades de su vida y sus motivaciones, reaccion con prevencin, pero, a pesar de su resistencia, vio mucho de verdad en las observaciones que yo le haca. Aplic tambin las tcnicas de la autoirona y del humorismo en las manifestaciones de su pobrecito de m! infantil en muchas ocasiones de su vida diaria. Lleg a ser ms independiente respecto a los dems hombres. No perdimos mucho tiempo discutiendo sus sensaciones y sus manifestaciones homosexuales, slo hablbamos de su conducta no sexual con otros homosexuales con los que ocasionalmente segua contactando en la poca del tratamiento. Para l estaba claro que sus sentimientos homosexuales eran una mezcla de las ensoaciones del adolescente lastimero, en busca de calor para su yo interior desvalido y de admiracin hacia los otros, supuestamente viriles. Comprendi que buscaba contactos humanos ilusorios que no tenan nada que ver con amor hacia el amigo anhelado. Precisamente en la bsqueda de un amigo as, reforzaba su encarcelamiento en el egocentrismo y, por consiguiente, haca imposible establecer una unin duradera. La queja estoy solo se repeta una y otra vez. Se dejaba caer en el aislamiento porque no poda vivir sin la autocompasin inherente a su papel de vctima. De forma vacilante se despeda del mundo homosexual y de su mundo interior de fantasas homosexuales. Ocasionalmente, recaa y se enganchaba de nuevo con contactos homosexuales, aunque no con la excitacin anterior. Leg a ser ms consciente del hecho de que toda la actitud hacia su vida y hacia otras personas haba sido de reserva, o de no comprometerse en nada, jugando a ser un marginado ofendido. Por consiguiente, lleg a ser menos cnico y a poner a un lado su apariencia de superioridad que haba asumido como compensacin. Comprendi que deba dedicarse a encontrar el valor de las cosas, despus de convencerse de que no es verdad que todo es relativo, y haber aceptado la creencia de que su vida personal no careca de sentido, como pensaba antes. Reconoci, tambin, que su capacidad de darse a los dems, de amar, era muy pequea. He amado realmente alguna vez?, se pregunt. Su opinin acerca de las mujeres cambi; comenz a observarlas y a sentirse conmovido por la conducta femenina y las dotes fsicas de cierta mujer. Ahora tena la impresin de estar ms capacitado para tener una relacin estable con una mujer. EL SEOR V. Este joven de poco ms de veinte aos atraves un penoso proceso interior similar, incluyendo unos episodios de decaimiento pronunciado; se enamor de una chica despus de un par de aos de tratamiento. La relacin amorosa le procur nuevas dificultades. Tan pronto como comenz a desearla, se dio cuenta de su gran miedo y del complejo de inferioridad que siempre haba tenido hacia el sexo opuesto. Sus antiguos papeles de adaptacin, los del chico encantador y afable, se debilitaron en la confrontacin personal con una mujer, una relacin en la que l era el hombre. A veces se asustaba; tuvo que luchar durante algunos meses contra su complejo de inferioridad y su autocompasin. De todos modos, tambin hubo momentos en los que se senta relajado y poda identificarse con su ser un hombre. Entonces tambin despertaba su heterosexualidad, pero en los momentos de mal humor sta pareca adormecida. Los primeros aos de su matrimonio han sido buenos. Ha crecido continuamente abandonando los infantilismos, las ansiedades, cuando se enfrentaba a una situacin que requera independencia y algunas dosis de agresividad normal, y las concesiones fciles a la autocompasin cuando algo le disgustaba. Considera sus intereses homoflicos, que nunca practic excepto en su fantasa, como una tendencia infantil que perteneci a un pasado, cuando todava no haba encontrado la direccin correcta de su vida. LA SEORITA W. Esta mujer, que rondaba los treinta aos, me inform que se haba visto trastornada desde su adolescencia por al necesidad de mirar compulsivamente a las mujeres y a las chicas y que estaba atormentada por varias fantasas erticas referentes a su propio sexo. Todo esto iba contra su gusto, y nunca intent aceptarlo como algo normal. Este sntoma sexual pareca una expresin de un complejo de inferioridad que minaba toda su vida emocional. Estaba ansiosa cuando iba acompaada, pensaba que los dems le miraban con desprecio, y a menudo estaba deprimida; a veces, poda reaccionar furiosa y rebeldemente. En lo que se refiere a su infancia, marcada por problemas y preocupaciones familiares, slo quiero apuntar la influencia desfavorable de la falta de comprensin que haba notado por parte de su madre y las observaciones destructivas y recelosas que sola hacerle su padre. Ya desde la escuela elemental, se senta ridcula e inferior a las otras chicas en casi todos los aspectos: ropas, forma de hablar, apariencia fsica y situacin familiar. Durante aos carg con su problema no resuelto autocompasin- sobre su triste destino; a ello se aadi una actitud generalizada de protesta. En la adolescencia, esto haba sido un campo frtil para su admiracin hacia otras mujeres y el deseo de amistades ntimas. El tema central durante su proceso de mejora fue llegar a ser menos pesimista. Esto supona que deba estar menos influida por ideas autocrticas sobre su antipata, carencia de valor e incapacidad, del temor de llegar a ser la vctima de todo tipo de desgracias, y sobre todo de su actitud de queja total manifestada en la frase nacida para la miseria. Era el clsico ejemplo de queja y, aunque lo admita, se reconoca interiormente convencida de que tena derecho a quejarse. Con la ayuda de su buena voluntad, sali al paso de sus depresiones severas, combati su actitud de queja y de rebelin crnica y, como resultado, su estado de nimo general mejor. Las fantasas lsbicas la acompaaron durante varios aos, pero finalmente se desvanecieron. Intent aceptar su papel femenino y a veces se encontraba a gusto como mujer. Sus sentimientos hacia los hombres nunca haban estado totalmente ausentes, aunque no haban sido nunca centrales en su emotividad. Durante un corto tiempo mantuvo relaciones con un hombre de una edad similar a la suya, pero, a pesar de su afecto y de su inters ertico, hubo demasiados problemas entre ellos, y lo mejor fue poner fin a aquello. Pudo aceptar su situacin de soledad, despus de una corta crisis; actualmente, tiene un deseo normal de casarse y tener hijos. * * * Estas son algunas descripciones resumidas de unos pocos casos medios. Espero que el lector sabr deducir de ellos que pueden conseguirse muchas cosas positivas, siempre que tengamos buena voluntad, sinceridad y perseverancia. En ciertos casos, el proceso de cambio es ms veloz o con un resultado mejor que el de los casos examinados; otros, en cambio, son ms frustrantes y problemticos. Algunos factores sociales ventajosos, que no deberamos dejar de mencionar, son tener amigos alentadores y una situacin familiar favorable; adems, tener sanas convicciones morales y una vida religiosa personal y profunda es una ayuda inmensa. Desventajas son: un carcter dbil, ser un dudoso permanente o tener un bajo criterio moral y, naturalmente, haber sido esclavo de satisfacciones homosexuales durante un largo perodo de tiempo. A mi juicio, una cosa es obvia. Una actitud fatalista respecto a la mutabilidad de la inclinacin homosexual no est justificada. PREVENCIN  El eslogan de que la homosexualidad debe ser aceptada suena engaosamente humanitario para muchos odos; algunos han pasado por un lavado de cerebro tan radical como para tragarse la tontera de que las relaciones homosexuales deberan disfrutar de los mismos derechos del matrimonio. Sin embargo, los muy entusiastas respecto a la vida homosexual, no quieren reconocer el dolor que a menudo conlleva sta. Parecen indiferentes ante los apuros de los adolescentes y los adultos jvenes que corren el riesgo de errar en algo central de su vida, cuando el desarrollo homosexual les lleve a un punto muerto. Ni siquiera piensan en prevenir esto aunque, objetivamente, no hay razn para tomar a priori una posicin fatalista al respecto. Desde nuestra exposicin, se pueden deducir algunas ideas sobre la prevencin. Las primeras y principales personas que pueden prevenir esta anomala en el crecimiento de sus hijos son, naturalmente, los padres. Deben ofrecer el ejemplo de una relacin normal hombre-mujer. Si su matrimonio es bueno y tienen xito al crear una atmsfera razonable de unin y cario, reducirn considerablemente las ocasiones de caer en un complejo neurtico, incluido el homosexual. En la educacin, tanto el padre como la madre necesitan tener presente que deben tratar al nio como varn y a la nia como mujer. Esto no significa que les fuercen a entrar en roles preestablecidos, sino que cooperen con las propensiones naturales de los hijos y tengan en cuenta las diferencias innatas. El factor preventivo primordial es la consideracin del chico como chico y de la chica como chica. Los hijos deben percibir esta apreciacin. Como hemos indicado, deben evitarse las deficiencias en relacin a este aspecto. Los perodos crticos en el desarrollo de la autoconfianza masculina o femenina son la pubertad y la adolescencia. No slo los padres, sino tambin otras personas ajenas a la familia pueden ejercer una influencia beneficiosa en esa edad. A veces, por ejemplo, los profesores pueden contribuir positivamente al fortalecimiento de una sana confianza en la identidad sexual del alumno/a. Pueden animar y ayudar al chico a la chica a superar algunas limitaciones. Pienso, por ejemplo, en el chico que sistemticamente se queda atrs en los juegos y deportes, que est aislado en su grupo de edad; considero la importancia de la comprensin personal que un adulto, sea o no profesor puede expresar, en una conversacin o de cualquier otra manera para ayudar al adolescente a evitar el peligro de caer en la autodramatizacin. Hay tambin un efecto preventivo en una buena educacin sexual. Los adolescentes con ciertos tipos de complejos de inferioridad originarios pueden experimentar un shock depresivo cuando se les ensea, pro una autoridad ilustrada, como un profesor, que la homosexualidad es inherente en el cerebro. Tal absurdo fija al chico o a la chica en sus dudas sobre su identidad y puede conducir una mente indecisa e inmadura, hacia una direccin perniciosa. A los jvenes se les tiene que ensear, por el contrario, que los sentimientos homosexuales en la adolescencia son una cuestin referida a un problema de desarrollo emocional, y que la verdadera homosexualidad innata no existe; es ms, que esta tendencia surge de un complejo de inferioridad que se puede cambiar: As el educador inculca esperanza y seala un camino por el cual puede continuar el crecimiento interior. BIBLIOGRAFA  Adems de la bibliografa citada a pie de pgina, puede resultar interesante: BRAATEN, L.J.-DARLING, C.D., Overt and Covert Homosexual Problems among Male College Students, en Generic Psychology Monographs, 71 (1965), pp. 269-310 FREEDMAN, M., Homosexuality and Psychological Functioning, Brooks & Cole Publishing Company, Belmont 1971 HOPKINS, J.H., The Lesbian Personality, en British Journal of Psychiatry, 115 (1969), pp. 1433-36 SULLIVAN HARRY STACK, The Interpersonal Theory of Psychiatry, Norton, New York 1953 Queridos amigos y amigas: Transcribimos y colocamos este libro en la RED en la conviccin de que tanto al autor como a la editorial les va a suponer una gran alegra ver cmo este admirable texto llega a la mayor parte de las personas, en especial a tantas que no tienen la posibilidad de tener acceso a l por otras vas y que el poder tener acceso a l les abre horizontes de vida y esperanza. Es un texto que est haciendo muchsimo bien y por ello desde esta pgina hemos decidido difundirlo. Es urgente y necesario que lo difundamos lo ms posible, pues ser LUZ, ESPERANZA, NIMO y FUERZA para tantas personas que todava viven aplastados y encerrados en la MENTIRA de la propaganda gay, y en el sufrimiento de una forma de vida que no han elegido y de la que no saben cmo salir. Por eso os pedimos hagis el esfuerzo hacer llegar este libro a todas las personas y ambientes posibles: a todos vuestros amigos, a todas las paginas, a todos los chats, a todas las direcciones,. Hemos de desenmascarar TANTA MENTIRA Y MANIPULACION EN TORNO A ESTE TEMA y hemos de llevar este ES POSIBLE ! a tantos hermanos que sufren da a da en la impotencia, la desinformacin y la desesperanza. Amigos/as: SEAMOS MISIONEROS/AS DE LA ESPERANZA ! NO NOS QUEDEMOS CON LA LUZ QUE HEMOS TENIDO EL DON DE RECIBIR ESCONDIDA DEBAJO DE LA MESA ! LLEVEMOS ESTA LUZ AL MUNDO ENTERO, A ESTA NOCHE TAN TERRIBLE DE DOLOR, SUFRIMIENTO Y DESESPERANZA. ID AL MUNDO ENTERO! Amigos, NIMO !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Grupo Juan Pablo II. IMPORTANTE Si ya has terminado de leer este documento y has trabajado todas las FICHAS DE TRABAJO correspondientes a l y las has compartido en tu CUADERNO DE TRABAJO y tienes el VISTO BUENO del psiclogo/a que sigue tu Cuaderno, entonces puedes continuar leyendo el DOCUMENTO 2 y realizar las FICHAS DEL DOCUMENTO 2     PAGE  PAGE 61 4578nouϽqeYe@,e'hDh#w5CJ<OJQJaJ<mH sH 0hDh#w5B*CJ<OJQJaJ<mH phsH hDhQ5mH sH hDh#w5mH sH #hDh#w5B*CJx\aJxph#hDhFk5B*CJx\aJxphhDh*A5mH sH hWthH5B*\phhWth*A5B*\ph"hWth*A5>*B*\aJph/h/hFk5B* CJ0OJQJ\^JaJ0ph/hO\hw5B* CJ0OJQJ\^JaJ0ph(45678L_op$a$gd#w2$$d%d&d'd-DM NOPQa$gdWtgd#w$-DM a$gdWt$a$gd#wgd*A$a$gd*A$dd-D@&M [$\$a$gd/pqrstu  " # 0 1 e f ^gd#w -DM gdWtgd#w$a$gdgd/$-DM a$gdWt$a$gd#wu   ! 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